Por que soy sanador

Ser sanador es tener una actitud dispuesta a ser un medio para la sanación de nuestros semejantes y nuestro entorno, sin, por ello, renunciar a la propia individualidad.

Yo soy un sanador a tiempo partido. Con ello me refiero que, aunque me dedico como profesional a la sanación, ese no es mi medio de ganarme la vida. Por supuesto, que sanador se es o no se es, lo que implica necesariamente que, en caso de serlo, se es las 24 horas del día, 7 días a la semana. Y hay que estar dispuesto a sanar en cualquier momento.

Para mí, este hecho no es ninguna molestia, al contrario es una fuente de continuas satisfacciones. Puedo ayudar esté donde esté y sin importar donde se encuentre la persona que necesita ayuda. Esa es una de las ventajas que tenemos los sanadores. A diferencia de los cirujanos podemos llevarnos trabajo a casa. Podemos sanar tanto si la persona está ante nosotros, como si se encuentra a muchas kilómetros de distancia.

No se requiere ninguna preparación especial, ni concentración prolongada. Unos pocos segundos me bastan. Puedo empezar a sanar inmediatamente después de acabar mi jornada laboral o en los descansos para el almuerzo.

La sanación no implica ningún tipo de fatiga y la sensación general, tanto mía, como de los sanadores que conozco, es que, al acabar una sanación, el sanador se encuentra más descansado y con más energía que al empezar.

La energía de la sanación no es una sensación extraña o sorprendente. Es totalmente natural. Yo la siento de una manera táctil, como si tocara un objeto material; otros sanadores, la sienten como calor, frío o una ligera vibración. En todos los casos, la experiencia se define como agradable, una ligereza en el cuerpo y una gran claridad en la mente. En mi caso, es como si me observara mientras estoy sanando. Mis gestos, mis palabras fluyen espontáneamente y, al mismo tiempo, puedo observar como se adecuan a la situación de la persona que ha venido a sanarse.

Las personas que llegan a Sanación son de todo tipo. La mayoría no conocen muchos detalles sobre el proceso antes de llegar, pero todas vienen confiadas, ya que algún amigo les habló de ella. Quizás no estén muy seguros si la sanación funcionará en ellos, pero si saben que funcionó en quien les envía.

Pueden tener un problema grave, como cáncer, sida, infecciones crónicas, problemas de huesos, o pueden venir a comprobar un temor o a eliminar aquella molestia que nunca recuerdan comentarle al médico.

Mi experiencia es que la sanación funciona en todos ellos. No es necesario que la persona me indique cual es su malestar. Trabajando sobre sus cuerpos de energía -los campos energéticos que envuelven nuestro cuerpo físico- puedo detectar cual es el problema y, muchas veces, el origen del mismo.

Siempre que puedo explico a la persona el proceso a que se va a someter y le pido permiso para actuar. Personalmente, no me siento cómodo al interferir en la íntima relación que hay entre una persona y su enfermedad, a no ser que ella esté de acuerdo en dejarla partir.

Una vez tengo el permiso, actúo. Y una vez realizada la sanación, no hay necesidad de poner nuestra mente en ella. La labor hecha, hecha está, y no es necesario continuar pensando en ella para que sea efectiva.

En muchos casos la molestia desaparece al momento. Como una paciente con un esguince muscular, que desde meses atrás, tomaba periódicamente sesiones de quiromasaje tras las que necesitaba entre tres y cuatro días para que le desaparecieran los dolores y que, al acabar una sanación de un par de minutos, ya no tenía ninguna molestia. Y el dolor no volvió a aparecer. Estos casos de sanación instantánea son frecuentes. En otros casos, la mejoría no es inmediata, sino que puede necesitar algunos días para hacerse patente. Lo que ha estado mucho tiempo con nosotros puede necesitar un poco de tiempo para irse. Mi explicación a este hecho es que la energía de la sanación puede necesitar algún tiempo para asentarse en el cuerpo de la persona sanada. Y es curioso que, aunque durante la sanación no las tocamos, muchas personas perciben de una forma consciente la energía cósmica que fluye a ellas desde el sanador durante el proceso de la sanación. Mi experiencia es que esta energía sanadora no pierde fuerza con la distancia, ni por el hecho que la persona no esté físicamente frente al sanador. En realidad, ni tan sólo es necesario que la persona sepa que le estoy haciendo sanación. En numerosas ocasiones he podido diagnosticar y sanar personas a distancia. Desde mi casa he podido sanar a personas en ciudades a 600 kms., diagnosticando la parte de cuerpo afectada, el tipo de enfermedad y comprobando que, aunque ellas no sabían nada sobre ello, habían tenido una gran mejoría en el momento en que les hacía la sanación. Y que esta mejoría crecía al pasar los días. Como el caso de una señora que tras sufrir una embolia tenia paralizada la parte derecha del cuerpo y permanecía inconsciente la mayor parte del tiempo, que, al día siguiente de una sanación a distancia, empezó a recuperar el dominio de su cuerpo hasta ser capaz de valerse por sí sola.

En el tiempo que llevo practicando sanación he tratado con muchas personas. De todas las edades y profesiones. Niños y ancianos, profesionales, dependientes y amas de casas. Muchos se han curado, otros han tenido una mejoría en su enfermedad o han acelerado su convalecencia. Pero en todos los casos las personas reportan haber sentido no sólo alivio a nivel físico, sino una gran paz y quietud interior.

Porque no sólo hay cambios a nivel físico. Tras una sanación, es posible apreciar en la persona sobre la que se ha efectuado, un aumento en el nivel de conciencia. Esta elevación de la conciencia es una experiencia lo suficientemente común y perceptible como para que exista un amplio grupo de personas que aunque solicitan sanación , no lo hacen para librarse de una enfermedad. Personas que encontrándose físicamente bien acuden a la sanación como un sistema rápido de elevación de conciencia. El hecho de equilibrar los cuerpos energéticos, los chakras y el arquetipo de la conciencia de una persona parece corresponderse con un aumento en la calidad de sus percepciones y la entrada en una nueva dimensión psicológica y espiritual.

Esto no implica grandes cambios en la vida diaria -aunque en algunos casos, pueden darse- sino una mayor seguridad en sí mismo y una sutil, pero clara sensación de unión con la energía cósmica. En varios casos de pacientes a los que he tratado, su experiencia común ha sido de claridad mental, sensación física de calor y ligereza en el cuerpo, como si pudieran empezar a volar. Estas sensaciones permanecen durante la sanación. Al acabar, desaparecen lentamente y dejan lugar a una gran paz interior y, en algunos casos, una felicidad que les cuesta expresar en palabras. Curiosamente, aquellas de estas personas que habían practicado alguna técnica de desarrollo personal, comparan sus experiencias durante la sanación a las que tienen tras una larga sesión de meditación o relajación.

Esta parte de la sanación es un campo nuevo de investigación, en el que, seguramente, hay aún muchos elementos que descubrir. La sanación no es un territorio cerrado, sino que está en constante evolución y enriquecimiento. Porque mi experiencia de la sanación es que, en cada sanación que hago, aprendo algo nuevo; cada persona que acude a mí, me enseña algún nuevo aspecto sobre mi mismo y sobre la vida. Este es el gran milagro de la sanación: como ayudando a los demás, nos ayudamos a nosotros mismos.

Este artículo fue publicado por primera vez en agosto de 1991. Más de 22 años después sigue siendo un fiel reflejo de la experiencia de ser sanador.


 

Todas las semanas un grupo de voluntarios realiza sanación en Barcelona, Córdoba, Écija y Gran Canaria. Si desea información puede solicitarla al telefono (34) 932071003 o a info@servisalud.com