La transformación en lo más natural.

Aprendemos sobre la marcha, y las experiencias van iluminando nuestras acciones para seguir adelante. Cuando nos aferramos al dolor acabamos castigándonos a nosotros mismos.

Nuestra vida es una serie de desenvolvimientos. La lucha por mejorar en cada una de sus etapas es un elemento común de la condición humana. Aceptamos nuestras imperfecciones a medida que vamos creciendo en edad y en sabiduría. Entonces nos damos cuenta de que nos desarrollamos en todas y cada una de las fases de la vida y podemos alegramos por ese despliegue que ocurre según las necesidades de nuestra existencia. Cada día se nos anuncia un nuevo crecimiento y la manifestación de cambios, a veces sutiles, a veces dramáticos. Nuestra transformación dura toda la vida y tiene lugar según las modelos conocidos por el ser interior, que es nuestro contacto con la Sabiduría Universal.

Los cambios que experimentaremos hoy son siempre compatibles con el nuevo crecimiento al que nos adaptamos ayer, y de igual forma, lo que venga la próxima semana o el próximo año habrá sido preparado por las minúsculas transformaciones que se han ido acumulando en este camino hacia la madurez. En cada etapa del trayecto, nos desarrollamos exactamente como necesitamos hacerlo y nuestro ajuste, el mío, el tuyo y el suyo, el que existe entre todos es perfecto en todo momento.

El tiempo es un sastre especializado en modificaciones decía Faith Baldwin, y es que aprendemos sobre la marcha, en donde las experiencias van iluminando nuestras acciones para seguir adelante. Los pasos que damos al unísono, ya sea en rutas separadas aunque paralelas, enriquecen los movimientos particulares de todos nosotros. Con frecuencia esperamos la perfección en nosotros mismos, olvidándonos de que en esta vida todos somos principiantes, y lo mejor que podemos hacer es reconocer de buena gana nuestros errores, dar gracias de que siempre podemos empezar de nuevo cualquier tarea y de que contamos con las experiencias de otros para usarlas como guías.

La vida es un proceso. Aprendemos, crecemos, compartimos nuestras alegrías y también las cargas, reformulamos nuestras ideas y reestructuramos nuestros valores. Todo cambio que hacemos modifica nuestros pasos, alterando al mismo tiempo los movimientos de alguien más. Nuestras conductas negativas, al igual que nuestras conductas positivas, siempre regresan a nosotros. Obviamente, es mejor recibir alegría y paz que violencia. Entonces, ¿por qué no actuar siempre en forma pacífica y alegre?.

Probablemente, en este mundo de cinismo, crueldad y corrupción, se necesita ser un idiota o un santo para ser positivo constantemente. Sin embargo, podemos esforzarnos por liberarnos de la preocupación que nos producen las cosas que están más allá de nuestro control, ante las cuales reaccionamos con ira, con envidia, con miedo o con otras emociones dolorosas y destructivas. El hecho de saber que tenemos una opción nos libera de la esclavitud de ese dolor.

Podemos optar por responder airadamente, o con envidia, o por experimentar el sentimiento y dejarlo ir, de manera que esa emoción negativa no controle nuestra conducta. Para vivir felizmente, debemos aprender a examinar nuestro comportamiento; si negamos u ocultamos nuestros sentimientos, se quedarán en nosotros para siempre. Sólo dejándolos ir podremos ser realmente libres y únicamente experimentándolos podremos dejarlos ir. Sólo podemos sembrar felicidad si dejamos de ser víctimas de nuestra ira, de nuestros fracasos, de nuestra propia desesperación. Esta vida es tuya, para disfrutarla y para compartirla. Cuanto más buenos seamos con nosotros mismos, más se enriquecerá nuestra vida.


Frederic Solergibert Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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