Celulitis: aunque no dañina, molesta y poco estética

Casi sin darnos cuenta estamos a puertas de la primavera; en breve empezaremos a cambiar hábitos para adaptarnos al renacer de la naturaleza. Este renacer que, sin saber como, se nos contagia y nos invade poco a poco, haciendo que nos sintamos más vivos, más eufóricos, más animados y con la ilusión de ver acercarse las vacaciones. El incremento de las horas de luz se nota en nuestro organismo y la aparición de colores más vivos a nuestro alrededor nos impregna de tal modo que no nos sentimos “tan grises” como en invierno. Atrás quedaran el frío, la oscuridad y los refriados típicos de la temporada para dar paso al tiempo cálido, al florecimiento de árboles y plantas y a las alergias y astenias primaverales.

Como todo en la naturaleza, todo Yin tiene su Yang, es decir, todo lo que existe tiene su doble aspecto. Si bien es cierto que esperamos poder liberarnos pronto de abrigos, botas, gorros y bufandas para substituirlos por camisetas y shorts es cierto también que las prendas de abrigo no solo nos protegen de las inclemencias del tiempo sino que, en un sentido más práctico y puramente estético, hay que recordar que “esconden” esos quilitos de más que, sin saber como exactamente (o sí!) hemos ido camuflando debajo de las albardas durante el periodo invernal. Ahora toca “cambiar armarios” y es cuando se nos pasa de repente y de forma súbita la euforia; es cuando nos damos cuenta de que “el verano pasado no tenía tantas protuberancias aquí o allá” y por lo general, ese “aquí o allá” está almacenado donde más molesta por su evidencia.

Ahí está ella, asomando por debajo de la minifalda, escondida hasta ahora por los pantalones o los leotardos: la Celulitis. La vemos con espanto y nos hace dudar de si ya ha terminado la temporada de los cítricos puesto que la “piel de naranja” sigue acumulada en nuestros muslos y barriga.

Se entiende por celulitis la “inflamación difusa de los tejidos de sostén del organismo, referida generalmente al tejido celular subcutáneo”. Dicho de otro modo, es la acumulación de tejido adiposo en determinadas zonas del cuerpo, lo que forma nódulos compuestos de grasa, toxinas y agua. Esta acumulación se produce cuando hay alteraciones en la hipodermis o tejido subcutáneo, la capa más profunda de la piel.

Si bien no se trata de ninguna enfermedad y no presenta ningún riesgo para la salud hay que destacar que actualmente supone una de las principales preocupaciones a nivel estético entre la población femenina ya que, por lo general, la celulitis afecta más a las mujeres que a los hombres. Tanto es así que entre el 85 y el 99% de mujeres presenta algún grado de celulitis. Esta predisposición se debe básicamente a factores hormonales; se ha demostrado que una alta concentración de estrógenos en sangre (hormona sexual femenina producida por los ovarios) puede provocar fragilidad y porosidad de los vasos sanguíneos, lo que lleva a alteraciones responsables de la acumulación de líquidos y toxinas en el tejido celular subcutáneo. Si bien esta es la causa principal de la formación de la celulitis hay que tener en cuenta también otros factores, como son el consumo de anticonceptivos orales, ya que éstos aumentan el nivel de estrógenos, la vida sedentaria, una dieta rica en grasas, el uso de ropa demasiado ajustada o que no permite la correcta transpiración, el estreñimiento y la herencia genética. Es evidente, pues, que aunque es cierto que la celulitis se agrava con los años, al estar relacionada con el aspecto hormonal y el modo de vida no es un problema dependiente de la edad ni asociado al envejecimiento ya que afecta tanto a mujeres jóvenes como más maduras, tengan el peso que tengan. 

La celulitis, aunque empeora con los años, no es un problema dependiente de la edad

ni asociado al envejecimiento así como tampoco exclusivo del sobrepeso.

La aparición de la celulitis, también llamada “piel de naranja”, “piel acolchonada” o “piel con efecto capitoné” (recuerda a los sofás de piel con botones) se desarrolla en 4 fases.

En la primera fase la celulitis no se manifiesta, la piel no muestra ningún cambio porque se desarrolla en el interior, en la capa más profunda. En una segunda etapa, el espesor de la piel aumenta y aunque ya puede apreciarse no se siente dolor al tocar la zona afectada. En la tercera fase es cuando aparece la típica “piel de naranja”, asociada a las molestias que provocan la palpación de la zona y finalmente, en un cuarto estadio, el dolor es más intenso, presente incluso aunque no se toque la parte afectada, que está más fría que el resto del cuerpo, y la “piel de naranja” aparece más hinchada.

Hay que destacar que no todas las celulitis son iguales, en base a su apariencia y características pueden clasificarse en 3 categorías distintas.

Cuando la piel presenta un aspecto granuloso y duro al tacto se trata de la llamada Celulitis dura o compacta. Puede ser o no dolorosa, por lo general se localiza en la cara externa de los muslos y en la interna de las rodillas y aparece más en mujeres jóvenes. Si se trata de la tan nombrada “piel de naranja” el aspecto de la piel será más bien esponjoso y molestará ligeramente al tacto. Este tipo, llamado Celulitis blanda o flácida, es frecuente en los muslos, glúteos, abdomen y brazos y las mujeres más afectadas son las que han cumplido los 40 años. Finalmente la Celulitis edematosa es mórbida y se asocia a la retención de líquidos y la insuficiencia venosa. Suele ser dolorosa, se localiza en las piernas y es más habitual en jóvenes y adolescentes.


 

Rosa Maria Canas es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona y graduada en Naturopatía y Medicina Tradicional China por el Centro de Estudios de Naturopatía y Acupuntura de Barcelona (CENAC).

Especialista en Acupuntura, Terapia Floral y Homeopatía.

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