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LA GRIPE DE CADA AÑO Las epidemias de gripe constituyen todavía una amenaza para la salud mundial. La gripe es una enfermedad producida por un virus de asombrosa capacidad de transformación, que se propaga con extraordinaria rapidez. |
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Los virus son los elementos biológicos nocivos más diminutos que conocemos. No poseen metabolismo propio, por lo que no pueden desarrollarse ni multiplicarse por sí mismos. Para ello deben invadir células y valerse, para crecer y reproducirse, de las reacciones enzimáticas, energéticas y materiales de las mismas. Ello hace que sea imposible cultivarlos in vitro (es decir, en laboratorio). Para reproducirse precisan necesariamente de la presencia de células vivas. La mayoría de los virus son muy sensibles a la elevación de la temperatura y soportan en cambio las temperaturas bajas, hasta el punto de que la congelación es uno de los mejores métodos para su conservación. La sabia naturaleza se defiende de ellos haciendo ascender la fiebre a fin de luchar contra la infección vírica. La luz ultravioleta los destruye en muy poco tiempo. La incubación dura de 18 horas a tres días. Sobreviene una subida rápida de temperatura con intenso dolor de cabeza y dolores en los miembros y región lumbar, gran laxitud y a veces escalofríos. El organismo, una vez contraída la enfermedad infecciosa, inicia la elaboración de defensas que en forma de anticuerpos, inmunizan a quien la sufre por un determinado período de tiempo. En determinadas infecciones, como el sarampión o la rubéola, la inmunidad es para toda la vida. Pero la inmunización del propio organismo contra la gripe es de brevísima duración. A ello se suma el hecho de que el virus gripal realiza una serie de mutaciones renovando sin cesar su capacidad de ataque, motivo por el cual, el organismo que todavía mantiene defensas, en forma de anticuerpos, contra el virus de la anterior afección, vuelve a caer desprevenido ante la nueva variante. Por todas estas razones, el virus gripal se convierte en el más activo y en el portador de la enfermedad que más veces afecta al ser humano en el curso de su existencia. A su vez, la gripe acostumbra a afectar a gran número de personas al mismo tiempo. Estas epidemias ocurren sobre todo en invierno en nuestras latitudes, en los meses de diciembre a febrero, provocando la pérdida de muchas horas de trabajo. Una gripe simple suele comportar 3-6 días de fiebre.
PREVENCIÓN DE LA GRIPE En los fríos meses invernales, cuando se presentan las afecciones gripales, entran en sazón los cítricos. Quizá en la propia Naturaleza podemos encontrar las soluciones que nos prevengan de las enfermedades infecciosas invernales. Efectivamente los cítricos y manzanas -sobre todo en la parte interna inmediata a la piel –se hallan contenidos en elevada proporción, unos singulares hidratos de carbono llamados pectinas, a los cuales, además de sus conocidas cualidades como absorbentes y antidiarreicos se le suma otra importante cualidad bioquímica como es el hecho de presentar un gran poder desinfectante frente a gérmenes patógenos causantes de resfriados y gripes. Es decir, que tenemos muy a mano, siendo España un gran productor de cítricos, unos recursos sencillos que además de alimentarnos nos proporcionan sustancias desinfectantes fácilmente asimilables sin necesidad de tener que recurrir a hincharnos de productos farmacológicos, que en el caso tan comúnmente usado de los antibióticos pueden resultar francamente perjudiciales al aplicarlos erróneamente en determinados estados gripales. Démonos cuenta con qué sutileza hacemos país, no pagando royalties a las multinacionales de la farmacia y consumiendo productos del país. Como hecho paradójico queremos comentar que hoy en día, con los métodos de que dispone la Medicina se puede atajar rápida y contundentemente una pulmonía, pero el médico a veces se encuentra desarmado con una simple, vulgar y sencilla gripe. Una vez más, tanto en pequeñas como en grandes enfermedades, vale más una onza de previsión que una tonelada de medicamentos, como dice la sabiduría popular. Naturalmente, otro hábito insano que hay que abandonar en lo referente a la gripe es esta esperanza en la botella de coñac, táctica equivocada, con base popular en la fuerte reacción calorífera que provoca en el cuerpo al intentar éste asimilar el alcohol. Además hay que tener presente que parte del alcohol ingerido se elimina por el aparato respiratorio, esta eliminación es la causa del aliento que delata a toda persona que ha ingerido alcohol, y la presencia de alcohol en la mucosa del aparato respiratorio hace que ésta se congestione, lo cual facilita la aparición del proceso gripal en su forma respiratoria. Resulta ser, pues, un erróneo proceder el ingerir coñac en el curso de una gripe, sin ninguna justificación científica, hábito que sólo podemos seguir manteniendo como disculpa para dar gusto a nuestro paladar, embotando los sentidos a base del remedio del avestruz. |