Jóvenes desorientados

Hace unos días un muchacho me contaba su pasión por la  tecnología. Me decía que allí donde va siempre lleva consigo su teléfono móvil, su MP3, su pen drive, incluso a veces su Play Station. De hecho, al igual que muchos adolescentes vive permanentemente conectado a Internet, y cada día envía y recibe centenares de mensajes electrónicos. Es un fan de Facebook, de Messenger, entre otros programas de comunicación. Al finalizar la conversación me preguntaba si tanta tecnología realmente facilitaba su vida o la había hecho más compleja.

La presencia de la tecnología en nuestras vidas, modificó nuestra manera de conducir muchas cuestiones importantes de nuestra vida. Son pocas las personas que hoy día podrían vivir sin su teléfono móvil, sin hablar varias veces al día con la misma persona. Incluso sin apenas nada nuevo que contar.

Ocurre lo mismo con los niños y los adolescentes, por ejemplo, ellos no necesitan estar constantemente en comunicación con sus padres, que siempre, temerosos,  responden a sus llamadas. El motivo de la llamada, siempre intranscendente. Los hijos quieren saber el horario en que los padres van a regresar a casa, desean saber lo que comerán, reclamar alguna cosa, o otros asuntos cotidianos.

Una madre se quejó del excesivo número de llamadas de su hijo a lo largo del día y le pregunte porque las contestaba. Me respondió que siempre temía que fuese algo realmente urgente, sólo que esto nunca ha sucedido. La tecnología entró sigilosamente en nuestras vidas y ahora vivimos influenciados por ella.

Unas décadas atrás era conceso entre los padres que educar era mostrar a los hijos como es la vida y dar algunas directrices de cómo vivirla exitosamente, las cuales eran seguidas por los hijos, al menos temporalmente. Los padres eran la brújula de los hijos, apuntaban la dirección a seguir. Esta era su función en la vida de sus hijos.

Los valores, principios morales, tradiciones y virtudes que eran prioritarias para la familia señalaban la dirección a seguir. Los hijos debían llegar a la edad adulta con autonomía y conocedores del norte familiar, para  después los hijos poder escoger el rumbo a seguir.

Pues bien: el mundo cambió, y la relación de los padres con sus hijos también. Hoy bastantes padres ya no enseñan a  sus hijos el respeto por la vida, los sientan horas y horas frente al televisor, para luego, cuando no se comportan como esperaban, darles directrices de como tienen que vivir. De brújula de los hijos los padres pasaron a ser un GPS.

Este aparato que tanta gente usa no nos orienta, es principalmente un sistema de navegación que informa de trayectos a seguir, punto a punto. Es más: también nos informa de cuando hay atascos, o de la presencia de radares. El GPS resuelve todos los problemas de quién transita por las ciudades y carreteras en donde vivimos, y por tanto, nos crea la dependencia de aquello que nos facilita la vida.

Pensándolo bien, esta es la actuación de muchos padres actuales. Ellos han dejado de ser educadores para pasar a ser meros resolvedores de problemas. Ellos están siempre presentes a través del teléfono móvil, siempre dispuestos a contestar a sus preguntas. Ellos están para resolver sus problemas: El hijo debe tener una titulación, aunque no haya estudiado, para ello, se coacciona a los profesores. El hijo debe vestir determinada marca de ropa, para ser igual o mejor que los demás, el hijo tiene que tener… No se educa a los hijos en la forma de obtener, sino quese facilita.

Sin lugar a duda, esta es una situación muy cómoda para los hijos. Pero hay un problema. Cuando el sistema deja de funcionar o está apagado, deja al usuario completamente desorientado, sin saber dónde está, ni dónde quiere llegar. Tal vez esta sea uno de los problemas de los adolescentes. Quizás es por ello que los jóvenes andan en círculos, perdidos, sin un GPS que los guie.


Frederic Solergibert i Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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