Los beneficios de la verdad

Decir la verdad produce un mejor estado de salud al mismo tiempo que nos da mayor seguridad personal y confiere poder a nuestras palabras. Bertolt Brecht decía que la verdad tiene un tono y que era nuestro deber encontrarlo, hacer nuestro ese tono.

Recuerdas la última vez que te sentiste culpable por qué pensaste que tenías que mentirle a alguien muy querido?

El simple hecho de pensar en ello, si la mentira es importante, ya puede generar en nuestro organismo algo de ansiedad. De hecho, sabemos que mentir produce cambios en nuestro cuerpo, como son el aumento de la presión sanguínea, la disminución de la resistencia eléctrica de la piel, el aumento del ritmo respiratorio o cambios en el ritmo cardiaco. Estos cambios fisiológicos, manifestaciones de nuestros estados de ánimo, están en la base del uso del detector de mentiras. Un aparato que mide los cambios que se producen en nuestro cuerpo, mientras una persona está relajada, contestando a una diversidad de preguntas, tanto inocentes como de gran importancia.

Ciertamente existen diversos grados de culpa y una “mentirijilla inocente” puede que no ocasione ningún grado de ansiedad. Sin embargo, es probable que otro tipo de mentiras que pensamos son inocentes nos produzcan cambios en nuestro cuerpo, que en el caso de repetirse a menudo, podrían llevarnos a la enfermedad. Son a veces mentiras cotidianas, cosas a las que nos comprometimos y olvidamos hacer, y que cuando se nos pregunta decimos que ya hemos hecho, por miedo a admitir nuestro error; o el pago de una determinada factura, que no queremos que nuestro cónyuge se entere, por miedo a que nos reproche nuestro gasto. Otras veces la mentira adquiere dimensiones más graves y adquiere un rango de culpa más intenso, como es hacerle creer al cónyuge que has dejado de fumar, mientras sigues haciéndolo. El fumar, por sí mismo, no nos hace sentirnos culpables, pero si la mentira que decimos al otro.

Quizás pienses que a veces es necesario mentir. Que es mejor una mentira piadosa que la cruda realidad, o que es mejor mentir y decir en tu trabajo que estás enfermo, que dejar de asistir a la obra en la que actúa tu hijo en la escuela. Pero no podemos olvidar que la mentira siempre produce estrés y a la larga es contraproducente puesto que acabas viviendo siempre en la mentira, siempre en guardia y preocupado de que vayan a descubrirte.

Vivir en una continua mentira expone nuestro cuerpo a una incesante tensión, que sólo se reduce cuando abrazamos la verdad. Naturalmente hay ocasiones en las que es necesario mentir u omitir una parte de la verdad para salvaguardar los sentimientos de alguien que nos ama. Pero son escasas las excepciones y siempre es más recomendable decir la verdad.

El precio que se cobra la mentira varía de persona a persona, dependiendo de nuestro código moral, es decir, la propia conciencia; porque es la conciencia la que nos hace sentirnos desgraciados o enfermos si desobedecemos a nuestro código moral. Vivir sumido en mentiras nos hacer percibir que nuestra vida carece de autenticidad, nos hace sentir que todo lo vivido ha sido obtenido sin merecimiento. En cambio cuando nuestra vida se enraíza en la verdad nuestras palabras se llenan de veracidad, nos sentimos más seguros de nosotros mismos, con más aplomo para enfrentar situaciones difíciles y complicadas, al mismo tiempo que nuestro organismo funciona mejor.

Con estas líneas no es que recomiende la franqueza al 100%, pero pienso que uno se siente mejor y evita la confusión emocional, con sus consiguientes secuelas fisiológicas, si desarrolla su vida de tal forma que tenga poco o nada sobre lo cual mentir. De hecho sabemos el poder que tienen nuestras palabras en la construcción de un futuro mejor.

Las palabras devienen instrumentos poderosos en la boca de aquel que vive en la verdad. Con nuestras palabras construimos nuestras relaciones con los demás. En aquel que siempre dice la verdad, sus palabras se revisten de credibilidad, en cambio el que miente y es descubierto siempre inspirará dudas en los demás. Posiblemente vivir en la verdad no sea fácil en nuestro tiempo, pero es de valientes intentarlo. Quizás al principio te parezca difícil cumplir con esta regla, pero a poco que practiques descubrirás el enorme beneficio de decir la verdad.


Frederic Solergibert Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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