El Capital intelectual, la base de nuestro éxito futuro

Vivir una vida en continuo aprendizaje debe convertirse en una pasión irresistible que nos lleve a experimentar, probar o gustar de nuevas ideas, de nuevos conceptos que nos motiven a renovarnos constantemente. Mantener nuestro cerebro joven significa no perder la capacidad de aprender y cambiar.

¿Por qué las mejores ideas jamás se llevan a la práctica? ¿Por qué para muchas personas es tan difícil cambiar, incluso cuando el dolor o el fracaso les marcan claramente la necesidad de orientar su vida en otra dirección?. La inercia mental o el miedo a lo que pueda pasar suelen ser las causas que nos impiden mantenernos adaptables y en constante aprendizaje. Sabemos con certeza que las personas que tendrán más éxito en el futuro son aquellas que son más capaces de cambiar rápida y eficazmente, con cambios fundamentales, duraderos y en todos los niveles de la vida.

La resistencia al cambio emerge de la arraigada creencia popular entre las personas menos flexibles de que lo nuevo es peligroso y que el ayer es siempre mejor que el hoy. Esta tendencia que puede emerger más claramente al acercarse la tercera edad, existe latente desde la infancia en nuestra mente creando desconfianza o rechazo al cambio. Tendemos a resistirnos al cambio porque percibimos que es o puede ser un elemento negativo en nuestra vida: el cambio es para empeorar. Despierta temores en nuestra conciencia, el temor a lo desconocido o el temor a las pérdidas: de la libertad, de la posición, del poder o de unas condiciones de vida o económicas especialmente buenas. De hecho, el miedo a la pérdida es el mayor obstáculo para el cambio en los hábitos de conducta.

Otro factor a tener en cuenta si nos proponemos cambiar es la sublevación de nuestros amigos o de nuestra familia, la tendencia del entorno a la estabilidad excesiva. "¿No estás bien como estás?" o "¿Por qué vas a correr ese riesgo?" son sólo dos formas de los diversos muros contra los cuales se estrellan las nuevas y excelentes ideas. Sin embargo, el cambio es parte esencial de la vida: día y noche; sueño y vigilia; las estaciones; niñez, adolescencia, madurez. Cambiamos al tener nuevas experiencias, al aprender cosas nuevas, al ver acontecimientos desde nuevas perspectivas. Cambiamos al perder a algo o alguien querido. Cambiamos al llegar algo maravilloso a nuestra vida. Todo está cambiando constantemente en nosotros y, como nos demuestran las experiencias del pasado, sólo aquellos de nosotros capaces de adaptarse al cambio y usarlo a su favor podrán tener éxito en el nuevo milenio.

¿Dónde van a parar los buenos propósitos que nos hacemos cada fin de año? Hacer un propósito de cambio no es suficiente para realizarlo. Los objetivos y las metas que nos hacemos sólo se logran cuando nos implicamos en el cambio de actitud que llevan implícito. Cuando nos hacemos un propósito, deberíamos preguntarnos que estamos dispuestos a dar para alcanzar esa meta. Todo logro requiere una dedicación de tiempo y energía. Todo logro tiene unas consecuencias en nuestra vida. No podemos cambiar y quedarnos como estabamos. El cambio es el camino que nos lleva hasta el logro y es, a la vez, el precio que se paga por él. En la vida todo tiene un precio, unas consecuencias: el éxito tiene unos; el fracaso, otros; las relaciones y la soledad tienen los suyos propios. Podemos escoger nosotros conscientemente el precio que deseamos pagar o sino dejar que sean las circunstancias las que nos muevan a su antojo.

La fórmula más eficaz para conseguir satisfacción plena en nuestra vida es ser capaz de convertirse en un maestro en el cambio, aumentando nuestra flexibilidad y capacidad de adaptación. Y eso implica invertir en nuestro capital intelectual. Ser capaz de aumentar nuestros recursos a través de dedicar el tiempo y el esfuerzo necesario para familiarizarnos con las nuevas tecnologías que nos permiten desarrollarnos y crecer. Utilizar los nuevos sistemas que nos hacen maestros en el cambio, capaces de diferenciar lo que nos conviene y lo que no. Si deseas tener una vida mejor, la mejor forma es hacer de tu vida un constante aprendizaje.

 


Frederic Solergibert Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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