El Lenguaje de los símbolos

Los símbolos son profundas expresiones de la naturaleza humana. Se han dado en todas las culturas y en todos los tiempos, y desde su aparición en las pinturas de las cavernas del Paleolítico han ido acompañando el desarrollo de la civilización. En cualquier caso, los símbolos son algo más que objetos culturales: en su contexto correcto, pueden hablarnos con gran fuerza, guiando simultáneamente nuestro intelecto, nuestras emociones y nuestro espíritu. Su estudio es el estudio de la humanidad

La comunicación humana depende en gran parte de signos en forma de palabras escritas o habladas, imágenes o gestos. Estos signos son meramente representaciones de la realidad; son ecos concisamente realizados y fácilmente reconocibles de los objetos, acciones y conceptos del mundo que nos rodea. Se busca que sean precisos en su significado: mapas, señales de tráfico, palabras de un libro, las palabras que decimos para dar instrucciones; todos están diseñados para comunicar información de forma que no sea ambigua. Pero hay otro aspecto del simbolismo que es tan importante aunque menos explícito: el lado que relata nuestro mundo psicológico y espiritual interior. Dentro de este mundo interior, un símbolo puede representar alguna sabiduría intuitiva sumergida que elude su expresión directa.

Las antiguas civilizaciones reconocían el poder de los símbolos y los usaban extensamente en su arte, en la religión, en los mitos y en los rituales. Aunque a menudo no son apreciados por el racionalismo occidental, el significado interior de los símbolos es reconocido hoy en día, y siguen apareciendo frecuentemente en el arte, la literatura, las películas y en los cuentos amados por sucesivas generaciones de niños. Los símbolos profundamente arraigados son usados subliminal y cínicamente en los anuncios, y también en las imágenes y en la retórica de las campañas políticas. Para la mayoría de la gente, los símbolos más profundos se los encuentra en los sueños; también pueden verse en los espontáneos dibujos de los niños y de pacientes de psicoterapia.

El doctor Carl Gustav Jung, psicólogo y psicoterapeuta suizo, a quien debemos gran parte de nuestro conocimiento de la importancia de los símbolos en nuestra vida psicológica, enmarcaba los signos que son usados en la vida diaria como una emanación de los símbolos más profundos, los definía como “términos, nombres, y algunas veces dibujos que pueden ser familiares en la vida diaria, al mismo tiempo que poseen una connotación específica además de su significado convencional y obvio. Implican algo vago, oculto, y desconocido para nosotros.” Un símbolo se genera a si mismo desde el inconsciente como una expresión espontánea de alguna fuerza interior de la que nosotros somos conscientes, pero que no puede ser completamente expresado en palabras. Así, el símbolo se convierte, en palabras de Jung: “en un desafío perpetuo a nuestros pensamientos y sentimientos. Esto probablemente explica porque un trabajo sobre símbolos es tan estimulante, porque nos atrapa tan intensamente...”. Algunos tipos de simbolismo constituyen un lenguaje universal, ya que las imágenes y sus significados suceden en formas similares -y llevan una fuerza similar- a través de las diferentes culturas y de los siglos. Los símbolos que conforman este lenguaje son la expresión natural de nuestras fuerzas psicológicas interiores.

Quizás a causa del conocimiento intuitivo del papel que juegan en nuestra vida interior, y quizás de la manera como resuenan con nuestras emociones, las personas tendemos a reconocer los símbolos y de buena gana, desarrollamos un interés por ellos. El alma de esta sección es responder y estimular este interés y, dibujando desde la psicología, la espiritualidad occidental y oriental, la antropología y la historia, a fin de lograr un acceso fácil en el mundo simbólico.

El poder de los símbolos

Los símbolos tienden a acumular lentamente su significado, en cientos de años. Como los idiomas, sus connotaciones proliferan en muchas ramas, se dividen, siguiendo rutas distintas según el contexto cultural, a veces volviendo sobre sus mismos pasos a través de líneas de influencia. Sin embargo, algunos símbolos, o tipos de símbolos, son tan universalmente poderosos, están tan cerca de la estructura básica de la vida, que sus significados tienden a ser constantes o varían dentro un espectro mucho más estrecho.

No es sorprendente que con frecuencia haya una conexión entre el poder de un símbolo y su antigüedad. Las sociedades primitivas habitaban un mundo donde los requerimientos más básicos de la vida, - el calor, la comida, el refugio, el fuego, la luz del sol, la lluvia, el sexo- estaban continuamente amenazados. Junto al instinto de supervivencia y al instinto de reproducción estaba el instinto de buscar significados, encontrar un sentido más profundo en las necesidades de las que su vida dependía. El sol, presumiblemente, fue un objeto de intensa especulación, y ciertamente con el tiempo se convirtió en uno de los mitos más poderosos. Si el sol era crucial para la vida, quizás entonces las estrellas también lo fueran; y desde esta perspectiva, no es demasiado difícil comprender la evolución de la astrología. Aunque las civilizaciones se han ido desarrollado a través de los siglos, estas preocupaciones primitivas retuvieron su fuerza, y aún hoy en las culturas más influyentes, los símbolos conectados con ellas se alojan en la mente y resuenan poderosamente.

Actualmente, aunque en la mayoría de aspectos de vida pública el raciocinio aún prevalece, en un nivel personal todavía creemos en realidades que moran profundas más allá del alcance de la razón objetiva. Estamos dispuestos a reconocer que hay verdades que son eternas, y sentimos instintivamente que el lenguaje de los símbolos nos dará acceso a ellas. Esto explica en parte porqué los símbolos, incluso los más antiguos, parecen llenos de energía potencial, como si se dirigieran a algún centro escondido dentro de nosotros mismos.


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