Abriré mi corazón lleno de nombres.

Al final del camí em diran:

Has viscut?  Has estimat?
I jo, sense dir res,
Obriré el meu cor ple de noms.

Pere Casaldàliga

Dicen que la poesía y la música son un regalo. Un regalo que  tenemos los humanos para expresar y compartir sentimientos y emociones. Estos versos del Obispo Casaldàliga expresan, mucho mejor que mil palabras, el valor de la amistad en la vida de una persona.

¿Qué es la amistad? ¿Qué han dicho de ella los que nos han precedido? En la antigua Grecia la amistad era considerado algo muy valioso para el ser humano. Epicuro, en el siglo  IV aC sostenía que “De todo lo que la sabiduría procura al conjunto de la vida de plena felicidad, lo más importante, y de mucho, es el beneficio de la amistad.” La amistad, decía, es indispensable en la vida de la persona porque gracias a ella podemos ser un poco más felices. Nuestros amigos son personas en las que hay un relación de cariño mutuo, personas que son un espejo de lo que somos nosotros mismos, a través de las cuales podemos aprender, conocernos y valorarnos. Un poco antes que Epicuro vivió Aristóteles.  Probablemente el filósofo antiguo que dedicó más y más bellas páginas al valor de la amistad. El ilustre defensor del orden antiguo, el último representante de la filosofía clásica iniciada por Sócrates y continuada por Platón. Una lectura de su “Ética a Nicómaco” puede ser muy ilustrativa en este sentido porque nos puede permitir una reflexión personal sobre el tema.

¿Qué es la amistad?  La amistad es una especie de virtud, es una de las necesidades más apremiantes de la vida. “Nadie aceptaría estar sin amigos, aún cuando poseyera todos los demás bienes”, afirma Aristóteles. Para seguir, “cuando más rico es uno y más poder y autoridad ejerce, tanto más experimenta la necesidad de tener amigos en torno suyo. Porque, ¿De qué sirve la prosperidad si  no puede unirse a ella la beneficencia que se ejerce con las personas que se aman? Los amigos son el único asilo donde podemos refugiarnos”. Bellas y significativas palabras, porque  este texto de Aristóteles es una verdadera apología de la Amistad. “La amistad no sólo es necesaria, sino que es bella y honrosa. El cariño que se dispensa a los amigos nos parece uno de los más nobles sentimientos que el corazón puede abrigar”.

Definir la amistad no es tan sencillo. Para que exista amistad debe haber reciprocidad de afectos e intenciones.  Y no siempre es tan fácil vivir de esa forma. El propio Aristóteles se atrevió a distinguir tres categorías de amistad. Léanlas e intenten intuir cuál era la preferida del filósofo. “Hay tres especies de amistad que corresponden a los tres motivos de afección: la amistad por placer, la amistad por interés y la amistad por virtud”. Cuando se ama por placer, sólo se busca realmente el placer mismo. Cuando se ama por interés y por utilidad, sólo se busca en el fondo el propio bien personal. ¿Intuyeron la preferencia del filósofo?

Amistad por virtud, amistad por placer, amistad por interés. Ni en la amistad por placer ni por interés no existe realmente amistad. ¿Por qué? La respuesta está en que no se ama realmente aquel que creemos amar por lo que es realmente, sino que se le ama sólo en tanto que nos es útil o agradable. Le amamos (o nos aman) porque nos resultan útiles, nos ayudan, les ayudamos, nos divierten o les divertimos, les podemos explicar problemas o nos llenan la cabeza de inseguridades, penurias o indecisiones. Nos hacen sentir superiores o inferiores, nos hacen sentir, o les hacemos sentir, menos solos. Pero, ¡Ay con el rigor de Aristóteles! Estas amistades son sólo amistades indirectas y accidentales. Amistades que conllevan quejas, disgustos y recriminaciones. Son amistades que tienden a romperse muy fácilmente, porque estos pretendidos amigos no lo son realmente.  Tan pronto como esas personas dejan de ser útiles o no presentan el aliciente del placer, se cesa la amistad. Cuando desapare el motivo que les hacía amigos, la amistad acaba en el acto con la única causa que la había formado.

“La amistad perfecta es la de los hombres virtuosos y que se parecen por su virtud, porque se desean mutuamente el bien, en tanto que son buenos. Los que quieren el bien para sus amigos por motivos tan nobles son los amigos por excelencia”. Es una amistad de personas con corazones generosos, quizá no demasiado fáciles de encontrar. Sólo el tiempo y el hábito puede confirmar que se trata de auténtica amistad. Es una amistad que debe basarse en demostraciones de mutuo afecto, complicidad, recíproca confianza. Fíjense, es probable que aunque el deseo de ser amigo pueda ser rápido, la amistad no lo es. La amistad no admite prisas. La amistad sólo es completa cuando se ha confirmado por el tiempo. Porque sólo éste puede confirmar que entre dos personas hay una relación de iguales. Porque la amistad siempre conlleva igualdad, reciprocidad y afecto incondicional.

Entonces, creo que un punto importante para vislumbrar qué es la amistad es cuestionarnos. ¿Mis amigos merecen realmente ese nombre? ¿se funda nuestra amistad en una relación de reciprocidad? ¿me quieren por mi mismo o porque les ofrezco algo que desean? ¿les llamo amigos porque me ofrecen algo que anhelo?. Porque es lo mismo no tener nada que tener

aquello que no se desea y nos hace sufrir. Una amistad como la que describe Aristóteles es un sentimiento  que no puede extenderse a muchísimas personas. Los que tiene -dicen- muchos amigos y se muestran -dicen- íntimos de todos, pasan por ser amigos de nadie.  A veces confundimos amistad con otros tipos de relaciones. Los amigos no son ni los conocidos ni los saludados. Son relaciones en las que existen pocas recriminaciones y quejas porque, el amigo quiere el bien de su amigo por el amigo mismo. La intención es siempre lo principal  Pero, sería bello poder llegar al final de nuestra vida con las palabras del poeta que encabeza este escrito: “Al final del camino me dirán: ¿Has vivido? ¿Has amado?  Y yo, sin decir palabra abriré mi corazón, lleno de nombres”.


M. Merçe Ríos Figuerola es licenciada en Filosofía y Letras, especialidad en Historia  por la Universidad de Barcelona. Licenciada en Psicología por la Universidad de Barcelona. 

Profesora de Psicologia y Filosofia. Secretaria de la Fundación Educalia Mundi.

Trabaja como voluntaria social con personas enfermas en Salud y Desarrollo Personal

Puedes ponerte en contacto con Merçe Rios a través del correo: mercerios@yahoo.es