Lo tangible y lo intangible

Sabemos que cuando surge la necesidad se activan muchas fuerzas en el mundo para subsanarla. Einstein se convirtió en una persona espiritual antes de morir. Durante toda su vida fue un científico, pero a medida que la vida fue llegando a su fin, se volvió religioso. Por esa razón los que eran esencialmente científicos dijeron: -No debemos tomar en cuenta sus últimas declaraciones se ha vuelto loco.

Las últimas palabras de Einstein tenían un gran significado. Dijo: “Creía que sabía todo lo que había que saber acerca del mundo, pero cuanto más sabía, más hallaba que era imposible, porque quedaba una vasta infinidad por conocer. Creía que algún día podría resolver el misterio del mundo de la ciencia, y reducirlo a una ecuación matemática, y entonces eso ya no sería ningún misterio. Pero el problema matemático se volvió cada vez más grande, y en lugar de resolver el misterio del mundo permaneció siendo un misterio en sí mismo. Ahora es imposible resolver este problema”.

Unos pocos científicos eminentes están rozando la periferia del espíritu. Tales posibilidades ocurren ahora en la ciencia, porque a medida que profundizamos en las estructura de la vida se vuelve inevitable cuestionarse la presencia del espíritu. Alguna vez, en algún lugar, la ciencia tendrá que admitir lo desconocido. Tendrá que estar de acuerdo en que hay algo más que lo que se puede ver a simple vista. Lo que no puede verse existe; lo que no puede oírse también existe. Hace cien años decían que no podía oírse, ni verse, ni tocarse no existía. Ahora la ciencia dice otra cosa. Dice que el rango de tangibilidad es muy pequeño: en cambio el rango de lo intangible es vasto. El rango del sonido es muy pequeño, pero lo que no se puede oír es ilimitado. Lo que se puede ver es infinitesimal comparado con lo ilimitado de lo que no se puede ver.

En realidad, lo que contemplan nuestros ojos es una muy pequeña parte de lo que es. Nuestros ojos captan una determinada longitud de onda y nuestros oídos oyen una determinada longitud de onda aunque a veces se producen accidentes que nos permiten oír y ver lo inhabitual.

Es muy posible que en un futuro cercano, quizás movido por las apremiantes necesidades de resolución de problemas gravísimos que con nuestro comportamiento hemos creado o por la aspiración de muchas personas de buena voluntad, podamos comenzar a vivir esta realidad intangible que llamamos espíritu cuya consecuencia será la visión de un mundo fraternal, libre y solidario, en donde unos pocos dejaran de oprimir, imponiendo sus ideas a los demás para pasar a la construcción, entre todos, de un mundo mejor, una sociedad basada en la consideración, el respeto y el amor. Este es mi deseo en estas navidades, quizás te parezca exagerado pero si pensamos a lo grande con seguridad conseguiremos pequeñas mejoras.


Frederic Solergibert Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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