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Dolor y Calmantes

por Dra. Pilar Martín

Del dolor podría decirse lo que decía San Agustín del tiempo: "Si no me lo hacen decir, sé lo que es, pero si me piden que lo diga, no puede hacerlo". El dolor es en si una percepción sensorial molesta, pero afecta a la persona en toda su dimensión y aunque no suponga un riesgo vital supone una merma en la calidad de vida.

El dolor se construye socialmente, culturalmente, ya que el valor que le damos es fruto de nuestras creencias y valores. No sufre igual el dolor un indio americano, que un nativo africano o un europeo. El dolor depende de nuestro entorno, de nuestro ámbito cultural y de nuestros hábitos familiares. Y deberíamos distinguir entre dos términos que no son iguales: dolor y sufrimiento. Dolor, doleo en latín, expresa dolor físico. Sufrir -sufferre- se refiere más a sentir, molestar, afligir. El sufrir necesita un sujeto activo, mientras que el dolor puede referirse a una parte del sujeto. La sensación dolorosa depende además del estado de conciencia y de factores circunstanciales: Montaigne decía: "Sentimos más un corte de navaja del cirujano que diez sablazos en el ardor de la batalla"; recordemos que personas con gran experiencia en técnicas de meditación pueden soportar el dolor sin sufrimiento.

Intentar calmar el dolor ha sido una de las búsquedas constantes del ser humano, el opio y la amapola se han empleado desde la prehistoria. Los incas usaban la hoja de coca para mitigar el hambre, el frío y el dolor. En el imperio Egipcio se usaban las hojas de sauce y la amapola. En el papiro de Ebers se establecen las recetas de numerosas sustancias analgésicas, pero fueron los griegos los que sistematizaron el conocimiento del dolor y sus remedios. Los médicos hipocráticos usaban la corteza de sauce (precursora del ácido salicílico) y la raíz de mandrágora o el jugo de adormidera.

En la Roma clásica la actividad de los médicos no gozaba de tal prestigio, era tachada de charlatanería y destinada a los rangos inferiores de la escala social, junto con los comerciantes de drogas y los ilusionistas. El dolor era asunto de los dioses a los que se invocaba y pedía ayuda, pero a partir del siglo III a. C. se empezó a acudir a los médicos griegos y el oficio de médico se valoraró. Por fin los hombres podían irrumpir en el terreno de los dioses. Pronto los médicos empezaron a recomendar sustancias contra el dolor de las que se hizo uso y abuso. El emperador Augusto utilizaba una formula magistral de opio al 20% con pimienta blanca y miel. De Nerón se decía que llego a consumir más de 75 g. de opio puro al día. En el siglo IV existían en Roma cerca de 800 lugares para adquirir opio y los impuestos sobre la venta del opio proporcionaban el 15% de la recaudación de contribuciones locales de Roma. wpeC.jpg (4654 bytes)

En la medicina árabe el dolor y el combate contra el dolor desempeñaron un importante papel. Abulcasim, médico del califa Abderraman, usaba aceite de manzanilla y eneldo para dolores suaves y cilantro y opio para dolores intensos. La edad media no aporta muchas más novedades en el tratamiento del dolor, aunque en la escuela de Salerno se uso la Spongia somnifera para aliviar el dolor en las intervenciones quirúrgicas. Se impregnaban pequeños fragmentos de esponja con jugo de mandrágora o amapola y se colocaban sobre la nariz y la boca del paciente.

Esta técnica, aunque muy efectiva, podía dar lugar a graves sobredosis. Arnau de Vilanova, medico catalán, recomendaba la preparación de la Spongia somnífera para anestesiar al paciente y luego otro procedimiento para despertarlo: "Se toma media onza de semilla de opio, ocho onzas de extracto de mandrágora y tres onzas de extracto de cicuta, que deberán disolverse en cantidad suficiente de agua (de ahí el termino c.s.p. que se usa en las formulas magistrales).Se desmenuzan estos ingredientes y se mezcla todo con agua"

wpeE.jpg (4659 bytes) En el siglo XVII destaca Thomas Sydehnham, denominado el Hipócrates inglés. Su importancia radica en la elaboración de láudano o tintura de opio, usado no solo para aliviar el dolor sino para tratar las disenterías. La receta era: "Vino de Jerez, una pinta; opio, dos onzas; azafrán, una onza y pulverizado, un bastoncillo de canela. Mezclar y cocer al vapor dos o tres días hasta que la tintura tenga una consistencia adecuada, colar y dejar reposar antes de usarse"

Tanto el chamán o el hechicero como el médico creen que una de sus misiones fundamentales es intentar paliar el dolor. Los tratados hipocráticos hablan de él como uno de los deberes fundamentales del médico. Por fortuna, asistimos a un cambio de actitud por parte de la clase médica respecto a ciertos analgésicos potentes, ya que el dolor todavía supone un reto para la medicina en el umbral del siglo XXI

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