Optimización del cerebro en el aprendizaje.

Hace unos años, cuando era director ejecutivo de la multinacional Ciba en Estados Unidos, tuve que hacer frente a un problema que afecta bastante a menudo a quien ostenta un cargo de alta responsabilidad en una gran organización: la falta de tiempo. Los directivos de mi staffllamaban constantemente a la puerta de mi despacho para consultarme todo tipo de cuestiones, y la verdad es que tantas interrupciones interferían en mi propio trabajo. De modo que, decidido a solucionar la cuestión, los reuní a todos y les dije: “En lo sucesivo, cuando entréis en mi despacho para plantearme un problema os haré cuatro preguntas y tendréis que ser capaces de responderlas: 1ª ¿Cuál es el problema exactamente?; 2ª ¿cuáles son las causas del problema?; 3ª ¿cuáles son las posibles soluciones?, y 4ª, de estas posibles soluciones, ¿cuál creéis que es la mejor?”. Sencillo, ¿verdad? Y efectivo, porque a partir de aquel momento el número de consultas, y de interrupciones, bajó de manera drástica.

Ciertamente, aquel equipo lo formaban personas competentes y bien preparadas, capacitadas para hacer su trabajo, y lo demuestra el hecho de que supieron acomodarse con rapidez a lo que yo les pedía, a las nuevas directrices.

Ha pasado más de una década desde entonces y las cosas han cambiado. Tal vez ahora aquellos mismos ejecutivos no se adaptarían con tanta facilidad a los nuevos retos, a los nuevos tiempos. Si no han cambiado de paradigmas, si sus modelos mentales no han evolucionado y sus cerebros no son capaces de manejar de manera eficaz la avalancha de información que nos proporcionan las nuevas tecnologías, seguramente habrán sido substituidos en sus responsabilidades por gente más joven, más preparada.

Hoy en día, el mundo no pertenece a quien sabe, sino a quien aprende. Ya no basta con seguir unos estudios y conseguir un título académico, con dedicar más o menos años a adquirir unos conocimientos y limitarse a aplicarlos en una área concreta de actividad. Hay demasiada competencia en todos los sectores, y la empresa que no comprenda que la formación continua de sus directivos, incluso la de sus trabajadores, es la mejor herramienta de progreso está destinada a desaparecer.

En las sociedades agrarias, en la Edad Media, por ejemplo, ostentaba el poder quien poseía más tierras; en la era industrial, el poder lo manejaba quien manejaba el capital. En la actualidad, el poder está en manos de quien dispone del mayor volumen de información. En estos momentos, sin duda, en lo económico se tiende a la globalización, mientras que en lo cultural, y en el ámbito de la información, se tiende a lo que McLuhan definió como ‘aldea global’: no hay barreras, no hay fronteras ni físicas ni lingüísticas, y lo que hoy está ocurriendo en Nueva York influirá hoy mismo en los mercados de Europa y Asia.

Al inicio del tercer milenio el caudal de información que se genera en el mundo se duplica cada 20 meses; dentro de diez años, en 2010, ese mismo caudal se doblará cada 80 días. ¿Estamos preparados para hacer frente a esta situación? ¿Sabremos analizar, organizar, evaluar y aplicar toda esta información? ¿Saben los nuevos empresarios, los nuevos líderes, pensar con sentido crítico, vivir con creatividad y tomar decisiones con libertad? En una empresa, en cualquier organización o institución, éstas son las claves del éxito.

Para mí, ser inteligente consiste en tener la habilidad para hacer distinciones, para hacer visible lo invisible; y es esta inteligencia la que nos permitirá desarrollar el sentido crítico preciso para analizar, organizar y evaluar la información. Por otra parte, ser intuitivo, vivir con creatividad, será muy pronto, si no lo es ya, una condición básica para el empresario de éxito; según la entiendo yo, la intuición es la capacidad de trazar planes o tomar decisiones correctas con datos incompletos, y no cabe duda de que ante la imposibilidad de abarcar y comprender toda la información a nuestro alcance esta cualidad es vital. Finalmente, hay que entender que ser libre no es sólo disponer del albedrío para hacer lo que más nos guste o apetezca; significa sobre todo no dejar que la voluntad sea gobernada por el capricho o el antojo, sino por una idea, por una visión, por una misión.

El hombre y la mujer del siglo XXI se enfrentan a unos retos como nunca ha visto la humanidad. La clave para superarlos es prepararse, crecer, optimizar el cerebro y programarlo -con imaginación, con criterio y con libertad- para que sea capaz de anticiparse al futuro, para que contribuya a construir un mundo al que las personas deseen pertenecer.


Dr. Lair Ribeiro, conferenciante internacional, escritor y medico. En la Universidad de Harvard, además de su preparación como médico, llevó a cabo estudios en diversas áreas de la psicología y adquirió una gran experiencia en los campos educativos y empresarial. Graduado por el Instituto de Neuro-lingüística (NLP) de Nueva York y también por el Instituto de Tecnología del Cerebro de Colorado, sus cursos de expansión de la inteligencia y desarrollo personal han tenido mucho éxito en diversos países, tanto en el gran público como entre ejecutivos y empresarios