Limpia tus armarios

Hace ya años, cuando realicé mi primer curso de Pensamiento Creativo, leí en el dossier que se entrega al final del curso una frase que me sorprendió. Incluida en la lista de actividades propuestas para continuar el crecimiento interior, decía simplemente... limpia tus armarios.

Al leerla pensé: ¡que trivialidad! ¿Cómo puede ser que un acto mecánico como limpiar los armarios pueda favorecer el desarrollo personal?

El escepticismo no me duró mucho. Un día, un amigo me pidió unos apuntes de cuando yo iba a la facultad. Sin problema –le dije- lo tengo todo archivado por temas y fechas. Soy una persona ordenada. Sólo tengo que buscarlo en el armario.

Abrí el armario. Allí seguían las cajas con los apuntes. También seguían allí unas cajas que traje conmigo cuando me mudé a esta casa. Las había olvidado completamente, ni recordaba que podía haber dentro. Con curiosidad abrí una... Estaba llena de ropa. Saqué un jersey con unos estampados que ahora me parecían imposibles. Al primer contacto con él, me asaltaron millones de recuerdos. Fue como el disparo de salida para que volvieran todos los pensamientos, sensaciones y emociones que había experimentado en el pasado. Mi memoria se desplazó a la época en que usaba ese jersey; cuantos recuerdos... placenteros unos, desagradables otros.

Seguí sacando más cosas de la caja; algunas me traían recuerdos del pasado, otras ni tan sólo recordaba que las hubiera tenido. Finalmente, volví a guardar todas las cosas dentro de la caja y la cerré. Estaba pensativo.

Recordé la frase limpia tus armarios y entendí su significado. “Lo que hay en mi armario no es más que el reflejo de lo que hay en mi mente”. Así que decidí

que había que limpiarlo. Llegó el día y durante más de cinco horas pasé de la risa al llanto, según el objeto que tenía en mis manos. Escogí que cosas quería guardar y cuales quería tirar. Era un acto simbólico en el que decidía que partes de mi vida quería que estuvieran presentes y que partes enviaba “a reciclar”. Tiré muchas cosas, otras las guardé, tanto si me traían recuerdos agradables como si eran representantes de malos momentos. La única norma por la que me guiaba era si, en mi vida actual, tenían algún sentido.

Desde entonces, cada año espero con ganas el cambio de estación para hacer limpieza en el armario. Para mí es poner en práctica, de una forma gráfica y divertida, la afirmación: “Abandono todo lo que me ata a mi pasado y me impide disfrutar de mi auténtico ser”. Creo que cuando una idea ya no sirve, por importante que haya sido en el pasado, es mejor dejarla partir, así deja espacio libre para nuevas ideas más libres, más importantes, más sabias, que traerán más completitud a mi vida: Limpiar mi armario es despojar mi conciencia de pesos innecesarios. Es afrontar una nueva etapa con ligereza y libertad.

A.F.