El valor de la amistad

Los hermosos momentos vividos. La emoción sentida al abrazar a los viejos amigos y la alegría de encontrar a los nuevos me impulsa a enfatizar el valor de la amistad.

Buena parte de mi trabajo se basa en las relaciones, en la imagen y visión de un mundo armónico, capaz de superar problemas y en constante desarrollo. Hoy en día se discute mucho sobre la naturaleza, la estructura y el modo de realizar nuestros proyectos exitósamente y de cómo deben ser nuestras relaciones amorosas. Se escribe extensamente sobre las necesidades de las personas, enfatizando nuestras diferencias funcionales, buscando un mayor grado de entendimiento. La vida moderna pone el acento en la posición social, la profesión y en obtener una pareja duradera. Estas son las premisas centrales en torno a las cuales giran las vidas de muchas personas. Pero imagínate el cambio radical que experimentarían si el centro lo constituyese la construcción de una comunidad de amigos, haciendo de la amistad su principal prioridad.

Al cambiar el punto central nuestra vida cambia por completo. Los aspectos que considerábamos vitales se convierten en secundarios, la comunidad se convierte en más importante que la organización, y la amistad más valiosa que la productividad. Si esta idea parece anacrónica o imposible de aplicar, entonces resulta claro lo alejados que estamos de una existencia llena de significado.

El problema de la amistad, como el de las relaciones en general, no es como comúnmente se piensa la falta de comunicación que sufrimos, sino la sensación de que la experiencia carece de sentido. En la vida moderna existe una tendencia generalizada a observar pasivamente los acontecimientos tal como se presentan, con desapegada pasividad. Nada sorprende, no hay problemas, los desastres, las guerras son cosas que pasan, no hay nada que hacer, decir ni pensar. Sin embargo determinadas situaciones que vemos por televisión como un mero espectáculo exigen a gritos una reflexión y una buena dosis de compromiso. Pero casi sin darnos cuenta podemos irnos acostumbrando a mirar más y participar menos, de este modo el sentimiento de nulidad acaba irremediablemente abatiéndonos.

La amistad es una necesidad humana que nos adiestra en un comportamiento considerado y cuidadoso con el otro. Lo hace a través del respeto, enseñándonos a guardar un secreto, protegiendo la intimidad y el valor de los otros. Así devuelve a nuestra vida unas dimensiones y valores humanos, potenciando indirectamente las restantes áreas.

En los años que llevo trabajando como terapeuta, muchas personas me han pedido que sea su amigo, antes que sea su terapeuta: –podríamos quedar para tomar un café, -me preguntan, o –a ti como te van las cosas, -me dicen. Está claro que no es lo mismo ser amigo que terapeuta. Pero con los años he llegado a comprender que cuando se manifiesta este desagrado hacia la función terapéutica y se formula este deseo de amistad es el espíritu el que está pidiendo lo que más necesita. Para nuestro espíritu, difícilmente hay algo mas curativo que la amistad y creo que el deseo del paciente de establecer una amistad con el terapeuta es más una intuición que una defensa.

Como ya mencioné en Lo que no se ve La amistad es el bálsamo que cura las heridas del alma, al practicar la amistad nos adentramos en el camino de la transformación personal. Huir de algo no es la manera de encontrar lo que más se necesita. La amistad precisa coraje, lealtad y compromiso

Las amistades florecen a veces en lo que se nos antoja un instante, producen una intensidad en el recuerdo más allá de la persona que lo provocó. Una conversación en aquel viaje, un encuentro en aquel curso, unas palabras sinceras producen tal impacto transformador que su recuerdo perdura a través de los años. Las personas pueden desaparecer pero las semillas de amor que plantaron en nuestro corazón pervivirán y nos acompañan en nuestro camino de vida.

Quien tiene un amigo tiene un tesoro, dice el viejo proverbio. Cultivemos la amistad en nuestro corazón. Hagamos que el sentimiento de lealtad y comprensión conviertan nuestra vida en un amplio espacio donde el amor y las realizaciones florezcan.


Frederic Solergibert Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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