OMEGAS: LOS ÁCIDOS GRASOS ESENCIALES AMIGOS Y BENEFACTORES DE LA SALUD - II
I

Definimos como grasa aquel cuerpo líquido o sólido, de procedencia animal o vegetal, que no puede disolverse en agua y que está constituido principalmente por una mezcla de glicéridos. Dicho así puede resultar un tanto académico pero en una sociedad como la actual el término “grasa” suena mal y nos evoca rápidamente algo que hay que eliminar de nuestra vida y por tanto de nuestra dieta. Sin embargo hay que tener en cuenta que las grasas son necesarias para el buen funcionamiento del organismo y una alimentación con un déficit de este nutriente puede tener consecuencias negativas en nuestra salud. Pero como en todo la clave está en mantener el correcto equilibrio: debemos ingerir diariamente la proporción justa de grasas.

Si hay carencia podremos tener distintos problemas, recordemos que más del 60% del peso seco del cerebro es grasa, la mayor parte, necesaria para aislar y garantizar las conexiones eléctricas de las neuronas que permiten el intercambio de información a nivel cerebral. Así mismo las grasas son necesarias, entre otras cosas, para proporcionar energía al cuerpo, para la síntesis de hormonas y de membranas celulares, para producir enzimas y neurotransmisores, para la absorción de determinadas vitaminas y para proteger a los órganos de golpes y traumatismos.

Si por el contrario nos excedemos en su consumo los resultados serán también nocivos para nuestra salud puesto que aparecerán el sobrepeso y la obesidad, que más allá de ser cuestiones estéticas, pueden comportar un paquete de enfermedades añadidas, como diabetes, hipertensión o problemas circulatorios, entre otros.

Pero al igual que ocurre con el colesterol tenemos que diferenciar entre las “grasas buenas” y las “grasas malas” o dicho de otro modo aquellas que nos benefician- grasas insaturadas- y que por tanto son recomendables y las que nos perjudican- grasas saturadas- y que deberíamos eliminar, o si más no, reducir de nuestros hábitos alimenticios.

Los ácidos grasos esenciales, así llamados porque nuestro organismo no puede fabricarlos y por tanto debe conseguirlos a través de la dieta o la suplementación, son imprescindibles para el buen estado de salud. Pero no sólo es importante incluir los conocidos Omega 3 o ácido linolénico y Omega 6 o ácido linoléico en nuestra dieta sino que han de estar en la correcta proporción, es decir, 1:4; en la actualidad sin embargo nos situamos en niveles de 1:6 o incluso superiores por lo que se pone en evidencia la necesidad de aumentar el consumo de Omega 3 (EPA y DHA)

En primer lugar los Omega 3 tienen una función fisiológica importante ya que juegan un papel básico en la constitución de las membranas de las células en forma de fosfolípidos y en el desarrollo del sistema nervioso, del cerebro y la retina. Sus efectos beneficiosos para el aparato circulatorio fueron ya demostrados en 1970 por los médicos daneses Bang y Dyerber quienes confirmaron que los esquimales de Groenlandia tenian menos problemas cardiovasculares que la población de Dinamarca. La hipótesis se basaba en que éstos consumían gran cantidad de grasas procedentes de pescados y mamíferos marinos. Posteriores estudios realizados en Japón, país que incluye entre sus principales fuentes de alimentación el consumo de pescados azules, han corroborado la relación entre el consumo de Omega 3 y un menor índice de patologías cardiovasculares: arrítmias, ataques cardíacos, anginas de pecho... Así mismo, al aumentar la producción de factores anticoagulantes estos ácidos grasos disminuyen la formación de coágulos en las arterias reduciendo con ello el riesgo de sufrir trombosis y derrames cerebrales, a la vez que rebajan los niveles de triglicéridos, lo que implica un efecto reductor del colesterol y de la tensión arterial.

Más del 60% del peso seco del cerebro es grasa,
¿debemos pues eliminar por completo este nutriente de nuestra alimentación?

Por otra parte hay que destacar las propiedades antiinflamatorias de los Omega 3 lo que les hace fundamentales en el tratamiento de patologías como la artritis reumatoide, enfermedad autoinmune crónica que cursa con la inflamación de las articulaciones.

Otro campo importante de acción de estos ácidos grasos es el proceso de embarazo  y lactancia.  El DHA se encuentra en la leche materna y de este modo se transmite al lactante; previamente llega al feto a través de la placenta. Por lo que respecta al bebé éste ácido graso representa un nutriente esencial para el correcto desarrollo de su sistema nervioso, del tejido cerebral y de la retina durante su gestación. Por lo que refiere a la futura madre se ha comprobado que la ingesta de Omega 3 disminuye los partos prematuros y aumenta el peso de los neonatos.

Eccemas, asma, alergias, síndrome premenstrual, obesidad, migrañas, hiperactividad y prevención de determinados tipos de cáncer son algunas más de la larga lista de patologías que pueden mejorar gracias a la acción de los Omegas, esos ácidos grasos esenciales amigos y benefactores para la salud.

Rosa M. Canas

Si deseas escribir o preguntar a Rosa M. Canas: puedes hacerlo al correo ptibunny@hotmail.com


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