En otoño la naturaleza nos incita a la limpieza interna: Depuraciones 1ª parte

El otoño inicia el periodo Yin, momento de interiorizar con el objetivo de restablecer el equilibrio físico-mental liberando a nuestro cuerpo de la carga tóxica a la que está sometido. La naturaleza es generosa a la hora de echarnos una mano; sólo a nosotros nos corresponde aceptarla y aprovecharla o no.

La  llegada del otoño marca el inicio de un periodo de reorganización, es decir, de vuelta a la normalidad después de las vacaciones. Se pasa del descanso estival a la actividad frenética diaria, de la flexibilidad de horarios a un orden más estricto marcado por el ritmo laboral, y de la tolerancia alimenticia a la necesidad de establecer unas pautas dietéticas que nos permitan eliminar el peso de más que hemos adquirido con los helados y refrescos. Todo ello sin olvidar que desde el plano psico-emocional nos vemos afectados por la reducción de horas de luz solar así como por la llegada del frío, la lluvia y la humedad. En lugar de lamentarse con añoranza de lo bien que lo hayamos podido pasar en vacaciones puede resultar un buen recurso para nuestra mente buscar lo positivo de la interiorización o del sonido de la lluvia al golpear los cristales. Simplemente fijarse en los cambios que experimenta la naturaleza en su preparación para el invierno puede servirnos de motivación para una vez más, como cada año, y desde que el mundo es mundo, adaptarnos a los ciclos naturales.

Sin embargo para ello hay que estar preparado y en condiciones; una mente abierta y relajada en un templo, es decir, en un cuerpo digno de merecerla. Es por esto que el otoño, así como la primavera, se nos ofrece como un periodo ideal para llevar a cabo una cura depurativa. Basta con observar lo que nos brinda la naturaleza en estas estaciones para darnos cuenta de que nos está incitando a limpiar nuestro interior, a darle a nuestro organismo un respiro para que pueda eliminar aquellas sustancias que le resultan tóxicas y de las cuales no puede desprenderse si debe cumplir su actividad fisiológica diaria. La evidencia está ahí aunque a veces no nos paremos a observarla: el otoño nos trae frutas como uvas, ciruelas y peras que estimulan el intestino; cítricos, como el pomelo, altamente depurador y rico en vitamina C, o manzanas, que eliminan tóxicos del hígado y ayudan a disolver el colesterol. En cuanto a las verduras ocurre exactamente lo mismo: apio, puerros y cebollas estimulan el sistema renal para que elimine líquidos arrastrando así elementos nocivos  que se eliminarán por la orina, y berenjenas, que ayudan al buen funcionamiento del hígado y facilitan el vaciado de la vesícula biliar. La lista podría alargarse considerablemente porque la naturaleza es generosa a la hora de echarnos una mano; sólo a nosotros nos corresponde aceptarla y aprovecharla o no.

Las posibilidades para llevar a cabo una depuración otoñal son varias y variadas pero a la hora de elegir una hay que tener en cuenta que no todo es apropiado para todo el mundo. Si se decide seguir una dieta depurativa de más de 24 horas, y más aún si no se tiene experiencia previa, es aconsejable la supervisión de un especialista para evitar posibles problemas de desequilibrios y pérdida brusca de nutrientes, tales como vitaminas, minerales o aminoácidos. No es una medida apta para niños, adolescentes, mujeres embarazadas o lactantes, personas con trastornos alimenticios o para las que sufren determinadas enfermedades, como insuficiencia renal o diabetes, por ejemplo.

Por otro lado, con el otoño se inicia el periodo Yin; es el momento de mirar hacia adentro con el objetivo de restablecer el equilibrio físico-mental liberando a nuestro cuerpo de la carga tóxica a la que está sometido, no sólo por la alimentación sino también por factores ambientales y por el ritmo de vida ajetreado y competitivo al que nos enfrentamos constantemente. Es por ello que esta época del año resulta ideal para imponerse una mínima disciplina que nos impulse a seguir una dieta depurativa por el espacio de tiempo necesario adaptado a cada caso. Esta limpieza supone, por otro lado, una buena alternativa, menos drástica y peligrosa, a los conocidos ayunos.

Según las preferencias y las características de cada persona puede optarse por una dieta depurativa a base tan sólo de fruta o por una dieta mixta que incluya frutas y verduras.

En el primer caso se trata de una dieta más estricta que consiste en comer únicamente una clase de fruta durante el periodo de tiempo que se establezca. Este tipo de dieta se realiza generalmente en primavera sin embargo no es exclusiva de esta época por lo que puede hacerse cuando se considere oportuno.

La segunda opción consiste en combinar determinadas frutas con ciertas verduras. Esto hace que resulte más llevadera e igualmente efectiva que la anterior ya que al ser ambos alimentos muy ricos en agua y fibra provocarán una acción diurética así como laxante por lo que, a través de la orina y las heces, el riñón y el intestino verán facilitada su función emuntorial, es decir, de eliminación de tóxicos. De todos modos, se elija la opción que se prefiera es necesario seguir al mismo tiempo una serie de recomendaciones generales para ayudar al proceso.


Rosa Maria Canas es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona y graduada en Naturopatía y Medicina Tradicional China por el Centro de Estudios de Naturopatía y Acupuntura de Barcelona (CENAC). Especialista en Terapia Floral y Homeopatía.

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