OLIGOTERAPIA II

OLIGOELEMENTOS, COMPONENTES IMPRESCINDIBLES PARA EL MANTENIMIENTO DE LA SALUD.

 

I

“El terreno condiciona nuestra respuesta frente a las agresiones del medio exterior y frente a las deficiencias momentáneas del medio interno”.

Oligos en griego significa poco y por el término latino Elementum entendemos el principio físico o químico que entra en la composición de los cuerpos. Los oligolementos son, pues, sustancias que se encuentran en nuestro organismo en cantidades más o menos infinitesimales pero que resultan de vital importancia para el mantenimiento del equilibrio orgánico, y por tanto, de la salud. Su intervención en reacciones y procesos metabólicos los hace imprescindibles, tanto en el tratamiento como en la prevención de las enfermedades. Son como los ayudantes en la sombra: cuando están, pasan desapercibidos porque todo funciona bien pero cuando están de baja su ausencia trae consecuencias más o menos complejas.

La utilización terapéutica de la Oligoterapia se remonta a la antigüedad, si bien en un principio su aplicación se basaba en resultados empíricos; la administración de determinados elementos según el estado de la persona provocaba una reacción positiva del organismo aunque sin saber exactamente porqué. Ya en el siglo XIII Arnauld de Villeneuve subministraba trocitos de esponja marina asados a los enfermos de bocio observando mejoras clínicas que nadie podía explicar al no poder relacionarlas en aquel entonces con la presencia de iodo en las esponjas. Posteriormente Basilio Valentino hizo lo mismo en Suiza, donde el bocio era una enfermedad endémica. Tampoco él pudo dar explicación alguna del porqué de las mejorías sintomáticas.

Fue Coindet, 6 siglos después, en 1819, quien demostró que la eficacia de los trocitos de esponja marina en la enfermedad del bocio se debía al iodo contenido en ellos. Hoy en día sabemos el importante papel metabólico que este metaloide desempeña en el buen funcionamiento de la glándula tiroides y que el bocio no es sino una manifestación de irregularidades en el funcionamiento de dicha glándula.

Años más tarde, Gabriel Bertrand, en 1849, habló por primera vez del papel enzimático de estos componentes de la materia viva y de su acción catalizadora en numerosas reacciones metabólicas orgánicas en un momento histórico en que los metales y metaloides que se encontraban en pequeñas cantidades en un organismo vivo eran considerados por la medicina como impurezas.

Todos estos antecedentes sirvieron para que ya en el siglo XX, en 1932, Jacques Menetrier, verdadero padre de la Oligoterapia, descubriera el valor terapéutico de los oligoelementos en medicina humana. Siguiendo los estudios de Bertrand y sus colaboradores, Menetrier desarrolló un concepto totalmente innovador según el cual la receptividad a las enfermedades está en relación con los intercambios orgánicos, que depende del “terreno” de la persona y que este “terreno” puede cambiar según el tiempo que haga que sufre la enfermedad, la edad del paciente y determinados factores (ambientales, emocionales, nutricionales…). En base a esto Menetrier estableció que se puede modificar la evolución de la patología actuando sobre los intercambios orgánicos, lo que es posible mediante la intervención de los llamados oligoelementos.

Desde entonces hasta nuestros días aportaciones como la Henri Picard en el campo de reumatología o de Andre Dupouy, en el de cardiología, han demostrado la eficacia de la Oligoteria en el tratamiento de las enfermedades.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) define el término salud como “un estado de equilibrio tanto físico como psíquico y social”. Ante una perturbación de cualquier tipo, considerada como el factor desencadenante de una posible enfermedad, la persona puede entrar en el estado de compensación, en el cual se ponen en funcionamiento sus sistemas de defensa que le permitirán mantener dicho equilibrio o bien, si se trata de una persona más debilitada, caer en estado de descompensación, en cuyo caso aparecerán síntomas de patología funcional en cualquier parte de su cuerpo físico o psíquico. Según actúen los sistemas de regulación nos encontraremos ante un determinado síndrome reaccional o diátesis, que indica cierta predisposición a determinadas afecciones patológicas.

La Oligoterapia permite de forma sencilla y sin riesgos de toxicidad, contraindicaciones ni efectos secundarios nocivos intervenir tanto en el tratamiento de la patología como en su prevención. Identificando la diátesis de la persona en ese determinado momento y aplicando los oligoelementos catalizadores que le corresponden el enfermo podrá salir del estado de descompensación en el que ha caído recuperando el equilibrio metabólico y, por tanto, el buen estado de salud. Por otro lado, conociendo la diátesis se podrá también prevenir una serie de enfermedades a las que tiende cada síndrome reaccional.

Podríamos decir que estos “pequeños elementos” amigos, los oligoelementos, son por un lado, como la barra del malabarista, que le permite mantener su equilibrio en el momento de riesgo y por otro, son como la red, que está justo ahí a su servicio para prevenir las consecuencias de una posible caída

Rosa M. Canas


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