FLORA INTESTINAL (I):
Gentiles microorganismos que mantienen fuertes nuestras defensas
I

“En el cuerpo humano toda acción, sea del tipo que sea, tiene de forma inmediata o a largo plazo, su reacción”. “Nuestra salud depende en gran medida del buen estado de nuestra flora intestinal”.

¿Quien no aspira a gozar de un buen estado de salud el mayor número de años posible? Parte de la población, consciente de la necesidad de cuidarse y de mantenerse en un estado óptimo de forma natural se apunta al gimnasio, cuida su alimentación, se ocupa más o menos de su aspecto o suplementa sus carencias nutricionales con complejos vitamínicos, minerales o fitoterápicos. Cada uno, según sus prioridades y posibilidades, elige la manera de intentar llegar a anciano lo más dignamente posible.

Así pues, combatimos el cansancio con vitaminas, el estreñimiento con laxantes, la diarrea con astringentes, los dolores con analgésicos o en el peor de los casos con antiinflamatorios, la ansiedad con ansiolíticos y los bajones con antidepresivos. Es como poner un parche al bolsillo de la chaqueta que se que se nos ha roto. Esto en ocasiones puede resultar no solo necesario sino imprescindible, pero hay que tener en cuenta que el cuerpo humano es un todo completo al que hay que abordar de manera holística y no por partes. Al igual que no consideramos la chaqueta como una manga, un cuello o un botón sino como esa prenda que nos protege del frío o la lluvia, al ser humano hay que observarlo en su totalidad, como un mecanismo complejo en el cual cada estructura depende de tantas otras y cada función condiciona y desencadena una serie de múltiples reacciones. En el cuerpo humano toda acción, sea del tipo que sea, tiene de forma inmediata o a largo plazo, su reacción.

Podemos poner esos pequeños parches cuando nos indisponemos pero el objetivo es prevenir en lo posible cualquier alteración en nuestro estado de perfecta salud. Para ello es imprescindible cuidar al máximo nuestro Sistema Inmunitario, responsable final de mantener al organismo fuerte para que sea capaz de afrontar cualquier agresión externa o interna. Se trata de un engranaje de defensa complejo y potente pero a la vez delicado y sensible a numerosos y variados agentes. Desde un clima demasiado agresivo a un conflicto emocional, pasando por el stress o un desborde físico o mental, pueden acabar dañando el sistema inmunológico que resultará entonces incapaz de prestarnos su protección dejándonos al albedrío de los agentes patógenos.

Uno de los actores que ocupan un lugar destacado en el escenario del mecanismo de defensa es la mucosa intestinal, la que forma parte del sistema digestivo y donde habita la llamada flora intestinal. Esta flora se compone de unos cien billones de microorganismos de más de 400 especies distintas que, en condiciones normales, se distribuyen entre la boca y el ano. Nuestro organismo mantiene con estos “huéspedes” una relación cordial, de simbiosis, es decir, de ayuda mutua. Mientras que el cuerpo humano asegura la supervivencia de la flora del sistema digestivo a través de una importante proporción de los alimentos que ingerimos, ésta garantiza una serie de funciones, principalmente enzimáticas destinadas a facilitar la absorción de los nutrientes, a la vez que defiende su “territorio” impidiendo que otras bacterias o levaduras nocivas se instalen en él. Este mecanismo es lo que se llama “inhibición competitiva”. Estos microscópicos individuos realizan además una función metabólica importante al producir distintas sustancias beneficiosas para nuestra salud, como son inmunoestimulantes, antitóxicos y antibióticos naturales, entre otras.

Es por todo ello que podemos afirmar que el buen estado de la flora intestinal resulta imprescindible para impedir que enferme nuestro intestino y el organismo en general, o dicho de otra manera, nuestra salud depende en gran medida del buen estado de estos microorganismos. Numerosas causas pueden modificar y afectar el desarrollo de esta comunidad, como por ejemplo, el stress, el estreñimiento, los antibióticos, los embarazos, una mala alimentación, horarios irregulares o trastornos psico-emocionales, entre otras. Resultará, pues, de vital importancia el modo de vida que llevemos y la dieta que sigamos para que nuestro intestino mantenga la flora adecuada y en la cantidad necesaria impidiendo así el desarrollo de microorganismos patógenos en el sistema digestivo que pueden alterar nuestra salud. Por ejemplo, una alimentación rica en fibra, es decir, que incluya cereales integrales, verduras y fruta, subministrará a determinados microorganismos intestinales su alimento indispensable mientras que una dieta demasiado rica en proteínas favorecerá el desarrollo de microorganismos de putrefacción. Comer con tranquilidad y tomarse el tiempo de masticar los alimentos, evitar el estreñimiento, consumir productos naturales y ayudar con una correcta suplementación adicional puede resultar de gran utilidad para que nuestro sistema digestivo esté siempre poblado de estos simpáticos microorganismos beneficiosos que conforman la flora intestinal necesaria para mantener un sistema inmunitario fuerte y un buen estado de salud.

Rosa M. Canas


Volver a El Pensa

volver a página principal