Sri Lanka. La isla bendita

Lejos de los típicos destinos turísticos, todavía existen hoy en el planeta lugares casi inexplorados, vírgenes. Son territorios que ocultan excepcionales riquezas naturales y cuyos habitantes han encontrado la manera de vivir y convivir con la naturaleza, bajo las leyes del respeto y el cuidado del medio ambiente. Pueblos enteros que han sabido cambiar el concepto de turismo de masas por el de turismo sostenible, creando pequeños negocios que acogen a un viajero que busca autenticidad, tradición y naturaleza en estado puro. Salud y Desarrollo te invita, este verano, a conocer uno de losdestinos más espectaculares y fascinantes sobre la faz de la Tierra, a través de un magnifico viaje que nos descubrirá la isla bendita. Las siguientes líneas dan fe de la excepcional belleza de Sri Lanka.

La mayoría de las personas no saben donde se encuentra Sri Lanka, ignoran que es una isla situada en el océano Indico, entre India y las Islas Maldivas, este desconocimiento ya es sinónimo de virginidad, al revés de India, en donde el turismo masivo convierte el viaje en un agobio constante de mendigos, vendedores y niños, Sri Lanka permanece en paz, sonriente, simplemente, porque muy pocos saben dónde está y sólo unos pocos deciden visitarla.

Desde Colombo, la antigua capital marítima de Sri Lanka, nos dirigiremos a una tríada de tesoros nacionales que se encuentran junto a la ruta que conduce a Kandy, la capital medieval de los reyes de Ceilán, en pleno corazón de la isla. Los 116 kilómetros por recorrer son totalmente distintos a las excursiones habituales. En lugar de visitar castillos, museos y monumentos antiguos, la meta es detenerse en el orfanato de elefantes, pasear por los Reales Jardines Botánicos de Peradeniya, que cuenta con la colección de orquídeas más grande de toda Asia, y, finalmente, visitar el Templo del Diente Sagrado de Buda en Kandy, que atesora las reliquias más sagradas del país.

En el camino se ve la razón de por qué Sri Lanka, que significa isla bendita, ha generado innumerables nombres líricos a lo largo de su historia, comenzando por los primeros viajeros chinos que la denominaron “la tierra sin dolor”. En la India, por ejemplo, se la conoce como Lanka, “la resplandeciente”. Por su geografía, este país, conocido antiguamente como Ceilán, ha sido descrito como “el pendiente de India”. Resulta sencillo deducir el motivo, puesto que la isla yace prácticamente en el centro del océano Indico, en la punta meridional del continente.

Su singular esplendor, y, desde luego, el interés económico, atrajo a árabes, indios, portugueses, holandeses, malayos y británicos. Compañías cinematográficas de Hollywood utilizaron su exuberante vegetación como marco para la película “El puente sobre el río Kwai” y la avenida de las palmeras reales en los Jardines Botánicos para “El camino del elefante”, que muestra a una jovencita Elizabeth Taylor. Incluso “Tarzán” e “Indiana Jones” pasaron por la historia del cine con el fondo de esta isla verde.

En Colombo se ven joyerías donde se exhiben gemas por las que Sri Lanka es precisamente famosa; zafiros notablemente azules, como el conocido Estrella de la India, que se exhibe ahora en el Museo de Ciencias Naturales de Nueva York, y el Zafiro Azul, de 466 quilates, que desapareció y terminó en manos de un coleccionista norteamericano. Colombo parece una ciudad moderna, pero algunos lugares nos toman completamente por sorpresa. Los pasajeros se sientan de a dos en pequeños vehículos con sólo tres ruedas llamados “tuck tucks” que se mueven con gran parsimonia en mediode una maraña de automóviles, bicicletas y gentes.

En cuanto salimos de los confines de la ciudad, los encantos seductores del paisaje rural se desplegaban uno tras otro. Es imposible evitar sucumbir a este esplendor tropical. Fincas con plantaciones de bananos y cocoteros pueblan una ancha franja de la costa; enormes extensiones de arrozales cubren la campiña, mientras que las plantaciones de caucho se ciñen a los pies de los montes. El caucho líquido brota de la corteza y cae en especies de resumideros que penden del tronco de los árboles. Fragantes caneleros y pimenteros trepan por las laderas de las montañas. Arriba, hectáreas de arbustos de té se extienden más allá de lo que la vista permite ver. Los recolectores de té, en su mayoría mujeres vestidas con saris de colores brillantes, comienzan el proceso; más tarde, otros secarían las hojas, las compactarían y distribuirían.

Los occidentales estamos acostumbrados a escenas bucólicas con vacas, caballos y ovejas que pastan a campo abierto. Pero aquí uno queda deslumbrado ante el búfalo de la India, de amplias astas curvas, que ara metódicamente los campos sembrados de arrozales. De tanto en tanto se cruza un elefante en el camino quitando la maleza con la trompa.

El vehículo remonta el angosto camino que lleva a alturas más frescas, hasta llegar al Orfanato de Elefantes de Pinawella, creado en 1975 con el auspicio de la Secretaría de Recursos Naturales. Aquí se ocupan del cuidado de los elefantes heridos y huérfanos, los rescatan, los cobijan en este parque, los entrenan hasta que se convierten en adultos y luego los venden a las industrias madereras o los donan a los templos para las procesiones religiosas. Los elefantes más jóvenes beben copiosos biberones de leche por día; los más adultos se devoran una palmera o dos y consumen toneladasde hojas. Las estadísticas revelan que los elefantes pasan tres cuartos de su vida comiendo.

Una escena como las que aparecen en los documentales sobre la vida silvestre se abre frente a nosotros. Ahí el tamaño se impone: enormes orejas colgantes del tamaño de las puertas de un garaje, patas como columnas, el cuerpo de las dimensiones de un dirigible y ese sonido “plop” “plop” como un lluvia intermitente de sandías. Pero la escena más enternecedora es la del pequeño elefante, bueno, en relación con los demás, puesto que pesa alrededor de una tonelada, de tres meses, el más joven del orfanato, que arremete hacia el río, y, al llegar a la orilla, no sabe qué hacer después. Finalmente, se mete en el agua y se detiene en medio de la corriente esperando que se lo laven y cepillen, mientras los demás disfrutan del agua fresca, usando sus trompas como verdaderas duchas. Estos baños son esenciales para la salud del elefante. El agua no sólo los desparasita, sino que también los protege del calor del lugar.

Si bien el episodio del orfanato es toda una aventura, el paseo en ómnibus también. Al retomar nuestra ruta, un camino zigzagueante, cuesta arriba, el chofer estaba con la mano apoyada sobre la bocina. Este tramo espeluznante, que podía hacerle perder la paciencia a cualquiera, no parecía molestar al aluvión de peatones, vehículos, bicicletas y animales que subía y bajaba la montaña, y que cada vez que el chofer tocaba bocina se abría de muy buen modo para darnos paso; evidentemente, el nivel de tolerancia de la población de Sri Lanka es sorprendente.

Pero, Sri Lanka no es sólo naturaleza, visitarla incluye admirar los maravillosos templos budistas que fueron levantados como consecuencia de que Ananda, el discípulo principal de Buda, predicó y vivió aquí. No es sólo descansar en sus playas, sino que es imprescindible relajarse con un buen masaje Ayur Védico. Y es que Sri Lanka ha sabido preservar, como en ningún otro lugar, este antiguo sistema de curación hindú, y, sería impensable viajar hasta allí, sin someterse a un excelente tratamiento rejuvenecedor basado en la armonización de nuestros chakras o una cura de desintoxicación, derejuvenecimiento, como el famoso Pancha Karma.

Para todos nosotros, es una alegría regresar este año a Sri Lanka, afortunadamente la gran desconocida, esta vez acompañado por buenos amigos en un viaje tranquilo, pensado para disfrutar, relajarse y compartir momentos de conocimiento y amistad.

Frederic Solergibert


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