La Diosa, el Grial y la autorealización

En casi todos los puntos significativos de la búsqueda del Grial encuentra el héroe una señal indicadora de signo femenino que le recuerda que al igual que en los movimientos de las piezas en una partida de ajedrez, el rey sólo puede dar jaque con la colaboración de la reina, pieza que puede asumir la forma y los movimientos de todas las demás, exceptuando al caballo y que le está permitido desplazarse en todas las direcciones. Él héroe sólo podrá tener éxito en su búsqueda si se pone en contacto con la mítica corriente que brama bajo el inconsciente colectivo encaminada a restablecer su desplazada faceta femenina.

Tal vez convenga recordar que en el prologo al Cuento del Grial, de Chrétien de Troyes, el Castillo del Grial sólo era visible para una persona. Se nos explicaba allí que aquellas tierras habían sido antaño hermosas y fértiles, las personas amables y prósperas, y que las doncellas de las fuentes y los pozos atendían a los cansados viajeros, y les daban de beber de sus copas. Pero cuando cierto rey Amangón raptó y violó a una de las doncellas y le robó la copa ceremonial, y cuando sus criados imitaron su acción, los pozos se abandonaron rápidamente, el reino se convirtió en un páramo estéril y las aguas se secaron. El único que podía restaurar la tierra y devolverla el esplendor de su estado original era el hombre capaz de reconocer al Rey Pescador y su castillo tras los innumerables disfraces y espejismos que lo ocultaban. La portadora del Grial representa, como las doncellas, la diosa de la tierra, la madre naturaleza, que se retira y se seca cuando el macho la somete y ni sirve a la mujer ni le da nada a cambio.

Vemos aquí cierta cantidad de temas y motivos que son fundamentales para el subyacente mito del héroe empeñado en la búsqueda. De entrada, hay un rey impotente o mutilado que no puede gobernar ni unirse con la reina de la Madre de la tierra. La cual aparece en diversas figuras femeninas que el buscador va encontrando en su camino, hasta que se transforma en la única Reina o Emperatriz, portadora del Grial, la única que puede dispensar el alimento sagrado al héroe merecedor del mismo. De este modo la búsqueda del Grial no puede distinguirse de la búsqueda de lo femenino. Quienquiera que encuentre a la mujer, encuentra el Grial. El rey impotente debe tener un joven y vigoroso sucesor, capaz de devolver la fertilidad a la doncella que sostiene la copa y, simbólicamente, al propio reino.

Acaso pueda remontarse este mito hasta algún recuerdo colectivo sobre aquellas antiguas diosas a las que destronaron los dioses masculinos, imitados por el rey Amangón al violentar a la divina doncella del agua. Amangón le robó la soberanía, simbolizada por un cáliz, y la forzó impulsado por el afán ciego y bestial de disponer de otra posesión en su castillo. Esta actitud despótica del masculino viola la tierra hasta dejarla en la miseria. Sólo cuando el hijo de la madre llega para matar o curar al padre puede producirse la restauración de la diosa original. La búsqueda del Grial puede considerarse una celebración del eterno femenino que espera la llegada del hijo que le devuelva su titulo de Gran Reina Madre y restaure la armonía y la fertilidad a una tierra cada día más estéril por la loca ambición del ser humano.

Ilustración: Las tres Marías de Miguel Wolgemut, 1499. Vemos aquí a María, como triple diosa en sus tres aspectos de Doncella, Ninfa y Hechicera. No es casualidad que las tres mujeres más próximas a Jesús se llamasen María, ni tampoco que la triple diosa que en otro tiempo se veneró en el templo de Jerusalén tuviese el mismo nombre.

 

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