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EL AJO: GUARDIÁN DE LA SALUD |
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El ajo (Allium sativum) es una planta herbácea de la familia de las liliáceas que se cultiva en zonas de clima templado y seco para obtener bulbos aromatizantes y medicinales. Esta es la definición básica que podemos encontrar en cualquier enciclopedia, pero el ajo es, cultural e históricamente, mucho más, ya sea en la gastronomía, en la medicina o incluso en las prácticas mágicas. Se ha situado el origen de esta planta en el Asia Central, en la desértica región siberiana de Kirgiz. En esa zona los veranos son secos y cálidos, con escasas precipitaciones, y la planta del ajo tuvo que adaptarse a ese áspero clima. El ajo tuvo que crecer cuando había humedad, en la primavera y el otoño, y también tuvo que poder sobrevivir sin el agua en los meses excepcionalmente secos del verano y el invierno. Así, la planta se adaptó a su ambiente de modo que el ciclo de su crecimiento comenzara en el otoño, para aprovechar las precipitaciones de esa época, y cuando llegaron los fríos inviernos o los veranos secos y calurosos se mantuvo inactivo. Los dientes del ajo almacenan grandes cantidades de alimento, que le permitían soportar largas etapas de inactividad y esperar a que llegaran las lluvias de la primavera para que la planta continuara su proceso de crecimiento. Su sistema de enraizamiento y sus hojas relativamente pequeñas fueron la clave de la supervivencia de esta planta. Estos rasgos hacen del ajo una planta resistente, capaz de crecer en suelo pobre en climas ásperos con poco o nada de cuidado. Una vez descubierto por los seres humanos, no es extraño que el ajo se convirtiera rápidamente en un cultivo básico en casi todas las civilizaciones.
De su uso en practicas mágicas o rituales hay también referencias, como el hallazgo de indicios sobre la inclusión de ajos entre los objetos que acompañaron al faraón Tutankamon a su tumba. Probablemente, siguiendo una creencia común a otras culturas, fueron allí depositados con la finalidad de que alejaran a los malos espíritus. Los vikingos y los fenicios no olvidaban incluir el ajo entre las provisiones antes de emprender cualquier viaje. Los Cruzados que regresaban a Europa después de las lejanas batallas se acreditaban, generalmente, trayendo ajos con ellos. Hacia el año 1000 DC el ajo era producido en prácticamente todo el mundo conocido y era reconocido universalmente como una planta valiosa. Muchas culturas apreciaban ya al ajo más allá de su valor dietético y sugerían abiertamente que tenía propiedades medicinales e incluso mágicas. Los filósofos y los eruditos alabaron igualmente las muchas virtudes del ajo. Aristófanes sugirió que los atletas y los soldados que fueran a entrar en batalla comieran ajo para incrementar su valor y su coraje, Plinio escribió sobre la capacidad del ajo de curar la tisis, Virgilio comentó que el ajo realzaba y mantenía la fuerza de los trabajadores agrícolas, Celsio recomendó el ajo como curación para la fiebre, Hipócrates pensó que era una buena medicina para muchos problemas de salud y Mahoma, el profeta, proclamó que si el ajo era aplicado directamente a una picadura o una mordedura facilitaría la curación de estas heridas. Por diversas razones, y a pesar de su uso masivo como antiséptico en las dos guerras mundiales, el renombre del ajo comenzó a disminuir desde principios del siglo XX, y mediado el mismo el ajo sólo se encontraba en restaurantes y tiendas de gastronomía. Recientemente, ha rebrotado y crecido su reputación y, aunque sin llegar a las cotas de apreciación que había alcanzado en otros momentos de la historia, vuelve a ser un cultivo valorado a cuyo fruto se conceden múltiples aplicaciones. El ajo se está investigando profundamente tanto por sus propiedades medicinales como por sus posibilidades industriales.
Propiedades del ajo
Información nutricional de el ajo
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