El poder de los miedos. Parte 1ª

Es alto el precio que uno paga por andar asustado en la vida. Aguantas mala compañía por el miedo a la soledad; soportas un mal trabajo por el miedo al cambio; dejas que tus amigos te critiquen abiertamente por el miedo a imponer tus ideas y quedarte solo... El miedo es un círculo vicioso terrible.

El miedo es poderoso. Te deja helado, te ancla y no te deja reaccionar. Pero el miedo es la forma más común de organización de nuestro cerebro. Es un esquema orgánico de supervivencia. No es, en principio, nada anormal sino más bien lo normal en el ser humano que tiene que adaptarse al medio en el que vive. Por lo que el miedo es algo absolutamente natural. Algo que hace para el ser vivo una herramienta de autoprotección dado que todo el entorno le es hostil desde que nace.

Por definición todo miedo es una idea registrada con anterioridad en nuestra mente. La mente trabaja a partir de la comparación, ante cualquier nueva situación buscamos en el pasado una experiencia similar que nos recuerde la presente, de tal forma que nos permita prever lo que nos sucederá. Si la persona o situación nos recuerda algo desagradable o doloroso podremos sentir recelo, temor o incluso ansiedad, dependiendo de la intensidad del recuerdo, aunque la presente situación no presente amenaza alguna. El miedo a lo que pueda ocurrir funciona como previsor y sistema de alarma ante los peligros reales y justificados.

Así que tenemos que por un lado el miedo es una emoción que nos ayuda a vivir, puesto que nos permite sobrevivir a los peligros de nuestro entorno. Si no sentimos miedo a una conducción temeraria, a la perdida de control que conlleva la velocidad, a ser electrocutados y a tantas y tantas cosas que nos rodean y que representan un serio peligro para nuestra integridad, sucumbiríamos muy pronto y moriríamos. Pero hay una serie de miedos que parecen que han escapado a nuestro control, como puede ser el miedo a un determinado acontecimiento, el miedo a uno mismo, miedo al padre, a la madre, a la autoridad, al trabajo, a la vida en general, son miedos que pueden catalogarse como normales siempre y cuando no interrumpan o coarten nuestra actividad.

Pero cuando el miedo se exagera y limita nuestra actividad, entonces se convierte en una amenaza, puesto que no hay nada peor en el mundo que tener miedo. Miedo de que no te quieran, que te vaya mal en una entrevista de trabajo, en un examen, en la vida. Cuando sentimos este miedo nuestra conducta se vuelve compulsiva. O tratamos de superar el miedo lanzándonos apresuradamente hacía él, o nos quedamos paralizados tratando de evitar cualquier enfrentamiento. Así, la persona que tiene miedo a ser atacado, ataca primero, con el consiguiente riesgo a convertirse en un ser aislado, puesto que las personas de su alrededor no soportarán por mucho tiempo sus embates, o tenderá a aislarse para evitar cualquier posible daño que teme del entorno. En resumen el destino es el mismo: el aislamiento.

Existen muchos tipos de miedo, por ejemplo, el miedo neurótico, los miedos agudos, los miedos crónicos, las fobias, el terror, el pánico… Pero en estas pocas líneas debemos centrarnos en nuestros miedos cotidianos y en como enfrentarlos. Como enfrentarnos al miedo a perder lo que hemos conseguido, el miedo a expresarme, el miedo al rechazo amoroso, el miedo al intercambio sexual, el miedo a triunfar, a confiar en otro… y tantos y tantos temores que cuando se desequilibran limitan enormemente nuestra vida.

Es la experiencia de cada persona lo que determina el miedo y es también la misma experiencia lo que nos permite enfrentarnos a él. Los jóvenes se caracterizan por su capacidad de arriesgarse y enfrentarse a situaciones que con los años comienzan a atemorizarnos. Los jóvenes eximen una gran confianza en sí mismos que les permite arriesgase en empresas sin pensar en el fracaso y esta actitud podría ser motivo de imitación.

Ciertamente lo que determina el miedo son las experiencias vividas, el fracaso y el desamor vivido son una baza que tomamos en cuenta cuando tenemos que enfrentar cualquier nueva situación, pero también es cierto que nuestros miedos son un llamado a reforzar nuestra certeza, nuestra capacidad de confiar en nosotros mismos, de acrecentar nuestro valor y, como no, nuestra valía personal. Que es la inseguridad, sino el miedo a uno mismo.

Al miedo se le combate con grandes dosis de valor y la mayor valentía consiste en reconocer el miedo. El valor es la cualidad que nos hace luchar por lo que vale la pena, pero ser valiente no es fácil, hace falta fortaleza interior, fe en uno mismo y avanzar equilibradamente, un paso tras otro, sin precipitarte, pidiendo ayuda cuando te quedas inmovilizado, pero siempre con voluntad de andar. El valiente y el cobarde sienten el mismo miedo, pero el valiente lucha hasta vencerlo y el cobarde se deja vencer por él. El miedo nos indica con exactitud lo primero que tenemos que hacer en nuestra vida. Enfrenta tus miedos y descubre como el éxito viene cuando nos atrevemos a comenzar.


Frederic Solergibert Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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