La Navidad es más que luces y regalos

Navidad es mucho más que adornos, regalos, fiestas, luces y celebraciones... Navidad quiere decir nacimiento, vida, crecimiento. Y la Navidad de Jesús tiene un significado especial para toda la humanidad.

Habitualmente no se celebra el nacimiento de alguien que murió hace más de dos milenios, a menos que ese nacimiento haya tenido algo que aportarnos. Desde este punto de vista, la Navidad de Jesús debe ser meditada todos los días, y vivida de la mejor forma posible.

Si así es, debemos convenir que Navidad es mucho más que rellenar un cheque y hacer un donativo a alguien que necesita de esa ayuda.

Es mucho más que comprar una cesta básica y dársela a una familia pobre.

Es mucho más que el cambio de regalos, tan de costumbre en esa época.

Es mucho más que reunir la familia para comer y cantar.

Es mucho más que patrocinar la cena de la empresa y reunir jefes y empleados alrededor de la misma mesa.

La verdadera celebración de la Navidad de Jesús es la vivencia de Sus enseñanzas en el día a día.

Es mirar a los ojos de aquellos que conviven con nosotros y buscar entenderlos, perdonarlos, envolver con cariño esos seres humanos que pisan el mismo camino que nosotros. Es detenerse delante de un niño y prestar atención en lo que sus ojos dicen, sin palabras. Es sentir compasión por el más perverso criminal, entendiendo que él es nuestro hermano y que se hace violento porque desconoce la paz. Es preservar y respetar la naturaleza que Dios nos concede, como medio de progreso, y hacer esfuerzos reales para construir un mundo mejor.

La Navidad es para ser vivida en los momentos en que todo parece sucumbir. En las horas de enfermedades, en las horas en que somos traicionados, que alguien nos calumnia, que los amigos nos abandonan.

Todo eso puede parecer raro y hasta podrás pensar que esas cosas no tienen nada que ver con la Navidad. Pero lo cierto es que Jesús sólo vino a la Tierra para enseñarnos a vivir, y no para ser recordado de año en año, con prácticas que reflejan poca madurez, o escaso deseo sincero de aprender.

Él vivió el amor a Dios y al prójimo. Él vivió el perdón. Sufrió calumnias, abandono de los amigos, traición, injusticias variadas. Dedicó Sus horas a las almas sedientas de amor y conocimiento, no importando si eran ricos o pobres, justos o injustos, poderosos o sin prestigio ninguno. Su vida ha sido el mayor ejemplo de grandeza y sabiduría.

Por ser sabio, Jesús jamás estableció ninguna diferencia entre los pueblos, no creó ningún templo religioso, no instituyó rituales, ni recomendó prácticas exteriores para adorar a Dios, o como condición para conquistar la felicidad.

Él hablaba de las verdades que bien conocía, de las muchas moradas de la Casa del Padre, de la necesidad de adorar a Dios en Espíritu y Verdad, y no aquí o allí, de esta o de aquella manera.

Dijo que el Reino de los Cielos no tiene apariencias exteriores, y no es un lugar al que llegaremos un día, sino que está en la intimidad del Ser, para ser conquistado en la vivencia diaria.

Y es ese reino de felicidad que precisa ser buscado, aprendido y vivido en los mínimos detalles, en todos los minutos de nuestra corta existencia. 

Bueno, Navidad es todo eso.

Es vida, y vida abundante.

Es camino y verdad.

Es la puerta.

Es el Buen Pastor.

Es el Maestro.

Es el mayor Amigo de todos nosotros.

Piensa en todo eso, y busca vivir bien estas  Navidades.

Feliz Navidad 2011

Texto extraído del Programa Radiofónico: 

Momento Espirita, que se emite desde 1992 en Paraná, Brasil. 

Adaptación y traducción al español de Salud y Desarrollo Personal.