El Loco

 

Hace poco, unos días después de mi cumpleaños, fui a que me leyeran las cartas del Tarot. A veces resulta un poco duro, pero las imágenes de las cartas tienen un diálogo secreto con el subconsciente, y eso siempre despierta algo en tu interior. Así que me compré un libro que explica la simbología de cada carta. Resulta fascinante comprobar que te sientes compenetrado con muchos (sino todos) de los significados de las diferentes cartas. Esta noche he soñado con "El Loco" - el personaje había entrado en mi subconsciente.

Todos tenemos un lado que es como "El Loco", que quiere coger su hatillo e ir donde le plazca, cuando le plazca. Es imprevisible y travieso, nunca sabes por dónde saldrá. También es original, espontáneo y atractivo. Está vivo. El problema es si nos asustamos de él, si queremos que todas las partes de nuestro ser respondan perfectamente a la personalidad coherente que hemos forjado a lo largo de nuestra vida. Esa personalidad que Antonio Blay llamaba el "yo-idea", o el "yo-idealizado" (a veces pueden coincidir, a veces no). En resumen, la persona que crees que eres o la que deseas ser.

Pero ... ¿quién ha dicho que tenemos que ser siempre coherentes con determinada imagen, la hayamos creado nosotros o los demás? ¿Quién ha dicho que tenemos que dar garantías de que siempre actuaremos dentro de una línea? Tampoco se trata de que "El Loco" domine por completo nuestra vida. No es eso. Otras veces aparece nuestro lado sabio y prudente ("El Ermitaño"), o tantos otros. Tenemos muchas subpersonalidades en nuestro interior, como dijo Roberto Assagioli. Y si no nos asustamos de ellas ni nos identificamos -totalmente con ninguna de ellas, el conjunto puede ser armónico, creativo, a veces sorprendente... pero siemprevivo. El pretender ser fiel a un papel nos inmoviliza, no nos deja ser nosotros mismos, con todos nuestros matices y nuestra riqueza. "Si niegas tu ser interior, se volverá feroz. Obedécele, y se mostrará benigno" (R. Pollack).

La coherencia no viene de vivir siempre la vida según un patrón, sino deser sincero con uno mismo y ser fiel al momento que uno vive (siempre con respeto hacia los demás, claro). Esa honestidad, esa ausencia de miedo a mostrar nuestras incongruencias y debilidades es la que nos hace personas auténticamente vivas y en constante evolución. Es nuestro afán de seguridad el que nos hace querer ser fieles al personaje que hemos creado. Así controlamos la situación. Y de esta manera creemos que evitamos el sufrimiento. Pero no es así. Esa es la hermosa e interesante contradicción. Sino sería muy aburrido.

Alguien podría decir: "¡Ah!, pero entonces no te puedes fiar de nadie, nunca sabrás lo que harán en el momento siguiente". Bueno, si te puedes fiar de su cariño, su respeto y su honestidad, ¿qué más hace falta? Es mucho más interesante que lo imprevisto pueda irrumpir en nuestras vidas. En esa interacción que se produce está la gracia, la sal de la vida. Aceptemos el reto de ser nosotros mismos, con nuestra "realidad siempre cambiante" (como dice Emmanuel) . ¿Hacia dónde nos llevará ese camino? Nadie lo sabe. Pero es que cuando queremos tener todo controlado en nuestra vida es cuando todo se descontrola. Y entonces te sientes estafado: con tu esfuerzo pretendas tenerlo todo "atado y bien atado". Esto sería como la carta del "Carro": la personalidad lleva con éxito y dominio las riendas de su mundo (o eso cree). Pero de pronto viene la "Rueda de la Fortuna" en posición invertida y se descoloca todo el montaje que tan cuidadosamente habíamos planeado. "Invertida, la carta significa una lucha contra los acontecimientos, condenada generalmente al fracaso porque el cambio se ha producido ya y la vida siempre triunfa sobre la personalidad que intenta oponérsele" (Rachel Pollack).

Podemos tomarlo como una lucha o comprender que puede resultar estimulante, y dejar que la vida nos lleve un poco. Las cartas van cambiando de posición, si las dejas. Luego verás qué haces con ellas. Es como una danza: tienes que seguir el ritmo de la música, pero tú decides si quieres bailar esa melodía. A veces lo haces solo, a veces acompañado, otras veces descansas un poco. Y así, bailando, llegamos a la última carta de los arcanos mayores: "El Mundo".

Elvira Coderch


 

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