Perdido en el sendero me encontre en una selva oscura.

“Nel mezzo del cammnin di nostra vita mi ritrovai per una selva oscura chè la diritta via era smarrita..”

He aquí el inicio de “La Divina Comedia”. Dante empieza así su cántiga del infierno. “A la mitad del camino de nuestra vida, perdido el recto sendero, me encontré en una oscura selva…”. ¿Cuántas veces nos hemos hecho eco de palabras semejantes?. En la mitad (pero, quién conoce ese instante?) de nuestra existencia, en la época de madurez, en el momento de hacer balance de nuestra vida cuando aún (creemos) que no es demasiado tarde para reorientar la vida ni demasiado pronto para no saber lo que queremos, surgen esas preguntas inmortales “mi ritrovai per una selva oscura”. ¿Estamos realmente en el sendero correcto? ¿Estamos perdidos en el recto camino?. En definitiva, ¿vivimos la vida que deseamos, merecemos y queremos?

Pero nosotros no tenemos al poeta Virgilio, la “fuente de la que emana tan abundante río de palabras” para que nos sirva de guía en nuestro camino de conocimiento. Pero nos tenemos a nosotros mismos y la profundidad de nuestro corazón. Allí es donde podemos preguntarnos lo que él preguntó: “¿Por qué, por qué te quedas ahí? ¿Por qué albergas tanto temor en tu corazón? ¿Por qué no muestras valor y osadía?”. Vivir es atreverse a cuestionarnos, a ir más allá de nosotros mismos, a preguntarnos quiénes somos, quiénes desearíamos ser, qué esperamos de la vida, de nuestros trabajos, de nuestras relaciones, de nuestros amigos, de nuestras familias. Qué hemos hecho, en definitiva, de nuestras ilusiones. Pero preguntarse por el valor de la propia vida es un riesgo, un riesgo que no siempre estamos dispuestos a asumir. O, como nos recuerda el propio Dante, “conviene dejar todo temor, que toda cobardía desaparezca de ti”. Porque es por temor y cobardía que nos disfrazamos de alguien que no somos, nos recubrimos de una personalidad, de una máscara que a veces se asemeja a mascarada. Nos convertimos en una impostura de nosotros mismos, en algo que llegamos a identificarnos. De esa forma, ocupamos nuestra vida en múltiples tareas y ruidos para evitar la gran pregunta sobre nosotros mismos. Pero, sigamos al poeta y “como las florecillas doblada y adormecidas por el nocturno hielo, cuando las ilumina el sol se levantan abiertas en sus tallos”, el caminante no se encuentra cómodo en la comodidad de una vida rutinaria y sin preguntas. El caminante “penetra por el camino arriscado y salvaje”porque siente y sabe que hay otra forma de vivir. Una forma de vivir de pie, no arrodillado ante una realidad externa que nos llega a ahogar.

El caminante se vuelve buscador. Inicia su camino en el cual encontrará problemas, dudas y dificultades. Pero sabe que no tiene otro remedio. O busca o muere en el tedio, en el aburrimiento de una vida sin aliciente, reducida a un bombardeo de consumismo, publicidad, y vanidades varias. Una vida “en un aire sin estrellas” que cantaba el poeta. El buscador sabe que esa vida no merece ese nombre, porque no es vida. Es supervivencia. Es una vida que no va con él, una vida que desagrada a su naturaleza profunda. Entonces es cuando, en la mitad del camino de nuestra vida, emprendemos la tarea de pensarnos a nosotros mismos, de cuestionarnos. En definitiva, de tomarnos en cuenta y responsabilizarnos ante nuestra existencia. Y el buscador inicia su camino. Una travesía que no sabe dónde le llevará, pero seguro que será fructífera. Porque lo importante no será el destino. Porque quizá ese destino no exista. Lo importante será siempre el viaje. Porque todo viaje, por largo que sea, se inicia con un primer paso, por pequeño que sea. Cuando nos hemos desviado o quizá perdido del recto sendero de los hábitos que conforman nuestra vida es el momento de agradecer esta sensación de desasosiego. Porque este “estar en la selva oscura” es lo que nos va a permitir el inicio del camino. Un camino que dará sentido y quizá grandeza a nuestra vida aun cuando no exista una Beatriz que vele por nosotros.


M. Merçè Rios Figuerola es licenciada en Filosofía y Letras, especialidad en Historia  por la Universidad de Barcelona. Licenciada en Psicología por la Universidad de Barcelona. 

Profesora de Psicologia y Filosofia. Secretaria de la Fundación Educalia Mundi

Trabaja como voluntaria social con personas enfermas en Salud y Desarrollo Personal

Puedes ponerte en contacto con M. Merçè Rios a través del correo: mercerios@yahoo.es