Como curar el Alma Nacional

La nación es un campo de batalla donde sin cesar se enfrentan la luz y la sombra. El deseo de prosperar y los recortes en la economía. Vivimos tiempos difíciles en donde aún es prematuro vislumbrar soluciones.

El país es un campo de batalla donde sin cesar se enfrentan la luz y la sombra de sus moradores. Aunque algunos tratan permanentemente de institucionalizar la primera, otros piensan que es imposible conservar la competitividad de la nación sin la segunda. El sistema de recortes no es una motivación que impulse a avanzar hacia la salida de esta crisis. No promueve el compromiso personal de todos los ciudadanos para impulsar el crecimiento, más bien contribuye a una fractura social entre los que están desempleados y sus gobernantes.

En un mundo globalizado como el actual, el sistema de recorte del estado de bienestar, como el que estamos sufriendo en España, no promueve la iniciativa privada, la encargada de reactivar el paro. No permite avanzar hacia el fin de la crisis, ni tan siquiera permite sobrevivir a los ciudadanos. Miles de familias subsisten gracias al subsidio de desempleo, y aquellos que ya lo agotaron malviven de las pensiones de sus familiares ancianos. Los desahucios continúan, mientras los comedores sociales están repletos de titulados superiores. Y cabe preguntarse: ¿Cómo es posible una reactivación de la economía en estas circunstancias? A menos poder adquisitivo menor consumo y por lo tanto más empresas cierran con el consiguiente aumento de la tasa de desempleo. Sin poder adquisitivo menos recaudación de impuestos y cuanto menos se recaude más habrá que recortar la economía familiar con subidas de IVA y otros impuestos, y bajadas de sueldo de funcionarios públicos... etc.

Como demuestran cientos de estudios en el área de los negocios, sin creatividad y pasión  de sus miembros ninguna empresa -y lo mismo vale para un país- puede ser competitivo en un mundo como el de hoy. La llamada política de recortes nos ha convertido en un país de abatidos, donde el desánimo ha pasado a formar parte de la vida nacional.

La creatividad y la pasión, necesarias para avanzar hacia la recuperación nacional sólo fluyen del amor y la dignidad, nunca del temor y la desconfianza. El temor y la desconfianza matan a la iniciativa privada, ahuyentan a los inversionistas, el capital intelectual disminuye, los cerebros más preparados, aquellos que deben liderar la salida de la crisis emigran a otros países... De este modo la crisis se ha hecho más profunda.

La política de recortes, o al menos en la forma en que es actualmente aplicada, no está dando los resultados esperados. El desempleo, el auténtico medidor de la crisis, sigue aumentando. La prima de riesgo es cada vez más alta, y nada parece indicar que la situación vaya a mejorar. Mientras tanto la indignación nacional crece. Posiblemente la crisis se hubiera evitado si hubiera habido más inversión en educación, en vez de haberla utilizado como instrumento político. Un pueblo educado, que conoce sus derechos y su dignidad no permite atropellos. Pero ahora, ante la incapacidad de encontrar soluciones,  siempre nos cabe observar a nuestros países vecinos, más educados, y ver como remedian su crisis y aprender de ellos.

La conciencia nacional es resultado de la conciencia de sus habitantes. La única motivación capaz de despertar las energías profundas de renovación de un país, es la que nace de cada habitante. Esta motivación se funda en el deseo trascendente de expresar la riqueza que llevamos dentro, de nuestra creatividad y pasión por nuevos proyectos. En la Grecia clásica, la parte luminosa de la realidad estaba representada por Apolo, la innovación, el entusiasmo, la inspiración. La parte oscura por Dionisio, el dios de la transformación. Dionisio es la cara espantosa de la vida, aquella que infunde miedo y desesperación, el caos que se opone a nuestra competitividad, pero luz y oscuridad existen y son necesarias en el ciclo cósmico. Algunos recortes son necesarios, pero la desmesura dionisiaca ha acabado por enfermar el alma nacional.

La clave para integrar luz y oscuridad, creatividad y recortes es que ambos, Apolo y Dionisio dancen en armonía, de este modo los habitantes de este país recuperarán la autoestima, tan destruida por intereses tan mezquinos. Necesitamos una política de equilibrio y seguridad para recuperar nuestra dignidad, esa que no conoce el miedo al futuro, que se atreve, porque sabe que toda crisis sólo puede ser redimida mediante el aprendizaje.

 

Frederic Solergibert Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano. Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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