La paz mundial resultado de la paz individual

Muchos de nosotros hemos vivido toda nuestra vida sintiéndonos inadecuados, incapaces, carentes de atractivos y temiendo lo peor en nuestras relaciones con los demás. Con una actitud así es difícil que la paz mundial se manifieste. La paz mundial es resultado de nuestra paz interior.

El esfuerzo de convivir y amarnos mutuamente es un desafío que se presenta a diario. La paz mundial puede ser un proceso difícil de obtener porque seguimos tropezando en nuestros intentos de amamos a nosotros mismos. Los acontecimientos vividos en los últimos días apuntan a que la mayoría de las personas deseamos la paz, pero no debemos olvidad que la paz que deseamos no puede surgir de la derrota de uno de los oponentes. La paz duradera surge de la tolerancia, de la comprensión e implica siempre la renuncia a la necesidad de tener razón.

La raíces de la guerra se encuentran en nuestra propia visión del mundo, somos víctimas de una convivencia y una política equivocada, una convivencia que confía mas en acallar al otro en sus necesidades e imponer las mías, una política que se afirma en el poder de la violencia para solucionar los problemas. Las raíces de la guerra están en nuestro estilo de vida, en el modelo de desarrollo industrial, de construcción de la sociedad y en el nivel de consumo de nuestros bienes. Profundicemos en la situación y veremos las raíces de la guerra. No podemos limitarnos a derrotar uno de los bandos, debemos trascender esa tendencia a tomar partido por una de las dos partes.

El primer paso en la práctica de la paz consiste en convertirse en alguien que vive en paz con uno mismo. Cuando eso sucede, reaccionamos espontáneamente de un modo positivo ante cualquier situación conflictiva. La aplicación de esa máxima puede hacerse extensible a los problemas sociales. Cada mañana, al levantarnos hemos de vemos como la persona que nos gusta ser, percibiendo que ayer realizamos una tarea o hicimos un favor que ahora nos hacen sentirnos bien. 

Hemos de detener la guerra con nosotros mismos si deseamos obtener la paz. La falta de logros engendra la frustración y ella nos hace violentos. Cuando nos sentimos bien por nuestros logros vemos amorosamente a las personas que nos rodean. El amor a nosotros mismos hace más fácil amar a los demás.

Amarnos a nosotros mismos exige práctica continuada, puesto que es una conducta nueva. Podemos empezar evaluando lo que hacemos, en lugar de lo que aún no hemos hecho. Elogiándonos a nosotros mismos. Al alimentar nuestro yo interno invitamos a que los valores que estamos desarrollando se manifiesten con mayor plenitud. Esos valores nos conducirán hacia nuevas situaciones y nuevas oportunidades de realización, y finalmente nos llevarán a amar a la persona que cada mañana nos mira desde el espejo.

La paz individual es el fundamento de la paz mundial, difícilmente podremos obtener la paz si no conseguimos instaurarla en nuestros corazones.


Frederic Solergibert Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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