OMEGAS: LOS ÁCIDOS GRASOS ESENCIALES AMIGOS Y BENEFACTORES DE LA SALUD - I
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Hablar de grasa hoy en día podríamos decir que está casi mal visto; en una sociedad como la actual en la que todos aspiramos a tener cuerpos de atleta bien moldeados, sin los “flotadores” añadidos y en los que no sobre ni un gramo se ha generado una especie de conciencia social anti-grasa o “grasofóbica” que tiende a evitar el consumo de este nutriente con el objetivo de mantener la línea y llevar a cabo una vida más sana. Sin embargo, esta actitud en principio correcta, puede conducirnos a errores alimenticios con sus consecuentes déficits nutricionales si no sabemos hacer una buena distinción entre los distintos tipos de grasas. Nuestro organismo necesita carburante y éste lo obtiene básicamente de la alimentación, de elementos que le aportan energía pero que a su vez son imprescindibles para mantener a los órganos, membranas y tejidos en buen estado.

Más del 60% del peso seco del cerebro es grasa, la mayor parte, necesaria para aislar y garantizar las conexiones eléctricas de las neuronas que permiten el intercambio de información a nivel cerebral. Así mismo, las membranas que rodean a las células son de componente graso, cuya fluidez variará según la función destinada a cada célula. Por tanto podemos decir que los ácidos grasos son la base a partir de la cual se construyen los distintos tipos de grasas corporales y en la actualidad se han aislado en las células y tejidos de nuestro cuerpo más de 70 ácidos grasos distintos. Estas grasas no se disuelven en agua y están constituidas básicamente por carbono, hidrógeno y en algunas ocasiones por oxigeno.

Según su fluidez, que viene dada por el número de átomos de carbono y por el tipo y posición de los enlaces de sus átomos, las grasas las podemos clasificar en saturadas, aquellas que a temperatura ambiente presentan un aspecto sólido, monoinsaturadas, las que están en estado líquido a temperatura ambiente pero más fluidas en un medio frío, y poliinsaturadas, las que se presentan líquidas con el frío. Hay que señalar que cuanto más espesa sea una grasa más perjudicial resulta para la salud puesto que se adherirá más fácilmente a las paredes de los vasos sanguíneos. Por el contrario, una grasa insaturada o fluida tendrá mayor dificultad para aglomerarse y obstruir los vasos y por tanto una menor tendencia a impedir la correcta circulación de la sangre.

Para prevenir enfermedades y mejorar según que patologías es necesario
un correcto equilibrio entre Omega 3 y Omega 6, ácidos grasos esenciales
imprescindibles para el buen funcionamiento del organismo.

Parte de los ácidos grasos los fábrica nuestro propio organismo, como por ejemplo los ácidos biliares que resultan de la actividad metabólica del hígado, pero los hay que debemos conseguirlos a través de la dieta puesto que nuestro cuerpo no puede sintetizarlos: se trata de los ácidos grasos esenciales, que se encuentran en pescados azules, principalmente los que habitan en mares fríos, y en el aceite de algunas semillas. Estos ácidos grasos esenciales, de naturaleza poliinsaturados, se conocen como Omega y se dividen en Omega 3 o ácido linolénico y Omega 6 o ácido linoléico, según la posición en la que se encuentre el doble enlace de sus átomos.

Los ácidos grasos Omegas son imprescindibles para el buen funcionamiento del organismo puesto que, entre otras acciones, juegan un papel muy importante como constituyentes de la membrana celular, intervienen en el desarrollo del sistema nervioso, cerebro y retina y son la base para la producción de los llamados eicosanoides, sustancias fisiológicamente activas que actúan como reguladores intracelulares e intervienen en los procesos inflamatorios y en la respuesta autoinmume de cada individuo. Entre los eicosaniodes figuran las prostaglandinas, sustancias parecidas a las hormonas y que se agrupan en 3 series, según del ácido Omega del que provengan: PG1, PG2 (ambas procedentes del ácido linoléico) y PG3 (procedente del ácido linolénico). Mientras que unas (PG1 y PG3) ejercen efectos que promueven la salud reduciendo, por ejemplo, el riesgo de trombosis o la inflamación, otras (PG2) tienen un efecto opuesto y resultan nocivas para el bienestar.

Está claro, pues, que para prevenir enfermedades y mejorar según que patologías es necesario un correcto equilibrio entre Omega 3 y Omega 6, equilibrio que por desgracia, debido a la situación contaminada del medio ambiente, no siempre es fácil conseguir a través tan sólo de una correcta alimentación.

Rosa M. Canas

Si deseas escribir o preguntar a Rosa M. Canas: puedes hacerlo al correo ptibunny@hotmail.com


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