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YOGUR Y SALUD |
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| Según un estudio del Centro Superior de Investigaciones Científicas, el consumo diario de yogur retrasa la reaparición de ciertos tumores. También ayuda a retrasar la aparición de algunas enfermedades y a tratar la anorexia. | |||||
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Dos yogures al día para prevenir la reaparición de determinados cánceres después de una intervención quirúrgica. Ésa es una de las conclusiones de un estudio del Instituto de Nutrición del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que además afirma que este producto lácteo aumenta las defensas, disminuye los efectos de la gastroenteritis y ayuda a recuperar a enfermos de anorexia nerviosa. Las dos bacterias vivas que contiene el yogur -lactobacilo y estreptococo- actúan como reguladores de la flora intestinal ayudando a prevenir la reaparición del cáncer de colon y mama en pacientes que ya han sido intervenidos quirúrgicamente de tumores similares. Un equipo de investigadores de este centro han experimentado en animales y humanos para llegar a la conclusión de que es necesario consumir dos yogures diarios para notar esos efectos. Los efectos beneficiosos del consumo de este producto lácteo en enfermos de cáncer se explican, según ellos, porque ciertas cepas de esas bacterias presentes en los yogures son capaces de inhibir agentes químicos carcinogénicos (sustancias generadoras de tumores). Pero tienen además otros efectos benignos: activan la producción de anticuerpos y de macrófagos (una célula defensiva), por lo que ayuda a mejorar el sistema inmunológico, previene infecciones y, si éstas aparecen, lo hacen de una forma menos virulenta. Lo que no hace el yogur es curar el cáncer: "Sólo hemos hallado que su consumo mejora la digestibilidad de las grasas, proteínas e hidratos de carbono, lo cual retrasa o previene, según la predisposición, la aparición de ciertos tumores", concluye el estudio.
Estos alimentos deben conservarse a una temperatura entre los cero y los cuatro grados porque si se exponen a temperaturas superiores la colonia de bacterias desaparece. La fecha de caducidad que ofrece la tapa de un yogur es una prueba visible de cuándo acaba su vida útil, pero, desde luego, no es un indicador de la fecha de su nacimiento. Existen diversas teorías sobre la fuente originaria de los yogures, pero todo indica que gran parte de las leches fermentadas consumidas en la actualidad parecen tener su origen en los pueblos nómadas ganaderos de Asia, ya que constituía un alimento fundamental en sus dietas. Pero el interés por las propiedades terapéuticas de los microorganismos que inician el proceso de fermentación en el yogur tiene su origen en el biólogo ruso Ilya Metchinikoff. Sus investigaciones permitieron observar que los pueblos balcánicos, grandes consumidores de yogur, estaban libres de una serie de enfermedades muy comunes en otras poblaciones y además, en general, vivían más años. Estas observaciones le valieron el Premio Nobel de 1908, y a partir de éste momento el yogur ya no se desprendió nunca de la imagen de alimento beneficioso para la salud. En los últimos años se han realizado infinidad de estudios sobre las propiedades del yogur y sobre los microorganismos vivos que se añaden a los alimentos y que tienen efectos beneficiosos para las personas que los consumen. Son los conocidos como probióticos, que significa para la vida o por la vida, y que le dan al yogur una serie de características funcionales que van más allá de las puramente nutricionales. Los probióticos más utilizados son las preparaciones obtenidas a partir de Lactobacillus casei y Bifidobacterium bifidum.
También está probado que el yogur mejora el funcionamiento del aparato digestivo. Su ingesta más o menos habitual actúa como un protector intestinal frente a procesos diarreicos por virus u otros gérmenes. Y también actúa disminuyendo el nivel de ciertas sustancias en el colon que pudieran tener algún efecto cancerígeno. Por esta razón se atribuye al yogur cierto efecto protector o de prevención ante el riesgo de sufrir cáncer de colon, lo cual no significa que tomar yogures impida la aparición de la enfermedad. Existen también evidencias de efectos positivos que la comunidad científica todavía no considera probadas. Entre ellas se cita con frecuencia la contribución del yogur al alivio de los síntomas de la alergia, un cierto efecto preventivo frente al cáncer en general o la disminución de los niveles de colesterol y triglicéridos. También en el caso de la osteoporosis la mejor manera de disminuir el riesgo, que no de evitarla, es tomar mucho yogur, queso o derivados lácteos desde las primeras edades. Cuando la osteoporosis ya está instalada, la solución no es tomar mucho calcio. Es más, en algunos casos puede ser contraproducente para el riñón. Las mujeres no deberían abandonar nunca la leche y los derivados lácteos porque, en su caso, el riesgo de sufrir osteoporosis es mayor que en los hombres. |
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