El arte de la oportunidad

No se obtiene beneficio alguno soltando las riendas de nuestros asuntos y adaptándonos a lo que la vida nos quiera traer. En cierta medida tenemos la responsabilidad de dirigir nuestro tiempo de vida hacia el logro de nuestras aspiraciones, de lo contrario nos convertiremos en victimas de las circunstancia.

Ciertamente no podemos adelantar la salida del sol ni pagar para que haya luna llena. EL invierno sabe exactamente cuando convertirse en primavera y nada puede convencer a las flores para que nazcan antes de tiempo. A medida que avanzamos en la vida, debemos aceptar que todo sucederá cuando se supone que suceda. Aceptar este principio nos enseña a ser pacientes, algo que es fundamental a la hora de saber aprovechar las oportunidades.

Pero también es cierto que vivimos tiempos difíciles y a diario convivimos con personas portadoras de mentes agitadas, personas tensas que van y vienen preocupadas prisioneras de las manecillas del reloj, ansiosas por cumplir un horario y con fuertes deseos de ganar, con mucho temor a perder. Gentes que tratan de abrirse camino a través de la competencia, el esfuerzo y la lucha diaria. La sociedad nos impone su ritmo y hemos de acatarlo si deseamos sobrevivir.

La naturaleza impone su ritmo, y la sociedad el suyo. Dos corrientes que se entremezclan y a veces se confunden. Si nos imbuimos en el latir de la naturaleza podemos caer en el conformismo y creer que las cosas simplemente suceden y que por lo tanto no puedo hacer otra cosa que asumirlo. Mientras el latido de la sociedad nos invita a luchar, a modificar, a conquistar.

La vida transcurre y en ella hay instantes difíciles, momentos álgidos, de dolor o de fracaso. Y aunque en la naturaleza las cosas sucedan no podemos convertirnos en personas conformistas, que aceptamos cada calamidad como un designio de lo alto. Si no más bien pienso que es mejor preguntarse como el desastre pudo haberse evitado o como puedo sacarle ventaja a ello. El ritmo natural nos enseña a ser pacientes, a saber esperar el momento mas adecuado para actuar, pero esto implica pasividad sino que la paciencia, la dedicación a algo y el confiar en uno mismo hacen posible apreciar nuevas posibilidades.

En la naturaleza todo sucede a su tiempo pero la división del tiempo es un concepto artificial que hemos inventado para hacer mas tolerable y humano la infinita eternidad y el universo. Ya que hemos sido nosotros los inventores del tiempo, en cierta medida podemos modelarlo y jugar con el. El tiempo es diferente ante cada situación de la vida, el niño siempre tiene tiempo de sobra, el joven tiene una vida por delante, el adulto percibe que su tiempo se acaba. El tiempo es el mismo pero influye en nuestro estado emocional en forma diferente. Tiempo y emociones están íntimamente ligados, recuerdas la lentitud en que pasan los minutos cuando simplemente esperas que pasen, para poder salir ha hacer algo que te gusta, o lo rápido que transcurren cuando disfrutas con algo que te gusta.

El tiempo es algo que merece mucha atención. Si tratamos de ir muy rápidos cometeremos errores, si deseamos tener éxito es preciso desacelerar nuestras acciones. Cuando se apura el paso por temor o impaciencia a menudo se crean al mismo tiempo nuevos problemas por resolver, y al final tardamos mucho más que si hubiéramos optado por un ritmo más pausado. A veces, quienes caminan deprisa pueden llegar antes, pero los peligros se acrecientan y el resultado es que el apresurado se encuentra en un constante estado de tensión.

Desacelerar la mente permite ver con claridad el futuro. Desacelerar el tiempo permite obtener una perspectiva de los tiempos en que vivimos, tomar cierta distancia y ubicarse en una posición menos emocional, para así ver con mayor claridad las cosas por venir. Los apresurados suelen confundir un fenómeno superficial con una verdadera tendencia y verán sólo lo que quieren ver. Es mucho mejor ver lo que realmente esta sucediendo, aun cuando sea poco placentero o dificulte nuestro progreso.

El éxito es para los pacientes que saben aguardar el momento oportuno para actuar. Paciencia no debe ser confundido con temor, los miedosos adquieren un aura de precavidos cuando en realidad lo que temen es llevar las cosas al final. Nunca demuestres tener prisa ya que el apuro delata una falta de control sobre el tiempo y el propio actuar. Muéstrate siempre paciente, como si supieras que, con el tiempo todos sus deseos se cumplirán. Aprende a mantenerte a la expectativa esperando el momento adecuado y cuando la oportunidad aparezca, aprovéchala.


Frederic Solergibert Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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