Primavera y alergías, molesto tándem estacional

Con la llegada de la primavera la Naturaleza despierta de unos meses de recogimiento y de su proceso de interiorización y todo aquello que parecía dormido e invisible a nuestros ojos surge con el ímpetu de quien ha estado recuperando fuerzas durante un largo periodo en la más absoluta intimidad. Se produce una explosión natural en la que la luz hace los días más largos, los árboles empiezan a florecer, las plantas a brotar y regresan esos animalillos de los que nos despedimos con los últimos calores, como abejas y mariposas, entre otros.

Esta especie de “renacer” de la Naturaleza provoca en muchas personas una respuesta alérgica, es decir, un conjunto de síntomas que son el resultado de una hipersensibilidad de su sistema inmune al entrar en contacto con ciertas sustancias o alergenos que normalmente resultan inofensivos para una gran mayoría. El término alergeno incluye cualquier sustancia que pueda hacer detonar una reacción alérgica, siendo de los más comunes el polen de los árboles, las gramíneas, los ácaros del polvo y el pelo de ciertos animales.

Los síntomas de las alergias varían dependiendo de qué esté causando la reacción y de la parte del cuerpo en la que ésta ocurra. Cuando la persona alérgica entra en contacto con el polen de algunas plantas estacionales que es transportado por el aire, mayormente en primavera, y empieza a experimentar una serie de síntomas en nariz y ojos, como rinitis o goteo nasal, congestión, picor en la nariz, en la boca o incluso en la garganta, (rinitis alérgica), conjuntivitis, irritación en los ojos, que pueden picar y estar enrojecidos, hinchados o llorosos (conjuntivitis alérgica), sufre lo que se conoce como “fiebre del heno”.

El polen que causa la fiebre del heno dependerá de la persona y de la región en la que viva. Cuanto más cálidos, secos o ventosos sean los días, mayor será la cantidad de polen que transporte el aire mientras que en los días frescos, húmedos o lluviosos este porcentaje disminuye ya que el polen cae y se esparce en la tierra. Es por ello que la primavera resulta especialmente “peligrosa” para las personas alérgicas.

No se sabe exactamente porqué algunas sustancias provocan alergias y otras no ni tampoco porqué algunas personas sufren estas reacciones mientras que otras no se ven afectadas por el mismo alergeno pero lo que sí es cierto es que las alergias estacionales con la llegada de la primavera aumentan considerablemente año tras año. Es posible que el ritmo de vida actual, el stress continuado y mantenido, los conflictos emocionales, la competencia y la intolerancia social y una alimentación inadecuada sean algunos de los factores determinantes directamente relacionados con las respuestas alérgicas, en cuanto a que todos ellos van minando y debilitando nuestro sistema inmunitario. Este debilitamiento se traduce en una hipersensibilidad que hace que se altere la función inicial de este mecanismo- protegernos de las incontables sustancias nocivas presentes en el aire que respiramos, en los alimentos que comemos y en las cosas que tocamos- y que el organismo reaccione a sustancias que por lo general son inocuas. Un sistema defensivo excesivamente sensible lleva a una respuesta inmune equivocada.

Desde la medicina natural o Naturopatia, se intenta dar salida al problema de las alergias con medios naturales, sea previniéndolas antes de que aparezcan en este periodo del año o superándolas aliviando los síntomas, si se ha empezado tarde el tratamiento. La base es que con un sistema inmunitario fuerte nuestro cuerpo es, por lo general, capaz de llegar a su autocuración ayudado, en caso de necesidad, por los estímulos precisos que fortalezcan su capacidad de recuperación.  

Para ello la Naturopatia ofrece distintas posibilidades para tratar las molestas alergias. Esta terapia tiene un doble objetivo: por una parte facilitar un tratamiento puntual que alivie los síntomas del brote alérgico y por otro lado, tratar el terreno del paciente, es decir, fortalecer su respuesta inmunitaria frente a ciertos agentes ambientales con un tratamiento de fondo, tanto a nivel físico como emocional. Este tratamiento incluye la esfera emocional, puesto que como unidad de distintas dimensiones intercomunicadas entre sí, al ser humano hay que considerarlo en su totalidad ante cualquier desequilibrio y porque detrás de numerosas patologías se esconde un desajuste en nuestras emociones.

La Naturopatia dispone de un amplio abanico de posibilidades de tratamiento de los procesos alérgicos estacionales, terapias no agresivas y en su mayoría compatibles con tratamientos de cualquier otro tipo de medicina. Junto a la terapia más apropiada en cada caso siempre deberá reforzarse el sistema de defensa, eje central sobre el que se apoya una buena reacción inmunitaria capaz de vencer a las alergias. 

 

Rosa Maria Canas es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona y graduada en Naturopatía y Medicina Tradicional China por el Centro de Estudios de Naturopatía y Acupuntura de Barcelona (CENAC).

Especialista en Acupuntura, Terapia Floral y Homeopatía.

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