De nuevo este año, un
grupo de amigos nos hemos vuelto a encontrar para viajar. Una ocasión de
conocer lugares cercanos o lejanos, conocidos o no, pero siempre vistos
desde una nueva perspectiva y en una compañía excepcional. Compartiendo
curiosidad, respeto y muchas ganas de pasarlo bien hemos recorrido las
tierras templarias de Levante. Empezando en Peñíscola, morada del Papa
Luna e inmejorable lugar donde iniciar la serie de cuestiones enigmáticas
que se nos plantearían en este viaje. ¿Por qué escogió vivir aislado y
abandonado por todos el que fue en su momento el hombre más poderoso de
la Cristiandad?. Viviendo en un palacio-castillo en el que toda
conversación podía ser oída desde su alcoba. Escribiendo un sin fin de
volúmenes que quizás nadie leería. Quizás la explicación está en la
belleza del paisaje desde sus almenas o quizás el estar en línea recta
con Roma y con Jerusalén. ¿Qué misterios tiene el castillo incluso hoy?
Pero se ocultan bajo la niebla que surge de súbito y nos oculta toda
visión mientras partimos hacia Morella.
Si la visión del castillo
de Peñíscola es impresionante, más lo es el de Morella. Mientras la
carretera gira alrededor de la villa podemos distinguir sus murallas y
almenas desde cada ángulo. Iluminado de noche, semicubierto de nubes,
confundido con la roca, como naciendo de ella. Tanto la villa de
retorcidas callejuelas como el castillo que la corona son aún hoy un
pedazo de tiempo casi intocado. Marcada por batallas e invasiones, deseada
por reyes y abates, su planta es la misma de su fundación, con su
judería, sus iglesias, sus leyendas y sus preguntas sin respuesta ¿Por
qué dos puertas igualmente hermosas y trabajadas para su catedral? ¿Por
qué sus iglesias penetran en la montaña que sostiene el castillo? ¿Por
qué el castillo respeto las rocas en las que se sustenta incluso fuera de
la lógica arquitectónica? Incluso hoy entre las tiendas de la calle
Mayor se respira el aire misterioso de un lugar que fue puerta de las
tierras del interior, donde los caballeros del Temple dieron nombre a toda
una región.

Los participantes al programa frente a la Basílica de
Santa María la Mayor en Morella
Y camino de Alcañíz,
encontramos la Balma. El santuario de la virgen que escoge quien puede
entrar a verla y quien no. Un recoleto lugar empotrado bajo la piedra de
unas montañas que recuerdan a un Montserrat chiquito. Donde no es preciso
esforzarse en sentir la energía telúrica porque todo es piedra natural a
la vista: estamos en la cueva donde se encontró la imagen con un pequeño
espacio para el culto y unos pocos bancos para reposar. Un lugar en el que
posiblemente antes que a la Virgen se rindió culto a otras diosas porque
es la encarnación misma de las energías de la tierra. Un lugar profundo
donde no hay lugar para la superficialidad ni los rituales vanos.
Y de nuevo en ruta hacia
Valderobres, Alcañiz y Calaceite. Nuevos palacios, iglesias, calles
empinadas donde el tiempo se ha detenido y siempre planeando sobre
nosotros, los templarios sus enigmas y misterios. Cada lugar da pie a una
nueva charla, una nueva interpretación, más datos se acumulan sobre
aquellos caballeros que marcaron un hito y nos permiten desde la distancia
reflexionar sobre su búsqueda de unas respuestas que aún están vigentes
hoy día.
El descubrimiento de unos
lugares maravillosos, unas extraordinarias charlas de Ángel García sobre
el misterio de los Templarios y el calor de la amistad de un grupo de
personas, convirtieron nuestro viaje por las tierras de los Templarios en
una experiencia que guardaré junto a mis mas preciados recuerdos.
Agusti Rios