Haz el bien, evita el mal, vive apasionadamente.

¿Qué es hacer el bien? ¿Existe un concepto de bien y mal absolutos o coexisten valores diferentes? ¿Cómo podemos hacer el bien y evitar el mal, si realmente desconocemos lo que está bien y lo que está mal?

En mi modo de pensar, la vida es tan sólo tiempo y acción. He llegado a la conclusión de que la vida no es otra cosa que un minuto tras otro, y de que nos valemos de nuestras acciones para transformar nuestro tiempo de vida en algo valioso. Todos los organismos vivos tenemos un conjunto específico de instrucciones que determinan nuestras acciones. Estas instrucciones evolucionan con el tiempo, aunque hay siempre excepciones. Algunos de nosotros encuentran dificultades para adaptarse a las nuevas circunstancias, a los nuevos tiempos, mientras que otros se adaptan mejor, prosperan y evolucionan. Una óptima adaptación al medio y al ritmo del tiempo determina nuestro éxito y evolución futura.

El conjunto de nuestras instrucciones, al igual que en todos los animales, está almacenado en el cerebro, y actuamos instintivamente de acuerdo a él. En un perro las respuestas condicionadas almacenadas en su cerebro lo impulsan a instintivamente perseguir a los gatos, pero también es cierto que el cerebro de los perros puede ser entrenado para convivir con ellos. Nuestra posición como seres humanos nos ha dado un mayor grado de libertad que a los animales. Podemos elegir ejecutar o no, aquellos diferentes programas mentales que se han ido almacenado en cada uno de nuestros cerebros y que determinan que tipo de acciones deseamos realizar.

Por otro lado, todas las indicaciones que nos proporciona la naturaleza apuntan hacia la evolución. Todo cuanto nos rodea está continuamente transformándose, evolucionando, modificándose hacia un nivel más alto de realización. Este proceso se realiza de forma espontánea, del mismo modo que un vagón es transportado hacia su destino, nuestra vida es dirigida hacia un mayor estado de felicidad, satisfacción y realización. Pero sí esta observación es cierta, ¿por qué muchas veces experimentamos sufrimiento, desilusión o incluso involución?

Existen personas que insisten en afirmar que poseen información privilegiada sobre como se realiza este proceso de evolución y como puede ser acelerado. Aún más, declaran que poseen el único conjunto de instrucciones verdaderas sobre cómo impulsar ese proceso evolutivo, e incluso aseveran con una certeza absoluta, cuales son las buenas y las malas vías que se abren ante nosotros. La cuestión, es que hay muchos grupos de poseedores de la verdad, y son muy diferentes y no acaban de ponerse de acuerdo, ni sobre la finalidad de la existencia, ni sobre las instrucciones divinas de cómo alcanzarla. Además, los mandamientos que prescriben conducen a menudo a la discriminación, cuando no a la violencia, contra cualquier colectivo que promueva formas de pensar distintas. Históricamente, las interpretaciones del sentido de la vida fundadas sobre un dogma han sembrado aún más división y provocado más muertes que tolerancia, armonía y paz. Por lo que los sistemas de creencias parecen poco fiables para esclarecernos lo que está “bien” y lo que está “mal”.

El concepto del "bien" y del "mal" sólo puede aplicarse al ser humano, pues por nuestra libertad somos el único ser vivo capaz de funcionar de forma voluntaria en contra de su programa. Si el objetivo del ser humano es evolucionar, entonces los actos contrarios a este programa serán considerados incorrectos o malos. Los sentimientos subjetivos de culpabilidad o de rectitud por si solos no son guías fiables. Un acto considerado socialmente inapropiado en un contexto dado producirá sentimientos de culpabilidad si el actor ha sido condicionado a considerar este acto como incorrecto en ese contexto. Será vivido como incorrecto porque representa una mala adaptación a ese medio específico. Sin embargo, el mismo acto puede representar una adaptación excelente en un medio diferente y podría, a fin de cuentas, producir sentimientos subjetivos de rectitud, ratificados incluso por la aceptación social en ese nuevo medio.

A pesar de la gran diversidad en el medio ambiente, el tipo de sociedad y las diferentes culturas, el ser humano ha mantenido un gran consenso en condenar actos específicos como el homicidio, la violación, el robo, el engaño… entre otros, que son considerados como incorrectos o malos en todas las sociedades. El sentido común y razones prácticas de auto preservación bastan para desterrar actos que la persona no querría sufrir. Es por ello que creo que la norma de oro a aplicar en nuestra vida es: no hagas a los demás lo que no quieres que los otros te hagan. Esta aseveración es una perla de sabiduría del sentido común, perfectamente válida y que puede usarse en nuestra vida para determinar lo que está bien, separándolo de lo aquello que está mal.

Es bueno todo aquello que colabora con la tendencia evolutiva de la vida a crecer y perpetuarse. Todo cuanto va en contra de lo natural puede considerarse malo, pecaminoso e inmoral. Haz el bien, evita el mal, salva el planeta.


Frederic Solergibert Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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