Los valores que posemos

Hace unos meses una amiga me llamó muy preocupada para contarme que la habían despedido. Además de la tristeza que le ocasionaba haber sido despedida injustamente después de 10 años, su mayor temor era el tener que buscar trabajo nuevamente sobre todo porque ya pasaba de los cuarenta años.

 Si alguna vez has pasado por esta situación sabrás a lo que me refiero. Ir a la búsqueda de un empleo es todo un desafío, a veces muy difícil de enfrentar, no sólo por la inmensa competencia existente, el mercado actual está saturado de desempleados,  sino también porque los bajos salarios desmotivan hasta a los más audaces. Mención aparte es lo engorroso y agobiante que resulta el proceso de enviar una cantidad importante de currículos y solicitudes, sin, muchas veces recibir respuesta alguna, o en el mejor de los casos acudir a entrevistas sobre múltiples empleos sin resultado alguno, con el consecuente golpe sobre la autoestima, la perdida de fe en si mismo y el consecuente cansancio y mal humor en aumento.

Hablé con mi amiga y le dije todo lo que pude para levantarle el ánimo, le conté que muchas personas estaban en su misma situación, pero que también era cierto que muchas encontraban empleo y que se fijase más en los que encuentran que en los desocupados. Le aseguré que no había enfermedad que durara 100 años y que esta crisis pronto pasaría. Además de todas las cosas positivas que le dije, le propuse que entrara en un programa de autoayuda, o que leyera algunos libros clásicos sobre el tema. Le insistí en que no se agobiara y que buscase formas de aumentar la fe en sí misma. Mi amiga prometió hacerme caso.

Durante aproximadamente mes y medio buscó trabajo, se organizó y de forma sistemática enviaba currículos, movía contactos y asistía a alguna entrevista de trabajo, pero por las noches dedicaba un tiempo a conocerse mejor, a definir sus objetivos en la vida y en descubrir que es lo que le gustaría hacer. Descubrió que a ella no le gustaba ser empresaria, ni trabajar en una ocupación como autónoma, que le gustaba hablar, solucionar problemas y que tenía capacidad para mandar y dirigir.

Con todo este nuevo descubrimiento mi amiga se dio cuenta que adoraba trabajar en oficinas, le gustaba también hablar mucho y era buena para hablar en público pero no le atraía el tener demasiada responsabilidad como para solicitar un trabajo de gerencia, para ella era preferible depender de alguien que hiciera los planes grandes y ella descomponerlos en pequeñas metas.

También descubrió que tenía facultades para dirigir personal y usar sus talentos creativos y su gran memoria para los números y estadísticas. Decidió poner toda esta información en sus currículos y siguió distribuyéndolos, ahora con estas nuevas características de sí misma que había descubierto. Y sucedió, que en unos días recibió una llamada de su actual jefe pidiéndole que lo visitara, ya que al parecer había encontrado a la persona ideal para una nueva división de su empresa. Le comentó que la idea la tenía en mente desde hacía mucho tiempo, pero que no se había decidido a contratar, ni anunciar en el periódico, porque simplemente no había tenido tiempo de describir los lineamentos exactos que conllevaría ese puesto en concreto.

Como te imaginarás mi amiga obtuvo el empleo, un puesto totalmente nuevo, con un sueldo interesante, un trato amable por parte de su nuevo jefe, y además de sentirse valorada ahora se dedica a una actividad que le encanta. Esta situación me hace pensar lo siguiente:

La única diferencia entre una vida de éxito y fracaso muchas veces es tan pequeña como la práctica de una buena lectura.

Cuando estás buscando empleo, es necesario que presentes ventajas que te hagan sobresalir de entre las demás personas, que te presentes como lo que eres, un ser humano valiosísimo, lleno de talentos.

El indicar tus habilidades en el currículum denota que eres una persona preocupada por conocerse, por saber más de sí misma y con ello puedes lograr que te contraten a ti de entre 40 personas que están presentándose a un mismo puesto.

La vida es un proceso de crecimiento constante, si te sientes estancado en tu actual trabajo, es probable que necesites considerar un cambio de carrera, eso lo puedes lograr únicamente preparándote para ello.

Si no te conoces a ti mismo, nadie te conocerá; si no sabes cuanto vales, nadie te va a dar lo que en realidad quieres ganar.

Si no creces es que te estás quedando atrás, eso es algo anti-natural. ¿Por qué no perseguir tus sueños? Tal vez tienes un gran talento. El mundo precisa de tu talento, de lo que puedes ofrecer. ¿Cuál es tu contribución al mundo? ¿Qué puedes ofrecer? Esta es la pregunta fundamental que nos saca del tedio y nos permite vivir una vida plena en realizaciones.

Adelante, estamos aquí porque tenemos algo que dar, adelante, hagamos nuestro ofrecimiento al mundo.


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