Dolor de Cabeza II: Migrañas

Aunque la migraña no es una enfermedad hereditaria existe una predisposición genética en aquellas personas con antecedentes familiares migrañosos.

La persona que sufre de cefaleas no siempre es capaz de definir de qué tipo de dolor se trata sin embargo aquella que padece de migraña por lo general sabe identificarla rápidamente debido a los signos particulares que la acompañan y a la intensidad del dolor de cabeza que provoca esta patología.

De los vocablos griegos “hemi” (medio) y “kraníon” (cráneo) la migraña se define como una cefalea recidivante, pulsátil (con sensación de latido) e intensa que suele ser hemicraneal, aunque a veces afecta a ambos lados de la cabeza, y que puede contar con la presencia de náuseas, vómitos, fotofobia y fonofobia (intolerancia anormal a la luz y a los ruidos). En ocasiones se da el periodo llamado pródromo, fase previa al dolor de cabeza, de entre 10 y 30 minutos antes, en el que a modo de aviso pueden aparecer otros síntomas además de los anteriormente mencionados, como son la pérdida parcial de la visión debido a manchas oscuras en el campo visual (escotomas), distorsión de las imágenes, irritabilidad, hormigueos o cambios de humor. En casos más excepcionales una crisis de migraña acarreará también problemas de coordinación motora y de lenguaje.

El fuerte dolor de cabeza, debido a la dilatación de los vasos o las arterias cerebrales, aparece de forma repentina y puede llegar a ser invalidante para quien lo sufre porque, además de su intensidad, se trata de un tipo de dolor que empeora con el movimiento y el ejercicio físico y mejora con la oscuridad, el silencio y el sueño. Los síntomas y la duración de las crisis no son regulares y varían según la ocasión y de una persona a otra. Sin embargo, y teniendo en cuenta estas consideraciones, por lo general un episodio de migraña puede durar desde unas horas hasta más de 3 días y repetirse con una frecuencia de una a 4 ó 5 veces al mes. Si bien la migraña puede aparecer a cualquier edad lo más frecuente es que surja entre los 10 y los 30 años, principalmente en mujeres, y en el mejor de los casos llega a desaparecer a partir de los 50.

Hasta hoy no se conocen del todo las causas que provocan la migraña pero se han identificado una serie de factores que pueden ser desencadenantes de la misma. Un elemento importante es la genética; aunque no está claro que se trate de una enfermedad hereditaria sí es cierto que existe una predisposición en aquellas personas con antecedentes familiares migrañosos. Además, en algunos tipos determinados de migraña se ha descubierto en el cromosoma 9 el gen que la transmite.

Dos factores que juegan un papel sumamente importante en la aparición de una crisis de migraña son el ritmo de vida actual, caracterizado por el estrés, y la alimentación. Las prisas, la competitividad y los niveles de exigencia con los que vivimos generan una situación de estrés que no siempre somos capaces de gestionar correctamente. Esto suele derivar en una serie de consecuencias, como trastornos del sueño, ansiedad y hasta depresión, que pueden acabar en episodios de importantes dolores de cabeza. Por otro lado, los alimentos que consumimos pueden ser determinantes en caso de migraña ya que ésta puede tener su origen en una alergia o una intolerancia alimenticia. En estos casos al evitar el consumo del producto “dañino” desaparece la patología.

Al margen de este factor individual hay una serie de alimentos cuya composición favorece la aparición de una crisis en las personas que son propensas a la migraña. Se trata de aquellos que son ricos en tiramina o histamina, como por ejemplo quesos curados, cacahuetes y nueces, chocolate, plátanos maduros, vino tinto, cerveza, carnes rojas y procesadas y marisco, entre otros. Tampoco son aconsejables el café, el alcohol ni determinados aditivos, como el glutamato monosódico o el aspartamo, que se utilizan para ensalzar el sabor de los alimentos.

Un factor también predominante en la migraña es el componente hormonal. La mayoría de personas afectadas por migrañas son mujeres que las sufren durante la ovulación y/o la menstruación debido a los cambios en los niveles hormonales que se producen en esos momentos. De hecho la incidencia de la migraña infantil es prácticamente proporcional entre niños y niñas y a partir de la menopausia pero la cifra se dispara durante la edad fértil de la mujer y tras la menarquia (aparición de la primera regla). Otros desencadenantes de un episodio de migraña pueden ser factores medioambientales, como por ejemplo los cambios de presión atmosférica, de temperatura y de altitud, luces deslumbrantes o fluorescentes y olores fuertes, así como  el consumo de determinados fármacos.


Rosa Maria Canas es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona y graduada en Naturopatía y Medicina Tradicional China por el Centro de Estudios de Naturopatía y Acupuntura de Barcelona (CENAC). Especialista en Terapia Floral y Homeopatía.

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