Hacia una Inteligencia Espiritual

La psicología anda un poco alborotada últimamente. El Coeficiente Intelectual, CI, fue durante décadas la única vara para medir la inteligencia. Inteligente era la persona eficiente para elaborar conceptos, la persona con capacidad analítica. Esta era la inteligencia que median –y aún miden- la mayoría de tests.

En 1983 el Dr. Howard Gardner inició una primera revolución  al proponer una visión múltiple de la inteligencia. Su libro Inteligencias múltiples proponía la existencia de 7 inteligencias diferentes. Un giro en la visión que tenía la psicología sobre el tema  porque contrastaba con la visión más generalizada de “una” única inteligencia. Gardner postuló una Inteligencia lingüística, lógico-matemática, musical, espacial, cinético-corporal, interpersonal e intrapersonal. Cada una de estas inteligencias conllevaría unas habilidades concretas. Por ejemplo la inteligencia lingüística estaría asociada a habilidades para utilizar el lenguaje y las palabras, para expresarse verbalmente. La inteligencia cinético-corporal se relacionaría con habilidades para controlar y orquestar los movimientos del cuerpo.Escritores, poetas podrían ser los representantes de la primera inteligencia; bailarines, actores, atletas o cirujanos podrían ser representantes de la segunda.

Proponía que los seres humanos disponemos de todo este bagaje de  inteligencias, pero con un diferente nivel de desarrollo. ¿Qué significa ser inteligente? Ser inteligente es tener cualquiera de las inteligencias antes mencionadas: la interpersonal como era la de Gandhi, musical como la de Mozart, lógico-matemática como la  de Plank o espacial como la de Miguel Ángel. En este sentido, por tanto, todos somos inteligentes porque tenemos varias de estas capacidades, algunas más desarrolladas y otras menos.

En los años noventa Daniel Goleman amplió el concepto de inteligencia incluyendo la tan comentada Inteligencia Emocional. ¿Recuerdan sus libros?  ¿Los tests de Inteligencia Emocional?

Pues bien, en 1999 el propio Gardner ha rematado el inventario de inteligencias. ¿Cómo? Incluyendo en el repertorio dos inteligencias más: una inteligencia naturalista y la Inteligencia Espiritual o Existencial. En realidad Gardner cree que la inteligencia Espiritual, expresada por una inquietud manifiesta por las cuestiones espirituales o religiosas,  es una variedad de la inteligencia existencial. Inteligencia que identificaría la reflexión sobre cuestiones fundamentales de la existencia y el reconocimiento de la Espiritualidad como un estado de bienestar.

Los seres humanos nos preguntamos por el sentido de la vida; sentimos anhelos de autorrealización, tenemos –y a veces tememos- una sensación de vacío, anhelamos el silencio, quizá nos asustemos ante él. En definitiva, nos cuestionamos el ¿por qué? Y el ¿para qué? de la existencia. Preguntas que son milenarias pero que nunca hasta el momento se habían intentado contestar a partir de la ciencia.

Pero ha llegado el momento en que algunos investigadores han empezado a preguntarse cómo se presenta la espiritualidad en términos psicológicos. El anhelo de espiritualidad, ¿puede tratarse de un tipo más de inteligencia?. De esa forma, se está postulando la existencia de una Inteligencia Espiritual. Inteligencia que abarcaría la capacidad de transcendencia humana y el vivir conforme el sentido de lo sagrado. La existencia de esta Inteligencia Espiritual explicaría  el hecho de que algunas personas tienen más presente que otras en sus vidas el sentido de lo sagrado, el sentido de la transcendencia, el sentido dela unión con algo superior, algo inefable. De la misma forma que hay personas con una inteligencia lógico-matemática más desarrollada, habría personas con un sentido más transcendente de la vida.  Personas que tendrían desarrollada esta Inteligencia Espiritual. Como dice el propio autor: “son las preguntas que nos hacemos sobre el significado de la vida: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Qué nos depara el futuro? ¿Por qué existimos? ¿Cuál es el significado de la vida, el amor, las pérdidas trágicas, la muerte? ¿Cuál es la naturaleza de nuestra relación con el mundo en toda su extensión y con los seres que se encuentran más allá de nuestra comprensión como nuestras deidades?”.

Pero los investigadores deben hacer lo propio: investigar. Así que se han lanzado a una expedición científica en busca de pruebas que verifiquen o excluyan la posibilidad de una Inteligencia Espiritual. Neurobiólogos y genetistas empezaron el viaje. Los resultados no pueden ser más que provisionales. A veces excesivamente mediáticos. Neurobiólogos de prestigio como Persinger o Ramachandran verificaron a través de nuevas técnicas de imagen del cerebro que cuando las personas pensamos y nos referimos al sentido profundo de la realidad, activamos una área cerebral concreta en los lóbulos temporales de nuestro cerebro. Más aún, DanahZohar, quizá de una forma excesivamente mediática bautizó esta zona cerebral como “el punto Dios”.  Y no olvidemos el mal llamado “Gen de Dios”, denominado así a partir de los trabajos del microbiólogo Dean  Hamer. Tema de debate desde que la revista Time le dedicó su portada.

¿Gen de Dios? Ya saben, la genética es una de las ramas de la ciencia que hoy más avanza y da más sorpresas. Hamer, responsable del Centro de Genética del Instituto Nacional de Investigación sobre el cáncer de los EUA, ha afirmado que  ese gen de Diosestaría localizado  en el cromosoma 10, se trataría de una variante  del gen V-MAT2 localizado en este cromosoma. Las personas que poseen esta variante en el cromosoma 10  tenderían a manifestar un mayor grado de espiritualidad. Por decirlo de otra forma, tendrían un sentido más transcendente de la vida. ¿Saben cuál es el subtítulo de su libro más conocido? “La fe está en tus genes”.

Títulos mediáticos aparte, lo más significativo es que la ciencia está intentando ahondar en un tema que se creía acientífico y en cierta forma tabú para el investigador. Si el siglo XIX y buena parte del XX fue el de la segregación entre la razón y la espiritualidad, hoy la ciencia se plantea las bases científicas de esta parte de la naturaleza humana que es la espiritualidad.  Se  plantea la misma  existencia de una inteligencia Espiritual, muy desarrollada en algunas personas que viven su vida desde el punto de vista de lo trascendente; menos desarrollada en otras personas que viven su vida desde otros puntos de vista, desde otros intereses. Y claro, el trabajo del científico es buscar. Buscar en el cerebro activación de diversas áreas corticales en personas en estado de meditación profundo, buscar en los genes características específicas para las personas con un sentido transcendente de la existencia. Buscar, categorizar e intentar llegar a acuerdos.

Pero es aún demasiado pronto para extraer conclusiones. Aunque si es cierto que investigar en la Inteligencia Espiritual permitirá ver la importancia de esta dimensión humana, ciertamente descuidada y en vías de retroceso en occidente. A este occidente pobre en Espiritualidad y rico en consumismo, la nueva religión, quizá le vendría bien saber que la espiritualidad es un componente más del ser humano, que se puede desarrollar y que su desarrollo puede beneficiarnos a todos. Como personas y como sociedad.

Porque el desarrollo de una cierta profundidad  existencial y vital, el amor al silencio, la capacidad de contemplación, una mirada a los hilos invisibles de la vida parece ampliarnos los contextos en los que situamos nuestras vidas. Nos situamos a nosotros mismos y situamos a los demás.  Esto lo entendió bien Albert Einstein:

La más bella y profunda emoción que nos es dado sentir es la sensación de lo místico. Ella es la que genera toda verdadera ciencia.

El hombre que desconoce esa emoción, que es incapaz de maravillarse, sentir la elevación y el asombro, está prácticamente muerto.

Saber que aquello que para nosotros es impenetrable realmente existe, que se manifiesta como la más alta sabiduría y la más radiante belleza, sobre la cual nuestras embotadas facultades solo pueden comprender en sus formas más primitivas.

Ese conocimiento, esa sensación, es la verdadera religión.


M. Merçe Ríos Figuerola es licenciada en Filosofía y Letras, especialidad en Historia  por la Universidad de Barcelona. Licenciada en Psicología por la Universidad de Barcelona. 

Profesora de Psicologia y Filosofia. Secretaria de la Fundación Educalia Mundi.

Trabaja como voluntaria social con personas enfermas en Salud y Desarrollo Personal

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