LAS SALES DE SCHÜSSLER:
EL PODER CURATIVO DE 12 MINERALES (I)
 
I

“No hay hueso sin tierra de hueso, no hay cartílago sin sal de cartílago, no hay sangre sin hierro y no hay saliva sin cloruro de potasio”.

Una de las características principales de la medicina hasta finales del siglo XIX fue la búsqueda de nuevos descubrimientos y cambios revolucionarios en el tratamiento de las enfermedades que ayudaran a comprender un poco más y mejor el complejo mecanismo que es el cuerpo humano y su funcionamiento. Es en este contexto donde encontramos, por citar algunos ejemplos, los trabajos del patólogo alemán Rudolf Virchow (1831-1902), quien descubrió la unidad de vida más pequeña del organismo, la célula, y al científico y fisiólogo neerlandés Jacob Moleschott, que se centró en la importancia de las sales minerales para el funcionamiento de los seres humanos y animales. Según Moleschott aquello que queda de la combustión de los tejidos muertos, es decir, las cenizas, darán forma a los nuevos tejidos vivos. Así pues, “no hay hueso sin tierra de hueso, no hay cartílago sin sal de cartílago, no hay sangre sin hierro y no hay saliva sin cloruro de potasio”.

Es esta afirmación precisamente, la que dio lugar a los estudios de su coetáneo Wilhelm Heinrich Schüssler (1821-1898). Debido a su origen humilde y a la falta de recursos económicos, Schüssler inició sus estudios de medicina a los 31 años en Paris para trasladarse posteriormente a la universidad de Berlín y licenciarse en la de Geissen. A pesar de su formación como médico, cirujano y tocólogo Schüssler se decantó por el pensamiento homeopático lo que determinó que el descubrimiento de sus sales estuviera marcado por los principios fundamentales del descubridor de la Homeopatía, Samuel Hahnemann (1755-1834), basados en la similitud y la dilución infinitesimal.

A pesar de ello, el conflicto interno de Schüssler que le llevó varios años de estudio era intentar encontrar un nuevo método de tratamiento que, respetando sus principios, redujera a unos pocos los innumerables productos que utiliza la Homeopatía. Para ello Schüssler se propuso averiguar cuales eran las sales minerales que se encuentran en el cuerpo, a parte de las que ya había descubierto Moleschott, por lo que se dedicó a analizar las cenizas de los cadáveres que procedían de los crematorios. Fue así como encontró que en los distintos órganos y tejidos del ser humano predominan distintas sales y que éstas pueden utilizarse como medicamento en caso de que enfermen estos tejidos. Así pues, por ejemplo, si en el tejido muscular las sales predominantes son el fosfato de magnesio y el fosfato de potasio, Schüssler observó que ambas pueden utilizarse con éxito en caso de problemas de musculatura.

También los trabajos de Rudolf Virchow resultaron de utilidad a Wilhelm Heinrich Schüssler ya que dejaban claro que si la unidad de vida más pequeña del organismo era la célula para sanar hay que empezar por ahí, por tanto hay que llevar las sales a las células enfermas. El problema estaba en cómo atravesar la membrana protectora que las rodea. Nuevamente los principios homeopáticos le ayudaron a resolver la cuestión: había que tratar la sal mediante múltiples diluciones de manera que la sustancia queda tan finamente distribuida que puede entrar sin mayores problemas en cada célula individual. Según Schüssler “todo remedio debe diluirse en la medida que no perturbe las funciones de las células sanas, pero que puedan corregirse los trastornos funcionales existentes”. Junto a esto Schüssler dio con otro importante hallazgo y era que si las sales se encontraban en forma de polvo, se diluían en agua y se tomaban a pequeños sorbos la mayor parte del producto se absorbía en la mucosa bucal antes de llegar al estómago con lo que el ácido clorhídrico de éste no interfiere en el efecto de las sales curativas.

Con la obtención de la dilución homeopática de las sales minerales quedaron descubiertas las Sales de Schüssler, 12 importantes minerales que armonizan el metabolismo a la vez que estimulan y regulan su capacidad autocurativa sin riesgos de efectos secundarios ni contraindicaciones de ningún tipo. Por fin Schüssler había conseguido su objetivo de tantos años: su nuevo método de tratamiento que, partiendo de la homeopatía, reducía a 12 los más de 1000 remedios que ésta utiliza. De ahí que Schüssler llamó a su método “Terapia abreviada, basada en la histología y patología celular”.

Tras la publicación en 1876 de sus trabajos de investigación demostrados con la práctica clínica, Schüssler revolucionó el campo de la medicina lo que le supuso gran número de enemistades que ridiculizaron sus descubrimientos. A pesar de ello continuó completando y mejorando su método, al que llamó “Bioquímica”, término adoptado posteriormente por la química moderna. La Bioquímica de Schüssler establece que en el cuerpo humano se dan de forma natural determinadas reacciones (respiración, procesos metabólicos, digestión ...), y que en su composición se encuentran 12 sales minerales, que aportamos además con la alimentación, a partir de las cuales pueden elaborarse remedios que normalizan las funciones alteradas del organismo y que estimulan su capacidad de recuperación.

Las Sales de Schüssler son, pues, una gran ayuda para tratar de forma natural tanto afecciones crónicas como agudas, sea en niños, en adultos y en aquellos casos en los que por la situación particular del paciente hay que renunciar a otro tipo de terapias.

Rosa M. Canas


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