Como queremos que sea el año 2005

El 2004 se cierra con un balance carente de respeto por el hombre y por la madre tierra. Quizá esa Nochevieja de alegría rota por el maremoto en el Índico augure un 2005 en el que los humanos reaccionen y exijan sensatez a sus dirigentes para que erradiquen el mal que engendran.

Al inicio de un nuevo año, todos hacemos balance del anterior y generamos promesas por cumplir. Este año, no está fácil, después de un año complicado como fue 2004 no parecía posible hacer nuevos propósitos con convencimiento y fuerza: atentados, guerra, desastres naturales, destrucción… Pero, en cambio, también podemos fijar la atención en la respuesta ante estos hechos: manifestaciones de protesta, elecciones, toma de conciencia y, por encima de todo, mucha, mucha solidaridad.

La naturaleza, la Tierra se están quejando de que los seres humanos hemos perdido en las últimas décadas el sentido de la armonía en la convivencia con nuestro planeta. Debemos escuchar más los ritmos naturales en nuestro interior y agruparnos para lograr aquellos objetivos que creamos son justos. Cambiando por dentro y actuando fuera.

La solidaridad es el gesto de amor que se tiene al compartir el dolor o la alegría del otro. Solidaridad es la mano que se tiende para ayudar a levantarse, el donativo que se da, el niño que se apadrina, pero sobre todo es un estado de la mente. Solidaridad es ver que los otros no son nuestros enemigos, solidaridad es salir a la calle sin pensar que nos van a atacar. Solidaridad es pensar que se puede vivir sin el “quítate tú, pa’ ponerme yo”, que se puede vivir en un mundo donde las cosas se logran sin robarlas, sino por el propio trabajo, donde la norma no es el empujón y donde ayudar a otros no es ser tonto, ni débil.

Un pequeño gesto puede cambiar muchas cosas. Los afro americanos dejaron de ser ciudadanos de segunda gracias a una mujer mayor que se negó a seguir sentándose en la parte de atrás de un autobús; la India fue libre porque Gandhi decidió cambiar la forma de luchar por la independencia; Green Peace, Médicos sin Fronteras, el padre Vicente Ferrer, Amnistía Internacional, Perseverança se iniciaron porque alguien dijo basta a una situación con la que no estaba de acuerdo. Hay un valor inmenso en el pequeño gesto que puede ser como una bola de nieve que crece y crece. La fe en un mundo mejor se puede traducir en grandes hechos, pero también y sobre todo en los pequeños: una sonrisa, un apartarse y ceder el paso, aguantar una puerta, preguntar cómo te encuentras. No hace falta fundar una nueva asociación, basta con proponerse mantenerse fiel a ese sentido interior de ayuda y amor, basta con decidir no seguir transigiendo con aquello con lo que no estamos de acuerdo, especialmente cuando las circunstancias son duras, cuando te responden mal, cuando te empujan o presionan para ser tú también egoísta, brutal, insolidario.

Articula siempre palabras positivas en relación a los otros, aprovecha cada instante de tu vida y vívelo como si fuera por primera vez con amor y sabiduría. Se siempre una persona buena contigo mismo.

El año que se va nos deja un mal sabor de boca, Las guerras ha creado un mundo más inseguro, incluso en Iraq en donde ha habido más muertes y heridos que en 2003, cuando la guerra era oficial y declarada. El 2004 ha sido un año en el que el hambre y la pobreza no han dejado de aumentar. Pero como siempre en las más trágicas y peores circunstancias se destaca que la reacción individual de las personas supera la institucional de los gobiernos que rigen las sociedades. ¿Hasta cuándo?

Este año 2005 va a ser como cada año de nuestra vida como nosotros queramos que sea. No precisamos gobiernos, ni grandes decisiones, basta con soplar las ascuas del amor en nuestro corazón para que vuelva a ser una bonita llama que nos caliente y de calor a los que nos rodean, los conozcamos o no, porque no estamos separados, somos un solo ser, un solo planeta, una sola alma. Ese podría ser el mejor deseo para el nuevo año. Que algo cambie en nuestros corazones para que todo cambie en el mundo y la humildad desplace a la soberbia de los poderosos.


Frederic Solergibert Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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