Y LLEGAMOS AL NÚMERO 100 de: El Pensa

Doce años han pasado desde aquel lejano enero de 1994 en que publicamos el primer ejemplar de “El Pensa”, una simple pagina elaborada como un entretenimiento, con un programa informático que los Reyes Magos de Oriente nos habían obsequiado.

Siempre me ha fascinado la naturaleza del cambio, como de improviso surge un nuevo proyecto que se enraíza en una realidad anterior y que permite la nueva situación; el como de pronto, impulsados por la fuerza de la pasión iniciamos algo que después deberá ser mantenido y continuado con amor y responsabilidad. A menudo tendemos a creer que cambiar es algo lento, arduo y que precisa de tenacidad y así es en parte, el progreso, la evolución se produce a través de modificaciones graduales, habitualmente imperceptibles, pero que nos preparan para dar el gran salto que modificará nuestra vida por completo.

El viejo paradigma es superado en un instante. Efectivamente ha habido un tiempo de preparación, un tiempo en donde nuestras mentes se han ido adaptando para el surgimiento de una nueva realidad. Pero el cambio surge de improviso, en un instante nuestra vida se ve modificada por los nuevos acontecimientos.

Hace doce años Sus Majestades Los Reyes Magos de Oriente, en su tradicional cita navideña nos obsequiaron con un programa informático que permitía la compaginación de textos. Casi sin darnos cuenta y como niños con zapatos nuevos empezamos a construir la primera página de un periódico al que pusimos “EL Pensa”  abreviatura de nuestro amado seminario “Pensamiento Creativo”. Una foto, unos cortos textos sobre nuestras actividades, un anuncio y la página estaba terminada. La imprimimos y la distribuimos en nuestro despacho. Quizás tardamos un par de horas en confeccionar aquel primer número, luego vino un segundo, un tercero y así durante doce años. Lo que comenzó con un par de horas se convirtió en una dedicación de muchos años.

Así es como acontecen las cosas, casi sin darnos cuenta, de improviso nuestra vida se modifica. En un instante conocemos a la persona amada y en un instante podemos perderla. En un momento surge la pasión y en un instante deviene la tragedia. Pero cada cambio se apoya en un imperceptible movimiento que permite que el cambio se manifieste. Como el primer número de “El Pensa”, si no hubiéramos tenido ordenador, no habríamos podido tener el programa, ni confeccionar el primer número.

Cada gran salto en nuestra vida se apoya en un proceso anterior. Si podemos ser conscientes de las lentas modificaciones graduales que se producen en nuestra vida, podremos dirigir nuestro progreso hacia las metas que deseamos alcanzar. Pero el problema es que es difícil percibir estas lentas modificaciones debido al rápido funcionamiento de nuestro cerebro, el cual está preparado para detectar las amenazas a la supervivencia, los cambios repentinos, para defendernos, pero no para detectar las imperceptibles modificaciones que se producen a nuestro alrededor.

Somos poco conscientes de los procesos de elaboración, nuestro cerebro está preparado para enfrentarse a la creciente aceleración, a la complejidad del mundo moderno y la incertidumbre con que se presenta el futuro. Cada día tendemos más a la especialización, pero este rápido adáptanos nos inutiliza para observar las pequeñas alteraciones graduales que se suceden a nuestro alrededor.

Para aprender a ver los procesos lentos y graduales, el llamado proceso de elaboración del cambio, es necesario aminorar nuestro ritmo frenético y prestar atención no sólo a lo evidente sino a lo sutil. Si nos sentamos a mirar los charcos dejados por la marea, no vemos mucho al principio, pero si nos detenemos a observar, al cabo de diez minutos el charco cobra vida. Ese mundo de bellas criaturas está siempre allí, pero se mueve tan despacio que al principio no lo percibimos.

La aceleración, la complejidad, la incertidumbre del mundo moderno demanda del desarrollo de un estado de paz interior, de un estado de alerta en profundo descanso que nos permita percibir las pequeñas transformaciones que imperceptiblemente acontecen en nuestra vida y desde este estado de tranquila objetividad, poder incidir en ellos para poder de este modo dirigir nuestro destino hacia un mayor bienestar y satisfacción.

Cumplimos cien números, doce años de dedicación y amor, doce años escribiendo artículos, y todo comenzó en un instante de ilusión. Pero aquel primer número surgió porque teníamos el nivel de conciencia que nos permitía realizarlo. Y desde aquel instante surgieron muchos más cambios, nuevas oportunidades, nuevos amigos hasta llegar al día de hoy. Gracias amigos por acompañarnos, por estar allí. Por ser como sois.


Frederic Solergibert Sorni

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Psicoterapeuta y Consultor. Autor de "Lo que no se ve" y Bajo el árbol amigo" libros publicados en España por Ediciones Urano.

Consultor en Astrología Psicológica. Consultas en Madrid, Barcelona y Gran Canaria.

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