Si pudiera volver a vivir

 

Cuando tenía 20 años, descubrí un poema de Borges que aún ahora me fascina. Es un poema frío, con la belleza helada y azul de los icebergs y la ferocidad de un tigre.

El poema trata sobre la vida, sobre lo que no nos atrevemos a realizar y sobre el arrepentimiento tardío. “Demasiado tarde” es el lamento más triste que pueda oírse. Pero “No me atreví” es aún peor. Por pereza, por desidia, por falta de confianza, por hacer caso a las opiniones ajenas dejamos de hacer aquello que deseamos, dejamos atrás nuestros sueños. Pero, siempre hay un punto de inflexión, siempre hay un momento donde tomar el timón de nuestra vida y decir: “Ahora lo haré. Ahora seré yo mismo. Ahora viviré mi vida plenamente. Ahora -y no mañana- empiezo a ser feliz”

Por eso, lo leo periódicamente, especialmente, al iniciar un nuevo año. Porque me recuerda que siempre es posible volver a vivir y que el instante del cambio, puede ser ahora mismo, mientras leo el poema. Que el poder de decidir está en mi. Que mi libertad es mía y sólo con ella es posible vivir la vida plenamente.

Si pudiera vivir nuevamente mi vida, 

en la próxima trataría de cometer más errores. 

No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. 

Sería más tonto de lo que he sido, de hecho 

tomaría muy pocas cosas con seriedad. 

Sería menos higiénico. 

Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría 

más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. 

Iría a más lugares a donde nunca he ido, comería 

más helados y menos habas, tendría más problemas 

reales y menos imaginarios.

 

Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente, 

cada minuto de su vida, claro que tuve momentos de alegría, 

pero si pudiera volver atrás, trataría de tener 

solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecho la vida, sólo de momentos; 

no te pierdas el ahora. 

Yo fui uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro, 

una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas; 

si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

 

Si pudiera volver a vivir, comenzaría a andar descalzo a principios 

de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño. 

Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres y 

jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.

 

Pero ya ven, tengo 85 años y se que me estoy muriendo.