Una experiencia transformadora

¿Para qué vivimos, si no es para hacer mas fácil la vida de los demás?

Esperar que las cosas sucedan de una determinada manera es una excelente forma de alcanzar la desilusión. Depender de que alguien te haga feliz, te haga sentir bien o te anime el corazón es una eficaz forma de aislarte un poquito más. Cuando tu felicidad depende de otras personas o de determinadas condiciones de vida es un gozo limitado. La felicidad tiene que brotar de ti antes de que pueda venirte de las circunstancias o de las personas que te rodean. La felicidad es una manera de caminar por la vida, una forma de hablarles a aquellos con los que te encuentras. Satisfacción es saber que estás haciendo lo que puedes, lo mejor que sabes, y que te sientes bien comportándote así. Tranquilidad es saber que el tiempo está de tu parte y que donde quiera que estés, tú eres la felicidad. Gozar es tomarte un momento para decir gracias, un día para hacer cosas para ti mismo o la satisfacción de compartir lo que tienes. Felicidad no es lo que te sucede; es lo que sale de ti cuando estas consciente de la bendición que ya eres.

¿No crees que hubiera sido maravilloso si nuestro primer amor hubiera sido nuestro único amor? Aquel amor que se perpetúa a través de los siglos y los siglos, a través de la eternidad. Bueno, seguramente que a estas alturas ya sabes que la vida casi nunca es así. La gente entra y sale de nuestras vidas, llevándose con ellos un pedacito de nuestro corazón. Por más difícil o doloroso que parezca así debe de ser. Poseemos amor más que suficiente para compartir y dar, y tenemos que ofrecerlo abiertamente. Cuando amamos por alguna razón especial, es agradable dar amor por qué recibimos lo mismo que damos. Cuando tenemos un amor pasajero, es un amor de vendaval, que nos prepara para algo mejor. Cuando llegan a nuestra vida esas personas tan especiales, podemos amarlas y las vamos a amar para siempre. No pienses que el amor es lo que nos hace daño emocionalmente, sino el intento de arrancar a la gente de nuestros corazones y nuestras mentes. Cuando amamos adecuadamente de acuerdo a la etapa en la que nos encontramos, disfrutamos de una vida entera llena de amor.

Pero no podemos amar mientras odiamos, progresar mientras nos oprimimos, sentirnos unidos en la desunión, construir mientras derribamos, unirnos mientras nos separamos, entender mientras no escuchamos, dar mientras retenemos, crear mientras destruimos, vencer mientras tememos. ¡Es sencillamente imposible! Las personas tenemos que escoger: o aceptamos lo que creemos que otros nos están haciendo, o lo rechazamos y hacemos algo diferente. Si nos amamos los unos a los otros, como base para nuestro propio progreso, no tenemos que preocuparnos de nuestro desarrollo, no tenemos que preocuparnos de que otros boicoteen nuestros proyectos, nos envidien o nos odien o de que nosotros tengamos que odiarlos también. 

Si trabajamos para el bien de la humanidad dejará de molestarnos que alguien trate de negarnos algo. Si nos sostenemos en la fe de nuestra habilidad para sobrevivir y caminar hacia el futuro no nos importará quien quiera destruirnos. Si nos celebramos, nos apoyamos y nos nutrimos a nosotros mismos no necesitaremos que nadie más lo haga por nosotros. Felicidad es ser bienaventuradamente independiente, el amor es siempre incondicional.

La vida es un gran desafío. Siempre habrán tiempos malos, situaciones difíciles, situaciones enredadas, grandes obstáculos, sitios espinosos, barreras que saltar, trampas en el camino, puñaladas en la espalda, montañas que subir, cosas a las que sobreponerse, enfrentamientos que resolver, situaciones desagradables que enfrentar, sentimientos que entender, desilusiones que aceptar, misterios que resolver, maravillas que descubrir y sueños por alcanzar. Pero en medio de todo este trajín no olvides abrazar. Este es el secreto de la felicidad, el antídoto del egoísmo. Abraza a tus padres, a tus hijos, a tus amigos, abraza a todo aquel que se te acerque. Abrázalo con tu mente, abrázalo con tu corazón, abrázalo con tu cuerpo. Esa es la única manera que conozco de llegar a la felicidad. Hazlo rápidamente. Hazlo lentamente. Hazlo a la luz del día. Hazlo a la luz de la luna. Pero no olvides abrazar. Hazlo por ti mismo. Hazlo por el otro. Hazlo por el mundo. Abraza amigo lector. Y si no puedes abrazar difícilmente sabrás lo que es el amor y la felicidad.


Frederic Solergibert Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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