India 2009

Un viaje extraordinario

No sé que tiene India, pero cada vez que viajo pienso que es la última vez. Pero luego, cuando llego y van pasando los días una misteriosa sensación me atrapa, me fascina y me hace pensar que pronto regresaré.  No importa el calor, la diaria lucha con los vendedores, el caos del tráfico… India tiene algo que me supera y me atrapa.

Recuerdo la llegada a Jaipur, los verdes campos, las vacas, los camellos tirando pesados carros dieron paso, casi sin darnos cuenta a cientos de personas agolpándose a ambos lados de la calle. La ciudad comenzaba, los tenderetes de los vendedores, las mujeres con sus coloridos saris, los niños jugando, todo en un ordenado caos.

Estaba a punto de ponerse el sol cuando llegamos al Templo Birla para asistir al Aratí , la ceremonia que cada atardecer se dedica a la diosa Laxmi, la diosa de la prosperidad y a su consorte Lord Narayana. El blanco templo se coloreaba con la luz violeta del atardecer. Al salir estábamos extasiados. Todos queríamos captar con nuestras cámaras la luz del crepúsculo. Imposible, la lluvia de flases no puede captar los colores del atardecer hindú. Serán recuerdos que el corazón atesorara.

Y así fue el viaje, un recuerdo tras otro, las cámaras nos recuerdan la belleza del lugar. A través de imágenes recordamos las risas, cuando subidos a lomos de elefante ascendíamos a la fortaleza de Amber. Las fotos también nos hablan del Palacio de los Vientos, emblema de la ciudad rosada de Jaipur e incluso de la belleza del Taj Mahal al amanecer, en Agra. Pero hay otra historia que no cuentan las fotos, es la historia de amor y compañerismo que día a día se iba tejiendo entre todos nosotros, de apoyo, de solidaridad. Fuerondos viajes en uno, el externo con sus monumentos y el interno con su cálida afectuosidad.

India 2009 fue un viaje extraordinario. India es hermosísima, no puedo dejar de sentirme un privilegiado por haber podido estar en Benarés, a la caída del sol, sumergido en los cantos de cientos de peregrinos, viendo a los sacerdotes realizar sus ofrendas al sagrado Ganges. Pero el privilegio es doble. No sólo es Benarés, sino también la compañía, el grupo de amigos que venidos de las Islas Canarias, de Madrid, de Valencia, de Barcelona… Me siento muy afortunado de poder viajar en tan excelente compañía.

Llegamos a Kathmandú a primera hora de la tarde, un paraíso en el corazón del  Himalaya. El grupo está feliz, llegar a Nepal augura nuevas experiencias. Su arquitectura, el clima fresco de las montañas y la simpatía de las personas nos atrapan. Los días pasados en el Valle de Kathmandúme evocan muy gratos recuerdos. Un lugar que recuerdo con especial cariño es Patán, una de las ciudades budistas más antiguas del mundo. También conocida como Lalitpur, esta pequeña joya fue fundada en el siglo III aC. Desde la terraza del restaurante, la mirada se posa sobre los preciosos y antiguos edificios de color rojizo, no en vano Patán está catalogada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Pero como siempre, lo mejor de Nepales su gente, las sonrisas que nos dedicaron y los colores tan bonitos que componían aquella estampa. El rojo de los edificios, el verde de las frutas y el blanco de las sonrisas. Resumiendo India es maravillosa, Nepal un lugar fantástico, que nunca te deja indiferente. Los dos países unidos al extraordinario grupo de amigos que compartimos experiencias crearon un viaje fantástico, repleto de belleza, cultura y amistad ¿Qué más se puede pedir?

Frederic Solergibert


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