Que no nos roben los sentimientos

No puedo hacer más que creer en que todo lo que me ocurre es por mi bien, aunque no sea lo que yo había esperado. Cuando me siento mal, recuerdo lo útil que he sido y la tristeza desaparece.

Llegan sigilosamente y sin hacer ruido por la puerta de atrás de nuestra vida y comienzan con su silencioso trabajo. Ignorándolos, continuamos con nuestras rutinas, haciendo esto y lo otro, hasta que un día, súbitamente descubrimos que nos han robado, que nos han despojado de nuestras pertenencias más preciadas, que la ilusión, la confianza, la autoestima, nuestro sentido de valía han desaparecido. Y entonces nos entristecemos, perdemos la visión de un futuro esperanzador y nos adentramos en el pantano de la tristeza que acabará hundiéndonos en el lodazal de la depresión más profunda.

Todo ha sido el resultado de un proceso lento, pero constante e imperceptible para nuestros rápidos sentidos. En un mundo de vertiginoso crecimiento, donde el nuevo “presente” debe sustituir al ya caduco “ayer”, nuestros sentidos apenas perciben el pequeño detalle del simple grano de arena, que uno tras otro, amontonándose, van a formar el muro que nos impedirá distinguir un futuro mejor. La especialización de una sociedad altamente competitiva nos enmarca en nuestra pequeña realidad; tras los muros de nuestra particularidad es difícil percibir más allá de nuestra área de competencia. La difundida creencia de que mientras nosotros estemos bien, los demás ya se arreglarán, nos sumerge en una cierta autosuficiencia, que no es más que el resultado de un no reconocido egoísmo. Un estilo de vida que enmascara el desgaste que van produciendo en nosotros todas las pequeñas frustraciones, las decepciones, la pequeñez de las traiciones de cada día. Y que nos hace creer que si consumimos tal o cual producto, seremos triunfadores, válidos o felices. Y así manteniendo nuestra atención en el consumir no percibimos como los ladrones de vida ya están haciendo su lento, pero inexorable trabajo.

Pero de pronto, un día, casi sin venir a cuenta descubrimos que nos han robado, que nos han quitado la ilusión, la esperanza, la alegría e incluso el amor. Los bellos colores que brillaban bajo el sol de las aspiraciones han dejado paso a un cielo plomizo. Al descubrirlo, como si con un clic del mando a distancia se pudiera, tratamos de ponernos otra vez bien, de recuperar el bienestar pasado. Primero, quizás intentemos acciones individuales, para luego tener que admitir que la ayuda siempre tiene que venir del exterior. Nuestro egoísmo nos dice que podemos hacerlo solos, pero la curación siempre viene de la mano del otro, del amigo, del terapeuta, de la persona que escucha y que te recuerda que no estamos solos. Que nos muestra que la vida continúa, y que no hay nada de lo que nos hayan robado que no podamos volver a obtener.

Existe un medio de evitar que nos roben, que la falta de valía se apodere de nuestra vida. Consiste en ocupar nuestra vida en acciones útiles a los demás. En tener una valiosa contribución hacia nuestra comunidad. En ayudar a nuestros amigos cuando se equivocan. En comprometerse con el bienestar de los demás. Nuestro sentimiento de realización se construye a partir de los actos útiles que realizamos a los demás.

Reafirmarnos en que somos valiosos cuando todo se derrumba es muy loable y útil siempre que sea seguido de acciones que den valor y sentido a nuestra vida. Cuando nos roban tratamos, aunque nos pese, de recuperar al menos lo más necesario. El camino de nuestra recuperación puede ser lento, pero como dice el Tao, “El camino más largo se inicia con un solo paso”. Aunque con pequeños gestos y acciones, comienza haciendo cosas valiosas, sé útil a tus amigos, a tus seres queridos, a tu comunidad. Vive la vida como un gran reto. Existen los tiempos malos, los difíciles, los obstáculos, las traiciones, las barreras que saltar, los enfrentamientos que resolver, las situaciones desagradables que enfrentar, los sentimientos que entender, las maravillas que descubrir, los juegos en los que participar, las loterías que ganar. Pero en medio de todo ello actúa. Se útil a los demás. Y así, lo que nunca podrán robarte es la felicidad, el amor, la realización que extendiste por tu alrededor. Cuando eres útil a los demás los ladrones ya no pueden entrar.


Frederic Solergibert Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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