¿Hemos llegado al fin de una civilización?

Los recientes acontecimientos nos invitan a reflexionar sobre el posible hundimiento y resurgir de una nueva humanidad.

Vivimos, aunque pocos nos demos cuenta, un periodo de extinción. Todos los días desaparecen especies animales, vegetales, idiomas, oficios... Los ricos son cada día más ricos, y los pobres más pobres. Cada día hay una minoría que sabe más y una gran mayoría que sabe menos. La ignorancia se está expandiendo de forma aterradora. Tenemos un grave problema de redistribución de la riqueza. La explotación aumenta alarmantemente en nuestras ciudades, las empresas multinacionales pueden acabar dominando el mundo, ante la indiferencia y la apatía de sus habitantes.

Hace unos días le preguntaba a un joven que deseaba ser de mayor. -Rico, -me contestó. No pude menos que quedarme asombrado. Desconocía que ser rico era un estudio universitario o una profesión. Creía que ganar dinero era el resultado de saber negociar, invertir o realizar exitosamente un trabajo. Es por ello que le pregunté: -Y cómo piensas hacerte rico. -No sé -me contestó- haciendo cualquier cosa que dé dinero.El muchacho me hizo darme cuenta que una nueva enfermedad amenaza nuestros espíritus. Nuestra civilización languidece falta de ilusión, de pasión, de entusiasmo. Desencantados perdemos la alegría, desconfiamos de todo y tendemos a encerrarnos en nosotros mismos. A veces me da la impresión de que nunca en la historia de la humanidad hubo tanta gente sola.

Aislándonos estamos perdiendo la batalla por la supervivencia. Al renunciar a la ternura pasamos rápidamente a la indiferencia. Es en una situación como esta, de creciente abandono, donde somos fácilmente manipulables.El poder económico ha suplantado al poder político, a la cultura, a la ética. Quizás dentro de poco, como en una película de ciencia-ficción los políticos podrían ser instrumentos de las grandes corporaciones, y las personas con objetivos humanos o espirituales, ridiculizados y empujados a la extinción.

Pero nada de esto llegará a suceder por qué las personas tenemos la capacidad de regenerarnos, de agruparnos ante el peligro y desarrollar juntos nuevas estrategias. Algo en nuestro interior nos dice que nos equivocamos, que este no es el camino y nos hace sufrir impulsándonos al cambio.

Tendemos a creer que el enemigo está lejos de nosotros pero está dentro como también lo está la medicina salvadora. Se llama: Vive apasionadamente. Consumirla beneficia seriamente la salud y la creatividad.


Frederic Solergibert Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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