Buena, Guapa y Lista. Bueno, Guapo y Listo.

Todo el mundo está vivo gracias a una relación sexual. Las gentes del pasado que no supieron emparejarse no son nuestros antepasados. Pero ¿Cómo elegimos a nuestra pareja? ¿Qué características buscamos en ella? ¿Y por qué las buscamos?

Hace tiempo que los sociólogos defienden la teoría de que nuestras preferencias tienen un importante arraigo cultural, que la gente en España prefiere características diferentes a la gente en Asia o África. Pero los datos científicos sobre lo que buscamos en la pareja eran escasos.  Hasta hace poco.

Un estudio reciente y sorprendente demuestra que las suposiciones científicas tradicionales son radicalmente falsas. Junto con otros 50 científicos pertenecientes a 37 culturas esparcidas por todo el globo, me dispuse a descubrir lo que la gente busca en su pareja.

Fue extremadamente difícil hacer estos descubrimientos, basados en estudios de más de 10.000 personas en cinco continentes y en cinco islas. En África del Sur, la recogida de datos fue descrita como una “experiencia más bien espantosa” a causa de los alborotos políticos y la violencia en los barrios de chabolas. En algunos países, las autoridades gubernamentales dificultaron la recogida de datos, mientras que en otros la hicieron imposible. Nos llevó más de cinco años hacernos con la información necesaria, pero ha valido la pena esperar tanto tiempo.

A pesar de que cada cultura mostraba diferencias sorprendentes con respecto a otras, encontramos otras muchas preferencias que no variaban de cultura a cultura.  Además encontramos diferencias entre el hombre y la mujer en todas las culturas, diferencias que reflejan preocupaciones biológicas fuertemente arraigadas.

Mostramos a la gente 32 características en un cónyuge potencial y les pedirnos que dieran grados de preferencia a cada una de ellas. En todos los sitios, tanto la mujer como el hombre deseaban un cónyuge que fuese bueno, comprensivo, inteligente, emocionalmente estable, que tuviese un carácter excitante o interesante, un temperamento agradable y que estuviese en buen estado de salud.

¿Y en cuanto al amor? Muchos científicos creen que el amor es una noción occidental inventada hace sólo unos siglos. Nuestros descubrimientos demuestran que estos científicos no llevan razón. En todo el mundo, la gente da valor al amor.  El amor no es un concepto limitado a Europa o incluso al mundo occidental. Tanto los chinos como los indonesios, los bantúes o los nigerianos, los iraníes o los palestinos, todos dan valor al amor por igual. Al menos en lo que se refiere a estas ocho características, la gente tiene en todo el mundo los mismos deseos. Nuestras teorías científicas deben ser revisadas. Las preferencias de pareja no dependen tanto de las diferentes culturas como pensábamos.

Pero no es tan fácil como parece. No todas las características eran uniformes en diferentes culturas. De hecho, para algunas características, las preferencias de la gente respecto a su pareja variaban tremendamente según la cultura. La castidad -la falta de relaciones sexuales previas- demostró ser la característica más fuertemente ligada a la cultura. Y esto sorprendió a nuestro equipo de investigación.

Pensábamos que en todo el mundo el hombre valoraría la castidad, y que la valoraría más que la mujer, debido a las diferencias entre el hombre y la mujer a la hora de determinar la paternidad. La mujer está segura al ciento por ciento de que es la madre de sus hijos. Pero el hombre nunca puede estar completamente seguro de que es el padre. Si da valor a la castidad, el hombre podría estar más seguro de su paternidad. Averiguamos que no todos los hombres piensan así.

Nos sorprendió que ni los hombres ni las mujeres de Holanda dieran ninguna importancia a la castidad. Tampoco los países escandinavos valoran demasiado la virginidad.  De hecho, algunas personas indicaron en el cuestionario que la castidad era un factor indeseado o malo en un/a futuro/a compañero/a sentimental. Sin embargo, en China, la virginidad constituye un requisito indispensable en la pareja; casarse con una persona que no sea virgen es impensable. También en Irán, Taiwan y la India, la gente da un valor tremendo a la castidad. Entre estos dos extremos opuestos -los países de Europa occidental y los países asiáticos- se encontraban Nigeria, Suráfrica, Zambia, Japón, Estonia, Polonia y Colombia: todos consideraban la castidad como algo moderadamente deseable en la pareja.

La cultura, no obstante, no lo explica todo. No encontramos ninguna cultura en la que la mujer diera más valor a la virginidad que el hombre. De hecho, en dos terceras partes de todas las culturas -lo que es una mayoría abrumadora- el hombre da a la castidad de su cónyuge más importancia que la mujer. La cultura sí influye en la valoración de la castidad y  lo mismo ocurre con el sexo biológico. 

En Estados Unidos vemos algunas pegatinas que dicen: “Si eres rico, soy soltera”.  Pero la importancia que se le da a los bienes materiales no es solamente una obsesión de los estadounidenses o de los países capitalistas. Desde las tribus zulúes en Suráfrica hasta las grandes ciudades brasileñas, la mujer, en mayor medida que el hombre, busca en su pareja un buen sueldo, unas perspectivas financieras, ambición, laboriosidad y una situación social, características que proporcionan recursos materiales.

Nos sorprendió obtener estos mismos resultados en países socialistas o comunistas donde los salarios son menos dispares. La mujer parece buscar estos recursos en su pareja sea cual sea el régimen político, lo cual confirma una importante predicción en la biología evolutiva. A lo largo de la evolución de la raza humana, la mujer ha necesitado recursos materiales para ayudar a sus hijos a sobrevivir y prosperar.

¿Es que las mujeres son más selectivas que los hombres? Ciertamente, en casi todas las culturas, las mujeres se mostraron más perspicaces y selectivas que los hombres.  La mujer tiene normas más rígidas respecto a una amplia serie de características. Quiere más de casi todo. Estos descubrimientos apoyan una predicción científica clave de la teoría evolutiva. En aquellas especies en que la hembra dedica más esfuerzos a su prole que el macho, la hembra también seleccionará con más cuidado a su pareja.

Por su parte, el hombre manifestó una selectividad más acusada en tan sólo dos características. La primera era la juventud. En todo el mundo, el hombre prefiere una mujer más joven que él. Pero la preferencia en cuanto a cuál debiera ser la diferencia de edad depende de la naturaleza de la relación de pareja. En culturas que permiten al hombre tener muchas mujeres, como en Zambia y Nigeria, los hombres prefieren cónyuges mucho más jóvenes que ellos, hasta una diferencia de siete u ocho años. En culturas que limitan la elección a un cónyuge, como en el caso de España, Francia y Alemania, el hombre prefiere una esposa sólo unos años más joven que él. Es interesante advertir que en todas las culturas las mujeres preferían maridos mayores que ellas, porque los hombres tardan algo más en alcanzar la madurez que las mujeres y porque un hombre mayor suele tener más recursos que un hombre joven.

Pero el hombre no busca solamente la juventud. En todo el mundo, los hombres valoran en su cónyuge el “atractivo físico” mucho más que las mujeres.

Las teorías sociológicas tradicionales proponen que la noción de belleza en el ser humano depende de la cultura -es decir, que sólo existe a “los ojos del individuo”- y que los criterios de belleza son  arbitrarios. Sabemos ahora que estas teorías son parcialmente falsas. Todas las culturas consideran atractiva una piel limpia, flexible y sin arrugas; un cabello brillante, unos labios carnosos, un buen estado de salud, unas facciones regulares y otros signos de juventud y salud. A pesar de que hay culturas que muestran preferencias por formas un poco más orondas o finas, en todo el mundo el hombre tiene unos criterios similares sobre la belleza femenina.

La importancia que los hombres dan a una imagen atractiva no constituye una característica limitada a Europa occidental o a Estados Unidos; ni de los países saturados por la televisión o el cine, ni de grupos raciales, étnicos, religiosos o políticos específicos. En todas las culturas conocidas, desde las sociedades tribales  de África y América Latina hasta las grandes ciudades occidentales, los hombres atribuyen gran inportancia a la apariencia física en una cónyuge potencial, y tienen una razón muy poderosa para hacerlo así.

Según una nueva teoría científica, estas cualidades son la mejor señal de que la mujer es fértil y tiene una buena capacidad reproductora. El hombre no tiene por qué ser consciente de ello. Nos gustan los dulces sin que sepamos los procesos nutritivos de la ingestión calórica. Igualmente, el hombre aprecia la juventud y el atractivo sin saber que estas cualidades indican la fertflidad y la capacidad reproductora en la mujer.

En cuanto al caso concreto de las preferencias de los españoles, recogidas por el profesor Ángel Blanco-Villaseñor, de la Universidad de Barcelona, se observar que hombres y mujeres entrevistados valoran mucho la bondad y la inteligencia, como en el resto del mundo. Y también los españoles aprecian más el atractivo físico que las españolas.

También hay algunas diferencias. Los españoles sitúan la “personalidad interesante” como la primera preferencia, al contrario que en otras partes del mundo.  Igualmente, los españoles valoran la “creatividad y la sensibilidad artística” más que los hombres en otros sondeos. Las españolas se diferencian de las mujeres de otros países en que valoran a un marido que sea “bueno en las labores de la casa”, cualidad que consideran la cuarta más importante. Por el contrario, las mujeres en el resto del mundo la clasifican en undécimo lugar. Hay que tener en cuenta que estos aspectos únicos en los resultados obtenidos en España puede que estén limitados tan sólo a esta muestra y quizá no correspondan a la realidad en el resto de España.

Resumiendo, en todas las culturas, a la hora de escoger una pareja o de plantearse el matrimonio, los individuos actúan según sus preferencias. En todo el mundo, los hombres se casan con mujeres en general más jóvenes que ellos. Y no deja de ser interesante que aquellos hombres que disponen de muchos recursos pueden escoger una cónyuge más joven y atractiva. Las mujeres atractivas tienen más facilidades para encontrar un marido con muchos recursos y una situación social mucho más alta.

A todos nos gusta pensar que somos únicos. Lo somos. Y la cultura es un factor importante. Pero, en cierto modo, un español es igual que un mongol y una irlandesa que una india. A la hora de buscar pareja, todos somos de la misma especie.

David M. Buss. 

Catedrático de Psicología del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Michigan (EE UU).


 

 

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