¿El fin del mundo o el fin del milenio?

Aunque la transición entre el segundo y tercer milenio es tan sólo una fecha como otra cualquiera, lo cierto es que la llegada del año 2000 trae consigo desde celebraciones extraordinarias a previsiones y profecías aterradoras. ¿Por qué una simple cifra en un calendario genera tanta fascinación?

La aproximación al final del milenio ha provocado un aumento en el número de profetas apocalípticos y también el incremento de interesados en esta temática. Numerosas sectas religiosas y una amplia literatura esotérica decretan en los últimos años el fin del mundo, de la historia, de la ciencia, de la evolución, de la naturaleza, del dinero, del futuro, de la seguridad y de la certeza. Una manía apocalíptica o una pasión por la proclamación de la destrucción global de la humanidad que intenta revivir los miedos milenaristas que perviven en el inconsciente colectivo de la humanidad.

La temática apocalíptica o el llamado arquetipo del fin de los tiempos ha sido una constante en la vida de la civilización. Los seres humanos hemos crecido amenazados por la presencia inminente de un final infernal, es donde los pecadores serán separados de los justos y arrojados a un abismo de horror y caos. Es por ello que no podemos negar el impacto en nuestro inconsciente del momento singular que vivimos, una época con tres finales simultáneos: De década, de siglo y de milenio. De hecho, la expresión fin del milenio tiene ya en sí la connotación de final de una era dorada, de fin de los tiempos, que despierta en muchas personas temores semejantes a los que afligieran a la humanidad en el tránsito del año mil.

Como bien indicó Carl Sagan en su libro El mundo asombrado por los demonios "Es fácil ser engañado por el propio deseo de creer". A pesar del avance tecnológico, una parte de la humanidad parece necesitada de explicaciones mágicas, sobre todo en momentos de dificultad y de escasez, donde la autoestima se ve amenazada por la incertidumbre del mañana.

Por otro lado, la tentativa de datar el fin del mundo es una herencia de las antiguas religiones orientales, como el Zoroastrismo que se basaba en la idea del principio y del fin de los tiempos. Estas ideas fueron recogidas posteriormente por el judaísmo y el cristianismo en las que el mundo, el tiempo y el universo son creados y, finalmente, disueltos por Dios.

El año 2000 se acerca, pero ¿qué sucedería si hubiera la certeza de que existe un considerable error en la medición del tiempo, ese tiempo común que se rige por los calendarios en la pared? Podemos imaginar la confusión y decepción que vivirían muchas personas si vieran desaparecer de su agenda el tan polémico año 2.000 y surgiera en su lugar otro año cualquiera, como 2004 o 2005. Bastaría con descubrir de forma concluyente que nuestro cómputo del tiempo estaba equivocado. Y de hecho, es algo absolutamente cierto. El fin del milenio pretende conmemorar el dos mil aniversario del nacimiento de Cristo, pero como afirmó el Vaticano recientemente no es posible datar con precisión el nacimiento de Cristo. Las investigaciones más recientes tienden a situarlo en el año 4 antes de Cristo, por lo que el tan temido fin del milenio ya ocurrió realmente en 1996.

Por otro lado, aquellos que creen que a medianoche del 31 de diciembre de 1999 o a la cero horas del 1 de enero del año 2000 el sol deberá pasar por alguna posición astrológica especial, quedarán profundamente decepcionados al saber que el uno de enero fue escogido como el primer día del año, de forma un tanto aleatoria, sin tener ninguna relevancia astronómica.

Por lo que cualquier referencia a la posición de las estrellas no puede ser considerada. El fin del milenio desata los temores inconscientes de muchas personas, pero lo cierto es que tan sólo es un número en un pedazo de papel. Una fecha que puede ser vista como catastrófica o tomada como un momento de reflexión y proyección de un mejor futuro, un tiempo de deseos. El mío es que seáis aún más felices en este nuevo año 2000, viviendo siempre con amor y sabiduría.


Frederic Solergibert i Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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