Armenia, el tesoro escondido.

El próximo mes de agosto un grupo de amigos viajaremos a un lugar extraordinario, del cual la mayoría ni tan siquiera saben donde se encuentra.

Armenia es un destino desconocido para la mayoría de los turistas, ya que no suele aparecer en las vitrinas de las agencias de viajes. Se trata de un pequeño y antiquísimo estado enclavado en las montañas del Cáucaso. Resulta difícil imaginar que un país tan pequeño encierre tantos tesoros.

Su emplazamiento geográfico, a medio camino entre Asia y Europa, ha marcado toda su historia, generalmente de forma trágica. Situado entre Turquía, Afganistán e Irak ha sufrido múltiples invasiones y guerras.Tal vez el capítulo más espeluznante sea el del genocidio sufrido por el pueblo armenio a principios del siglo XX por parte de los otomanos. Las heridas de este terrible suceso nunca se han cerrado del todo y en la actualidad se erige en Ereván un monumento dedicado a su memoria. Hoy Armenia goza de una paz que permite la débil pero cada vez más intensa llegada del turismo, especialmente desde Rusia.

Solamente la belleza de las montañas del Cáucaso ya justifica en sí mismo el viaje. Las imponentes cumbres parecen guardar celosamente la capital armenia y es que Armenia es un país de montañas, inmensos lagos, cielos estrellados y una vegetación cambiante a medida que nos adentramos en el Cáucaso.

Pero no todo es naturaleza, Armenia encierra grandes tesoros por descubrir. Tesoros naturales en la agreste tierra de los pastores, joyas históricas, fortalezas levantadas sobre acantilados imposibles, catedrales antiquísimas, viejas iglesias perdidas en los caminos. Pero, no todo son monumentos, muchos de ellos catalogados Patrimonio de la Unesco, sino también la amabilidad de sus gentes, que trata a los recién llegados no como turistas, sino con la amabilidad de los antiguos viajeros.

Armenia es un tesoro escondido. La misma Catedral de San Gregorio en Echmiadzin, merece en si una visita a la capital, luego la iglesia de Hripsime o el maravilloso templo de Zvartnots nos hacen quedarnos extasiados. Y que  mejor que reponer fuerzas en uno de sus antiguos cafés, no hay que olvidar que Armenia es un enclave cristiano rodeado de musulmanes y que, por lo tanto, los cafés forman parte de su identidad.

La cultura del café está muy extendida y es de rigor pasarse gran cantidad de horas en ellos, conversando o ante un buen coñac, y es que sólo muy pocos saben que en Armenia se elabora uno de los mejores “brandys” del mundo, realizado a partir de una cuidada selección de uvas blancas y agua de manantial. La comida es otra delicia, se sirve caliente o fresca, elaborada con excelentes materias primas que aún no soportan el peso de la masificación alimentaria. No es extraño ver montones de carne que se asan en grandes parrillas mientras las verduras son recogidas del huerto cercano.

Armenia, llamada la Suiza del Cáucaso, es un país salpicado de iglesias y monasterios antiquísimos. De hecho no hay que olvidar que fue la primera nación que abrazó formalmente el cristianismo, en el año 301.  La Iglesia de Armenia, llamada maronita integra el grupo de las Iglesias siríacas que remontan por sus orígenes a la Iglesia de Antioquia, la primera sede apostólica fundada por San Pedro Apóstol, el discípulo de Jesús. Es aquí donde por primera vez los seguidores de Cristo comenzaron a ser llamados cristianos. Eso hizo que desde el principio se iniciaran la construcción de bellísimos monasterios e iglesias.

El lago Sevan, a unos 2000 metros sobre el nivel del mar, con sus balnearios es un lugar ideal de descanso entre los picos de las montañas. Un lugar para descansar, relajarse con las espectaculares puestas de sol y contar historias, reírse y gozar de la compañía de buenos amigos.

Desde 1996, cuando iniciamos nuestros viajes, hemos atravesado Tibet, ascendido a las cumbres de los Himalayas, explorado las callejuelas de Benarés, meditado en Macchu Pichu y en Borobudur, tomado el sol en las playas de Bali y caminado por la secreta ruta de los mayas. Nos hemos sorprendido en Egipto, Vietnam, Camboya y México. Hemos rezado en el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén, admirado Palmira, andado por las calles de Alepo, comido helados en el Gran Bazar de Damasco, dormido en una jaima en el desierto o comprado piedras preciosas en Sri Lanka. Amigos de todas las edades nos hemos unido, viajando a través del mundo y compartiendo amor, risas y sabiduría. Únete a nosotros en lo que sin duda será una vivencia que recordarás siempre.

Somos un grupo de amigos viajando juntos, es por ello que cuidamos al máximo la calidad de los servicios y los pequeños detalles que, creemos, son los que hacen grandes los viajes. Si este es tu espíritu, sin ninguna duda, Armenia te sorprenderá.

Te esperamos.