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Junio - Julio 2010 |
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SUMARIO
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LOS CUATRO ENEMIGOS DE LA PAREJA |
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Una fluida relación de pareja implica un permanente dar y recibir. Cuando la
pareja se siente parte del mismo equipo ve, como algo normal, el trabajar
juntos por el bien de su relación.
Contrariamente a lo que se piensa, la causa primordial de las relaciones
infelices no acostumbra a ser los problemas, sino la forma cómo nosotros los
manejamos. Mostrar nuestro desacuerdo, incluso enfadarnos constructivamente,
puede hacer maravillas para aclarar las cosas y conseguir un nuevo
equilibrio en la relación. Sin embargo, los conflictos llegan a ser un
problema cuando se caracterizan por la presencia de las cuatro actitudes que
destruyen la relación: la crítica, el desprecio, la defensa, y el encierro. Criticar es atacar la personalidad o el carácter de nuestra pareja, en vez de enfocarnos en solucionar la conducta específica que nos molesta. Realmente es saludable y aconsejable ventilar los desacuerdos, pero no lo es en absoluto, el atacar la personalidad, o el carácter del cónyuge en el proceso. Es la diferencia entre decir: "Estoy molesto porque no sacaste la basura" o decir, "No puedo creer, que no sacaste la basura. Eres tan irresponsable". La crítica daña la relación, incrementa el desamor en la otra persona y es una fácil avenida que desembocara en el cansancio en la relación. Cuanto más se use esta táctica, más cansada estará la pareja de ti.
El desprecio es un paso que va más allá de la crítica e implica el derribar
o insultar a la pareja. El desprecio es un signo abierto de la ausencia de
respeto. Ejemplos del desprecio incluyen el burlarte de tu pareja, el poner
los ojos en blanco o mirar a otro lado mientras te habla, poner cara de
desprecio, o derribar al otro con el humor sarcástico. El desprecio es un
símbolo que nos habla de la ausencia del amor en nuestra relación. Es un
acto de soberbia que anula la tolerancia, y por tanto, la capacidad de
convivir.
Permanecer a la defensiva, en medio de un conflicto, puede ser una respuesta
natural, pero no ayuda a mejorar la relación. Cuando estamos a la defensiva,
usualmente, experimentamos mucha tensión y eso dificulta que nos enfoquemos
realmente en lo que se ha dicho. Reaccionamos, por ejemplo, negando
responsabilidades, inventando excusas, o respondiendo a una queja con otra.
Nos encerramos en nosotros mismos cuando, simplemente, nos negamos a
responder. Valerse de esta medida defensiva, de vez en cuando, puede ser
saludable; pero, como una manera típica de interactuar, llega a ser
destructiva para cualquier relación. Encerrarse, replegarse, es una señal de
escape en el matrimonio, en vez de querer resolver los problemas.
Todas las parejas emplearán estos tipos de conducta en alguna ocasión en su
matrimonio. Así somos los humanos, pero cuando una de estas actitudes reside
permanente, la relación va camino al fracaso. Existen parejas en que cada
uno de los miembros hace suya una de estas cuatro actitudes. Entonces se dan
las combinaciones, por ejemplo: crítica – defensa, desprecio – encierro,
etc., dependiendo de si las personalidades que interactúan son opuestas.
Cuando las personalidades son similares se pueden dar las combinaciones:
crítica – crítica, encierro –encierro, etc.
La presencia de las cuatro actitudes puede darse como diferentes estadios en
la relación de la pareja. Lo trágico se da cuando uno intenta reparar el
daño hecho por estas actitudes, y el otro lo recibe, repetidamente, con
rechazo. En este caso, la posibilidad de que la relación termine en divorcio
es muy grande. Los problemas en una relación de pareja son algo muy común,
de hecho el convivir con otro ser humano
es la mayor aventura que podamos vivir y para su correcto
funcionamiento tiene que estar motivado por el amor y por el
deseo de cooperación mutua. Ningún matrimonio puede ser dichoso a menos que
cada uno de los cónyuges ame al otro como así mismo.
Las bases de toda estructura es lo que la sostiene, una casa construida
sobre un cimiento sólido soportará fuertes lluvias y temblores, no así la
estructura construida sobre una base débil, arenosa o lodosa. Las relaciones
de pareja se inician con el enamoramiento, etapa de fascinación y
encantos, adecuada para el mutuo conocimiento de la pareja. Es el principio
de la relación, basado en la atracción y la idealización de la persona, que
se cree calza con la idea mental de la persona perfecta que se cree
encontrar. Sin embargo, el enamoramiento pasa una vez que la idealización
aterriza en la realidad de los seres humanos, simples mortales llenos de
virtudes y defectos. Razón por la cual el enamoramiento es un principio,
pero no la base que pueda sostener ninguna relación. Es el mutuo amor y no el enamoramiento lo que sostiene a la relación. Es el amor, la fuente de la que emana la comunicación profunda que lleva a la intimidad del universo, que es tu pareja, es el intercambio de sentimientos, deseos y formas de pensar en el marco de la aceptación y el respeto. Construye tu casa, tu vida relacional sobre un cimiento sólido y cuando vengan las circunstancias difíciles los dos estaréis juntos para superarlas, evitando estrellarse en los cuatro enemigos de la pareja.
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MOMENTOS ESPIRITUALES |
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PARA QUE EDUCAMOS A NUESTROS HIJOS |
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Nuestros tiempos son sin duda competitivos. La sociedad, el mercado de
trabajo, las necesidades personales crecen y se tornan más complejas. La
informática que hace poco no existía interconecta o aísla aquellos que no la
utilizan adecuadamente. Los cursos de lenguas extranjeras, las
post-graduaciones interminables, los estudios, las escuelas, todo en nombre
de la competencia. Así, lo que ayer era suficiente para educar, hoy parece
poco.
Con la pretensión de ofrecer a nuestros hijos los instrumentos suficientes
para enfrentar el voraz monstruo de la competencia, buscamos todos los
medios para que ellos sean los mejores, sean los primeros, sean en fin los
que aprendieron a competir. Para eso, no escatimamos esfuerzos en las horas
interminables de los cursos, de los deportes, del refuerzo escolar, de las
clases, comprando las herramientas para que trabajen, para que sean
competentes. Pero, te has preguntado ¿para qué educamos a nuestros hijos?,
¿Qué armas y qué combates deseamos que ellos estén preparados para
enfrentar?
Si nos preguntan qué necesita el mundo, qué falta en nuestra sociedad, de
pronto enumeramos las virtudes ausentes en nuestra alma: honestidad, respeto
al prójimo, compasión, solidaridad. En definitiva, ¿quién de nosotros no
anhelaría un mundo lleno de todo eso? Pues bien, ese es el mundo que
deseamos. Y ciertamente es el mundo que ambicionamos para nuestros hijos.
Pero, ¿están ellos preparados para ese mundo? ¿Poseen nuestros hijos
recursos para vivir en un mundo de tolerancia, compasión, solidaridad? ¿En
qué medida nuestros hijos están preparados para un mundo así? ¿Hemos sabido
educar a nuestros hijos en la tolerancia?.
El niño, el joven que no experimenta la lección de la convivencia con las
diferencias, percibiendo que somos distintos solo por el lado de
afuera, pero que por dentro todos somos hijos de Dios, jamás sabrá el
significado de la tolerancia.
Y la compasión. ¿Ya estudiaron nuestros hijos esa disciplina? Solidaridad.
¿Ya se habló de eso en la escuela del hogar? En un mundo donde las
desigualdades florecen en todas partes, ¿ya nos detuvimos para enseñar a
nuestros hijos la necesidad de extender la mano, para ayudar a minimizar la
miseria ajena, sea del cuerpo o del alma?
No podemos olvidarnos que la primera escuela de la vida es el hogar, y que
en él, las lecciones que anhelamos para el mundo deben ser aprendidas. De
nada vale que deseemos un mundo sin violencia, si no enseñamos la cordura y
la mansedumbre a nuestros hijos.
En esos días desafiadores, en que las personas pierden las referencias de
valores, en que las lecciones del alma se perdieron en el afán de educar la
mente, buscando tan sólo ser competitivos, es en el hogar que debemos
cultivar los valores nobles que fortalecen el alma para enfrentar las
dificultades de la vida. No más, la preocupación de aprender a ser
competitivos, sino de aprender a ser colaboradores es la lección que la vida
nos ofrece como el mejor aprendizaje. Al final, la mayor oportunidad que la vida nos ofrece, mientras estamos aquí, es fundamentalmente que aprendamos a conjugar en la práctica vivencial un único verbo: amar. |
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EL ACTO DE SANAR A LOS DEMÁS |
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El estudio de los pases, del magnetismo, de las curas espirituales,
despierta siempre mucha atención en aquellos que desean desarrollarse
espiritualmente, viviendo en un ambiente en donde la bondad y el amor nos
impulsa al servicio desinteresado hacía los demás.
La sanación es la ciencia de resolver nuestros problemas, enfermedades y
dolencias, tanto físicas como psicológicas, desde su origen. El sanador, a
través del movimiento de sus manos manipula los fluidos energéticos,
restaurando el funcionamiento espiritual del paciente, para luego acercar
sus manos a un determinado lugar del cuerpo de la persona que está
recibiendo los pases. Con ello, las moléculas enfermas del paciente son
sustituidas por moléculas saludables, impulsando el cambio de hábitos que
crearon la enfermedad, y con ello la renovación moral del enfermo.
El principio fundamental de la sanación es que la
mente y el cuerpo están íntimamente relacionados. El Sistema Nervioso
Central es el potente ordenador central que controla todas las funciones
corporales: controla la motricidad, controla todas las modalidades
sensitivas y controla todas las funciones viscerales. Además tiene unas
funciones inherentes a sí mismo, como es la esfera de los pensamientos y la
vida emocional. Es un hecho conocido, y de muy fácil demostración práctica,
que los distintos tipos de sentimientos tienen repercusiones orgánicas. Por
ejemplo, la rabia se manifiesta a través de las dolencias hepáticas, el
miedo a través de los riñones o como las emociones no resueltas afectan al
funcionamiento del estómago.
Sucede así, porque los sentimientos nos informan que algo está ocurriendo en
el exterior, y es bueno y necesario que el cuerpo se prepare adecuadamente a
la situación. Sí sentimos miedo, si sentimos rabia, si sentimos amor, si
sentimos alegría. Todo ello es natural. Es algo que la naturaleza ha
previsto para que podamos ir adaptándonos a las circunstancias cambiantes de
la vida. El problema comienza con las emociones no resueltas, las cuales a
través de sus constantes impulsos repetitivos cambian el flujo energético y
terminan por enfermarnos.
El Reequilibrio Energético Integral trabaja con la causa del problema. El
enfoque principal de esta técnica es en el campo energético, que es donde se
originan y se almacenan la mayor parte de nuestros problemas. Todos tenemos
un campo energético que incluye varias dimensiones. La medicina tradicional
sólo atiende a la dimensión física; la psicología, la estructura
psicológica; pero para el sanador es vital el conocimiento de los centros
energéticos, los centros de concentración de energía íntimamente ligados al
sistema nervioso. Al equilibrarlos crea una correcta distribución de
energías impulsando así la sanación, incluso sin que el sanador no sepa
antes cuál es el órgano o región del cuerpo enferma.
El desarrollo espiritual del sanador que realiza este
trabajo,
también ejerce una influencia en el proceso de cura,
puesto que los fluidos energéticos que canaliza siempre adquieren alguna
característica de aquel que los manipula. El fluido espiritual o energía
canalizada puede ser adulterada por la condición moral del sanador. Es por
ello que el sanador debe hacer todo lo posible para desarrollarse
espiritualmente, y de hecho, nuestro objetivo de trabajar en equipo cumple
la función de promover el crecimiento espiritual del grupo, puesto que
cuanto más puro sea el resultado final de la mezcla
sanador y energía canalizada, más rápida será
la cura.
Otros factores también influyen en la curación: uno es
el merecimiento del enfermo, otra las condiciones ambientales donde se viva.
También hay que tener en cuenta que algunas enfermedades se originaron en
otras vidas y por lo tanto para su curación es necesaria cierta comprensión
sobre el origen de la enfermedad y la movilización de recursos espirituales
por parte del paciente para superarla. Asimismo, no hay que olvidar que
ciertas enfermedades pueden estar ligadas al tiempo de permanencia
en este plano de existencia, y, por lo tanto,
el protocolo de sanación es, en este caso, la preparación idónea para un
tránsito armonioso y en paz.
El acto de curar puede realizarse en cualquier lugar, independiente del
espacio donde se ejecuta, de la religión del sanador o de otros factores. De
hecho, no hay que olvidar que Jesús curaba en cualquier parte. Tampoco es
necesario conocimientos de anatomía humana, fisiología o patología. Si el
sanador posee estos conocimientos le ayudarán a comprender la naturaleza de
la enfermedad y como tratar al enfermo. Pero no son imprescindibles. De
hecho, los apóstoles eran personas muy simples, con poco o ningún
conocimiento de anatomía, y no por eso dejaron de curar.
Dos factores importantes para ser sanador son el estudio y la disciplina. El
estudio de una técnica estructurada que le permitan comprender y ejecutar
mejor el proceso de sanar, sin cansarse y sabiendo que se hace. La
disciplina en la práctica es otro factor muy importante, puesto que con el
paso del tiempo el sanador tenderá al desarrollo de sus capacidades
mediúmnicas, y cuando esta aflore será preciso un cauce moral por donde
fluir, en este caso la pertenencia a un grupo de sanación ayudará a su
correcto encauzamiento y desarrollo.
Cuando acudimos a recibir Reequilibrio Energético Integral o sanación, es
importante que asumamos la responsabilidad de nuestra propia sanación, de
nuestro propio proceso, recordando que hay sanación cuando hay
esclarecimiento y comprensión. El resultado de este proceso es una
apertura progresiva del corazón al amor incondicional y una inevitable
expansión de la conciencia, lo que transformará nuestras relaciones,
mejorará nuestro entorno, y por ende, nuestro mundo. GRUPOS DE REEQUILIBRIO EN ESPAÑA:
SEVILLA
Los jueves a las 20 horas
CÓRDOBA
Kosmos
C/ Escritor Azorín 3 - Córdoba
Los viernes a las 18.30 horas.
BARCELONA
Salud y Desarrollo Personal
Córcega, 459 ático - Barcelona
Los jueves de 17 a 20 horas
GRAN CANARIA
Tetería Los 5 sentidos
C/ Venezuela 34. Los Llanos, Vecindario
Los jueves a las 20 horas
Naturalia
C/ Insular 39 - Vecindario
Los lunes a las 19.30 horas
La Botica Verde
Avda. Escaleritas, 40. Las Palmas G.C.
Los miércoles a las 20 horas.
Acceso libre a las horas indicadas |
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VERANO - CORAZÓN |
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La llegada del verano ha sido celebrada por todo tipo de civilizaciones desde que el mundo es mundo. Ya en la antigüedad nuestros antecesores observaron que con la llegada de determinada época del año los días duraban más y las noches eran más cortas de lo habitual y mirando al cielo concluyeron que la posición de las estrellas era variable, que se producían cambios de clima que marcaban el ritmo de las mareas y el calendario de siembra-cosecha y que los seres vivos, conscientemente o no, vivían de acuerdo a los dictados de la naturaleza. Así pues, el conocimiento de los ciclos naturales es lo que ha guiado la vida y el trabajo a través de la historia para garantizar la subsistencia de nuestros ancestros hasta nuestros días.
El verano es la estación del crecimiento y maduración de la naturaleza;
las flores y los frutos están presentes a nuestro alrededor y las plantas
crecen como queriendo tocar el cielo. Este movimiento de circulación
ascendente acompañado de calor es precisamente la actividad que la teoría
Wu Xing
de la Medicina Tradicional China (MTC) asocia con el fuego, éste al color
rojo y ambos con el Corazón, puesto que este órgano es el regulador de la
circulación de la sangre, por tanto, “maestro
soberano, emperador y fuente de la vida”
(Shu Wen). Según un proverbio de la medicina popular china
“el corazón es el gobernante del verano; es la raíz de la vida y genera
todos los cambios del espíritu. Por la tez de una persona se puede conocer
la condición de su corazón
“.
Fisiológicamente, para los antiguos médicos orientales el corazón gobierna
la sangre y los vasos sanguíneos, lo que alimenta a todo el organismo. Su
buen o mal estado se exteriorizará en la cara. Tanto es así que “el
color normalmente fresco y rosado se transforma en patológico, grisáceo
apagado o grisáceo violeta, cuando la energía del corazón se agota y la
circulación de los vasos sanguíneos está entorpecida”
(Ling Shu)
Sin embargo, el órgano emperador se manifiesta no sólo a través del rostro
sino que utiliza también la lengua como vía de salida. Según los textos
clásicos “el orificio del corazón se encuentra en la lengua” (Shu Wen),
llamada por tal motivo “espejo del corazón”. A través de ella podemos
distinguir los sabores y disfrutar de la capacidad del habla. Su estado es
determinante hasta tal punto en MTC que su observación se utiliza en la
práctica clínica como elemento significativo de diagnóstico.
A parte de su aspecto fisiológico el corazón, como todo ser vivo, tiene su
lado emocional, que se identifica con la alegría y se manifiesta a través
de la risa. Un estado de bienestar y alegría hace que la circulación
energética sea armoniosa, sin embargo, un exceso de cualquier emoción,
incluida la alegría, puede tornarse patológico ahogando la energía de
corazón y trastornando su funcionamiento, así como el del resto de
órganos/entrañas.
En el plano psíquico el corazón es la morada del Shen, término abstracto
que podría identificarse con la ”energía
mental”
o “alma
consciente”,
uno de los llamados “tres
tesoros”
en MTC. Al Shen le corresponde el control de todas las actividades
mentales y cerebrales así como la buena marcha de todo el organismo, hasta
tal punto que según Shu Wen “saber
conservar el Shen es la vida. Perder el Shen es la muerte”.
Verano es, pues, el periodo del reinado del corazón y el cénit de la
energía Yang: sol, calor, movimiento y expansión. Es por ello que durante
estos meses estivales deberíamos aprovechar para recargarnos de la energía
solar, la más cálida y activa, que nos permitirá afrontar sin problemas la
llegada del periodo de interiorización
Rosa M. Canas |
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LAS CAMPANAS DEL TEMPLO |
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El templo había estado sobre una isla, dos millas
mar adentro. Tenía un millar de campanas. Grandes y pequeñas campanas,
labradas por los mejores artesanos del mundo. Cuando soplaba el viento o
arreciaba la tormenta, todas las campanas del templo repicaban al unísono,
produciendo una sinfonía que arrebataba a cuantos la escuchaban.
Pero, al cabo de los siglos, la isla se había hundido en el mar y, con
ella, el templo y sus campanas. Una antigua tradición afirmaba que las
campanas seguían repicando sin cesar y que cualquiera que escuchara
atentamente podría oírlas. Movido por esta tradición, un joven recorrió
miles de millas, decidido a escuchar aquellas campanas. Estuvo sentado
durante días en la orilla, frente al lugar en el que en otro tiempo se
había alzado el templo, y escuchó, y escuchó con toda atención. Pero lo
único que oía era el ruido de las olas al romper contra la orilla. Hizo
todos los esfuerzos posibles por alejar de sí el ruido de las olas, al
objeto de poder oír las campanas. Pero todo fue en vano; el ruido del mar
parecía inundar el universo.
Persistió en su empeño durante semanas. Cuando le invadió el desaliento,
tuvo ocasión de escuchar a los sabios de la aldea, que hablaban con unción
de la leyenda de las campanas del templo y de quienes las habían oído y
certificaban lo fundado de la leyenda. Su corazón ardía en llamas al
escuchar aquellas palabras... para retornar al desaliento cuando, tras
nuevas semanas de esfuerzo, no obtuvo ningún resultado. Por fin decidió
desistir de su intento. Tal vez él no estaba destinado a ser uno de
aquellos seres afortunados a quienes les era dado oír las campanas. O tal
vez no fuera cierta la leyenda. Regresaría a su casa y reconocería su
fracaso.
Era su último día en el lugar y decidió acudir una última vez a su
observatorio, para decir adiós al mar, al cielo, a los árboles y al
viento. Se tendió en la arena, contemplando el cielo y escuchando el
sonido del mar. Aquel día no opuso resistencia a dicho sonido, sino que,
por el contrario, se entregó a él y descubrió que el bramido de las olas
era un sonido realmente dulce y agradable. Pronto quedó tan absorto en
aquel sonido que apenas era consciente de sí mismo. Tan profundo era el
silencio que producía en su corazón…
¡Y en medio de aquel silencio lo oyó! El tañido de una campanilla, seguido
por el de otra, y otra, y otra... Y en seguida todas y cada una de las mil
campanas del templo repicaban en una gloriosa armonía, y su corazón se vio
transportado de asombro y de alegría.
Si deseas escuchar las campanas del templo, escucha
el sonido del mar. Si deseas ver a Dios, mira atentamente la creación. No
la rechaces: no reflexiones sobre ella. Simplemente, mírala. |
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