La lechuza y la tórtola

La lechuza y la tórtola se habían hecho amigas inseparables. Les gustaba mucho estar la una cerca de la otra y compartir sus opiniones. Habían llegado a unirlas lazos de la más profunda amistad.

Cierto día, la tórtola tuvo ocasión de ver cómo su compañera hacía preparativos para marcharse.

- Pero ¿es qué te vas, mi buena amiga? -le preguntó.

- Sí, amiga tórtola –repuso la lechuza muy abatida-, y te aseguro que todo lo lejos que pueda de aquí.

- Pero, ¿por qué? -preguntó con extrañeza la tórtola.

Tras quedarse unos instantes tristemente pensativa, contestó la lechuza:

- Porque a la gente de este lugar no le gusta mi graznido; se ríen, se burlan de mí, me insultan y me humillan.

La tórtola la escuchó con mucha atención e hizo una pausa silenciosa antes de hablar.

- Mira, mi querida amiga, sería buena idea que te fueras si pudieras cambiar tu graznido, pero entonces ya no necesitarías alejarte de este lugar. Si, por el contrario, no te es posible cambiar el graznido, ¿qué objeto tiene que te mudes? Allí donde vayas también encontrarás gente que no guste de tu graznido y se meterán contigo y te ridiculizarán. ¿Qué harás entonces? ¿Volver a mudarte? Es mejor que permanezcas aquí y que no pierdas tu serenidad y equilibrio porque haya a quien no le guste tu graznido.

Ramiro A. Calle. El gato astuto.

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