El amor por uno mismo

El Narcisismo y el adecuado y necesario amor por si mismo.

Frecuentemente encontramos la sombra de Narciso tras muchos deseos de ayuda y liderazgo. Estos nobles ideales no son en sí mismo perniciosos, pero sí lo son la forma de tratar de llevarlos a cabo. En algunas personas, el narcisismo actúa como una forma de negación. Restarse méritos a sí mismo es narcisismo al revés. Despojado el individuo del amor por sus realizaciones, la persona retrocede ante el placer de sus propios logros, negándose todo sentimiento de realización. El narcisismo es señal de queno se está recibiendo suficiente amor. Sanar el narcisismo es vital para cultivar el adecuado amor a uno mismo.

La antigua historia de Narciso, tal como la cuenta en las Metamorfosis el escritor romano Ovidio, no es simplemente la historia de un muchacho que se enamora de sí mismo, sino que tiene muchos detalles sutiles y reveladores. Ovidio nos cuenta, por ejemplo, que Narciso era hijo de un dios del río y de una ninfa. En la mitología se puede considerar con frecuencia que el parentesco expresa verdades poéticas. Al parecer Narciso –y, por extensión, en nuestro propio narcisismo- hay algo esencialmente líquido o relacionado con el agua. Cuando somos narcisistas, no estamos en terreno firme (tierra), ni pensamos con claridad (aire), ni nos domina la pasión (fuego). En algún sentido,  somos como sueños, fluidos, no tenemos una forma clara, estamos más inmersos en una corriente de fantasía que afianzados en una firme identidad.

Narciso tiene dieciséis años y es tan encantador que muchos jóvenes se sienten atraídos por él; pero como dice Olvido, está tan lleno de rígido orgullo que nadie puede verdaderamente acercársele. Y es que el corazón de Narciso es tan duro como una roca y rechaza toda intimidad, no deja espacio para la ternura. Los demás son tan sólo meros admiradores. Su acercamiento podría en peligro el frágil sentimiento de poder en el que se aferra.

Un día, uno de los jóvenes a los que Narciso desdeña le lanza una maldición: “Ojala te enamores y no obtengas lo que amas”. “Espero que algún día sepas  lo que es amar a alguien y no ser correspondido”. En realidad es una bendición disfrazada. Si la maldición es eficaz, la persona puede cambiar.

Eco y Narciso de John William Waterhourse

En los mitos las maldiciones acostumbran a cumplirse, un día el joven se aproxima a un estanque de agua quieta y tersa. Cuando Narciso inclina la cabeza sobre el agua para beber, ve su imagen reflejada y queda hipnotizado, fascinado por este rostro. Como los jóvenes que antes lo desearon, Narciso siente una gran avidez, tantea el agua, pero no puede agarrarla, lo que está buscando no está en ninguna parte. Ahora como los enamorados a quienes desdeñaba, él se consume de deseo y sufre por no poder alcanzar el amor.

El narcisismo es un estado en el cual la persona no se ama a sí misma. Esta carencia de amor, toma la apariencia de su opuesto, porque la persona pone todo su empeño en conseguir su propia aceptación. El complejo se rebela en el esfuerzo y  la exageración, demasiado evidentes. Para las personas de su entorno, está claro que el amor del narcisismo es superficial. Instintivamente sabemos que alguien que habla todo el tiempo de sí mismo no debe tener un sentido de sí mismo muy fuerte. El individuo prisionero de este mito siente su fracaso enamarse a sí mismo como una especie de proceso sádico masoquista, rechaza a los demás en pos de sus sentimientos de superioridad.

Narciso se encuentra al borde del estanque, atormentado por haberse dado cuenta de que, de ese muchacho que está en el agua, sólo lo separa una tenue membrana. Su rostro esta cerca de él, y, sin embargo, le es imposible alcanzar.  Sumergido en estos pensamientos, de pronto, le asalta una idea “Soy yo” exclama con profunda sorpresa. En este instante descubre que el  rostro que tanto amaba no es otro que el suyo.

Podríamos decir que la cura para el narcisismo consiste en pasar del amor hacia uno mismo, que siempre lleva en sí una brizna de narcisismo, al amor hacia la profundidad del yo, del Ser. O para decirlo en otra manera, el narcisismo al romperse nos invita a ensanchar las fronteras de quienes creemos ser. Al descubrir que el rostro del estanque es el suyo, Narciso exclama: Lo que anhelo ya lo tengo. El amor por una nueva imagen de sí mismo conduce a un nuevo conocimiento de uno mismo y de su potencial

La historia de Narciso deja claro que uno de los peligros del narcisismo es su inflexibilidad y rigidez. Pero al descubrirse a sí mismo, el narcisismo se transforma en amor. Narciso reclina la cabeza sobre la hierba, junto al estanque, y después desaparece silenciosamente en el mundo subterráneo, donde sigue contemplando su imagen en las aguas del rio. Los compañeros de Narciso buscan su cuerpo sin poder hallarlo. En su lugar encuentran una flor con el centro amarillo y los pétalos blancos. Aquí vemos como la dura rigidez se transforma en la blanda y flexible textura de una flor, deun narciso. El relato de Ovidio se inicia con un rígido dominio y finaliza con el florecimiento de una personalidad.


Frederic Solergibert Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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